- Temía que sus planes se vieran afectados por información que manejaba María José Bravo
Elízabeth Romero
El Ayote, Zelaya Central.— El autor del disparo que quitó la vida a la periodista María José Bravo, aspiraba a ser candidato a diputado en la Asamblea Nacional por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), durante los próximos comicios presidenciales. Esto era un secreto a voces en ese poblado, pues Eugenio Hernández nunca escondió sus aspiraciones.
Esta aspiración y alguna información que manejaba la periodista le quitaban el sueño a Hernández, quien para algunos desde hace meses había urdido un plan para asesinarla.
Testigos que por temor pidieron omitir sus identidades, aseguran haber escuchado a Hernández hace unos cuatro meses, cuando en una cantina y al calor de los tragos manifestó esta situación que le atormentaba.
“Me siento presionado porque hay una periodista que no me va a dejar correr para diputado. No sé qué hacer”, habría dicho Hernández a una persona en la cantina.
En esa ocasión, según los testigos, Hernández besó su pistola Brown que cargaba y advirtió a una persona: “Mirá, la única que puede dar solución a mis problemas es ésta (mientras besaba el arma)”, indicó el testigo.
Según el informante, en esa ocasión escuchó a Hernández incluso mencionar el nombre de María José como la periodista que había realizado publicaciones que lo involucraban en casos de abigeato.
VÍNCULO CON “EL GUATUSO”
Esto da pie a los lugareños a pensar que el crimen había sido planificado. Aunque los móviles exactos no se conocen, los vecinos de ese municipio consideran que el asesinato de la periodista chontaleña fue causado por algunas publicaciones que ésta efectuó en relación a la banda de plagiarios “El Guatuso”.
Esa banda operaba entre Río San Juan y Chontales, pero que aparentemente utilizaba El Ayote como refresco, y que vecinos del lugar vinculan a Hernández como su colaborador. Esta peligrosa banda delictiva fue desarticulada por el Ejército y la Policía semanas antes del crimen de la periodista.
“Él es uno de los aliados de “El Guatuso” y prueba de la relación que existe según los lugareños, es que miembros de otra banda delictiva en la que participaba un hermano de José Miguel Valdez Marenco, chofer escolta de Eugenio Hernández, Asunción Marenco, apoyaban a “Los Guatusos”.
José Miguel Valdez Marenco es el mismo que en el año 2000 fue enjuiciado por haber matado al candidato a vicealcalde por el Partido Conservador, Mariano Marín y aunque se señaló a Hernández de estar detrás de este crimen, no fue comprobado. Valdez Marenco fue absuelto posteriormente.
Asunción Marenco —hermano del conductor de Hernández— fue uno de los 11 detenidos a inicios del presente año por integrar la banda “Chamberlaine”, la que se dedicaba al robo con intimidación en los municipios de Chontales. Actualmente guarda prisión en el Sistema Penitenciario.
Hay productores de la zona que aseguraron que vieron en más de una ocasión movilizarse en camionetas a miembros de la banda de “El Guatuso”, que aparentemente utilizaba la zona de El Ayote como refresco.
EL DÍA DEL ASESINATO
El pasado 9 de noviembre, Hernández, ex alcalde de El Ayote, asesinó a sangre fría a Bravo, en la entrada principal del Centro de Cómputos, que funcionaba en el Instituto Nacional Josefa Toledo de Aguerri, en Juigalpa, Chontales, cuando partidarios de la Alianza por la República (Apre) de Cuapa y Santo Tomás protestaban por los resultados.
Ese día Hernández pasó a eso de las 11:00 a.m. por una cantina ubicada en la entrada de El Ayote, compró dos medias de licor, según dijo venía procedente de su finca y se dirigía a Juigalpa. En su bolso rojo no llevaba su vieja pistola Brown, que todos le conocían, sino un revólver calibre 38, marca Astra.
El 9 de noviembre por la tarde, según Auxiliadora Espinoza, testigo del asesinato, antes de escucharse el disparo observó a Eugenio Hernández movilizarse de un lado a otro en las inmediaciones del escenario del crimen.
