Mina Nelson
En vista de lo diligente que se muestran los diputados para reformar la Constitución y las leyes de la República, me permito plantearles algunas sugerencias como contribución a su exhaustiva labor como representantes del pueblo nicaragüense.
En primer lugar, pienso que deben cambiar totalmente las estructuras del Poder Electoral, el Poder Judicial y el mismo Poder Legislativo, sin la injerencia del Poder Ejecutivo, de manera que la función de estas instituciones se consagre por mandato expreso a servir los intereses partidaristas que por el momento han tenido que apadrinar sin la protección jurídica adecuada.
Los diputados tienen que redactar nuevas normas y requisitos para quienes aspiren a cargos electivos o de nombramiento directo, porque ahora resulta sumamente difícil encontrar individuos con las características de idoneidad establecidas hace muchos años.
Tenemos que adaptar el país a la corriente moderna de la corrupción, eliminar requisitos inservibles como el de la capacidad y la experiencia profesional para la escogencia de magistrados, contralores o fiscales; para estos cargos los atributos deben ser sometimiento a un caudillo y el revanchismo político.
Hay que congelar los salarios y dejar que los altos funcionarios del Estado complementen su ingreso con notas de crédito, sustracciones, donaciones ficticias, ventas de helicópteros y lavado de dinero para que se sientan justamente compensados por el invaluable servicio que prestan a la nación. Se debe preparar el campo para que el retorno de cualquiera de los caudillos al poder se les haga más placentero y jugoso, aprovechando que el presidente Bolaños le ha inyectado nuevos recursos a la economía de Nicaragua.
El cuarto de siglo de la revolución amerita otra piñata, y las finanzas del ex gobernante “prisionero” necesitan otra “guaca”. Un buen equipo de patrocinadores en la Asamblea Legislativa, el Poder Judicial, la Contraloría y hasta la jerarquía eclesiástica, les asegura la impunidad.