Ciudadanos a salvar el Estado

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Ciudadanos a salvar el Estado





Los dirigentes del naciente Movimiento por la Reforma Institucional, anunciaron que recogerán cincuenta mil firmas de ciudadanos para respaldar su demanda de un referendo, a fin de que el pueblo se pronuncie si está de acuerdo o no con las reformas constitucionales que están aprobando los diputados liberales y sandinistas.

Según los representantes de ese movimiento cívico en el que participan -a título personal- miembros de distintas corrientes políticas, lo mismo que gente sin partido y de diversas tendencias ideológicas, al aprobar la reforma constitucional sin previa consulta popular los diputados libero-sandinistas están violando la Ley de Participación Ciudadana, que en su artículo 9 manda a consultar de manera efectiva a los ciudadanos, en los procesos de formación de la ley.

Por otro lado, expertos constitucionalistas han advertido que la reforma constitucional que ya fue aprobada en primera legislatura, no es una reforma parcial. Por el contrario, se trata de una reforma total porque con ella se estaría cambiando el sistema de gobierno de Nicaragua, que pasaría de presidencialista a parlamentario o semi-parlamentario.

Según los constitucionalistas, para aprobar un cambio de forma de Estado y, lo que es lo mismo, de sistema político o de gobierno, es necesario convocar a una Asamblea Constituyente tal como lo prevé la Constitución en su artículo 193. O al menos se debería convocar a un referendo, que está previsto en el artículo 2 de la misma Constitución precisamente para circunstancias como ésta, a fin de que la ciudadanía exprese democráticamente su conformidad o disconformidad con la reforma.

En realidad, aunque la Constitución Política de la República no especifica cuál es la diferencia que hay o debe haber entre una reforma constitucional parcial y la reforma total, la lógica de la razón humana, el sentido de responsabilidad política y la doctrina constitucional universalmente reconocida —con la cual se llenan los vacíos del derecho positivo—, establecen que reforma parcial es la que modifica sólo una parte del todo, sin afectar su esencia e integridad; mientras que la reforma total es aquélla que lo comprende todo en su especie, la que cambia radicalmente la naturaleza del bien jurídico que se está reformando, en este caso la Constitución Política de la República.

De manera que hacen bien los ciudadanos agrupados en el Movimiento por la Reforma Institucional en manifestar la iniciativa de recoger cincuenta mil firmas para respaldar su petición de referendo. Y deberían ser apoyados por todos los partidos democráticos, por las organizaciones de la sociedad civil, por los gremios, y en fin por todos los ciudadanos honestos y democráticos del país, que sin lugar a ninguna clase de dudas son la mayoría.

No es poca cosa lo que están haciendo los diputados del PLC y el FSLN contra la democracia, contra Nicaragua, contra el presente y el futuro de la nación. Ellos están desmantelando el Estado. En efecto, si se considera que el Estado es formado por un conjunto de personas idóneas que son reclutadas para servir a la sociedad en base de sus méritos ciudadanos y su competencia profesional; que se mantienen en sus cargos por la eficacia de su gestión, por la honestidad de su comportamiento y por la autoridad que en consecuencia de todo lo anterior se ganan ante los ciudadanos y la nación, tenemos entonces que convenir que si se aprueban y ejecutan esas reformas constitucionales maquinadas perversamente por los dos caudillos reaccionarios y corruptos —las cuales crearían una caótica forma de “gobernar”—, Nicaragua simple y sencillamente perdería sus atributos esenciales de Estado.

Por eso no deben ser sólo cincuenta mil firmas de ciudadanos, sino quinientas mil, las que debería recoger el Movimiento por la Reforma Institucional. Los pactistas libero-sandinistas están aplastando la institucionalidad democrática del país, están apuntando contra las libertades fundamentales de los nicaragüenses, quieren imponer una dictadura bicéfala burocrática y corrupta; y sólo podrían ser frenados por los ciudadanos, conducidos por un gran movimiento cívico independiente y genuinamente democrático, con una irresistible fuerza moral.

“Somos la mayoría y juntos también somos invencibles”, dijeron los ciudadanos ucranianos la semana pasada, y por eso derrotaron a los Ortega-Alemán de Ucrania. ¿Por qué no podrían hacer lo mismo los ciudadanos de Nicaragua?

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