“Cuando el bolso lo dejó caer ya iba para el suelo la María José” señala Espinoza, quien aún recuerda cómo sus pies quedaron “pringados de sangre” debido a que estaba cerca de la periodista asesinada.
Pero lo que más llama la atención a la testigo fue que un policía —cuya identidad no precisó— se acercó al sitio del crimen y pasándose la mano por la boca entre seña y seña le advirtió: “Vos te callás que vos no viste nada”. La mujer recuerda que en ese momento ella repetía que había visto al hombre tirar el bolso.
HERNÁNDEZ TIENE CEMENTERIO
Habían pasado los cruentos años de guerra entre nicaragüenses, y muchos grupos delincuenciales quedaron haciendo de las suyas, según recuerdan los ex contras del lugar, uno de éstos fue Hernández y su grupo, quien como aclara Felícito Soza Fernández, conocido como “Otoniel”, el ex alcalde de El Ayote nunca perteneció a sus filas sino que se aprovechó de que un amigo le regaló un fusil para presentarse como desmovilizado de la Resistencia Nicaragüense.
“Él aparece como desmovilizado en los archivos de la CIAV-OEA, porque a él le dio un fusil un amigo para que se desmovilizara y él vino como todo un combatiente, pero que haya sido combatiente, no”, señaló Soza.
La matanza de nueve personas, que integraban una familia —una todavía en el vientre de su madre— ocurrida en 1991 destaca entre los antecedentes que extraoficialmente se le atribuyen al ex alcalde del municipio de El Ayote, Eugenio Hernández.
El temor que impone la familia de Hernández en ese municipio impide que hablen abiertamente del tema sin omitir sus nombres. Pero familiares de las víctimas masacradas confirmaron a LA PRENSA, que en fecha no precisada de ese año, la familia de Josefa Solano Duarte, quien se encontraba en estado de embarazo, fue masacrada por un grupo encabezado por Hernández y el llamado “Chilamate”.
Esto ocurrió en el sector de Siuna, rememoró una de las parientes de las familias masacradas, quien por temor pidió omitir su nombre, y dijo desconocer los motivos por los cuales estos hechos no aparecen como antecedentes de Hernández en los archivos policiales.
Personas del lugar como Óscar Alvarado, quien fue candidato a alcalde en ese municipio en los recién pasados comicios, consideró que éste es el momento en que las autoridades judiciales de Chontales hagan justicia no sólo por el caso de Bravo sino por las muertes cometidas por Hernández durante la década pasada.
Según un pariente de la familia masacrada, Hernández y su grupo asesinó a la familia, todas mujeres y niños, en venganza porque atribuía a uno de los hombres de la casa “el robo de un macho”.
“Los hombres que iban con Hernández rodearon la casa, era en montaña, buscaban a los hermanos de las mujeres, al no hallarlos se pagaron con las mujeres… Era un pleito entre bandas”, relató la denunciante.
“Para esa muerte llegaron a las 2:00 de la mañana, fue en el sector de Siuna, a una de ellas después que la violó le pegó un rafagazo y le sacó el feto de ocho meses”, comentó la fuente.
UNA SOBREVIVIENTE
De ese hecho criminal una persona logró salvarse con una de sus piernas heridas, que confirma que en ese grupo se encontraba Hernández. Quien les comentó en aquel momento que Hernández le habría dicho a Solano, quien antes había sido su novia: “No me servís mucho vos, pero voy a usarte”.
Pero además de esa madrugada sangrienta, el mismo Hernández se encargó de divulgar lo ocurrido, quien “llegó haciendo los chiles al sector de El Tortuguero, donde vivíamos”.
Como prueba de esa ruin acción, Hernández habría llevado como “trofeo” dos prensadores de cabello en forma de lazos —uno blanco y otro rosado— que pertenecieron a una de sus víctimas, recuerdan los familiares de la familia asesinada. También se llevó como botín 14 vestidos de mujer, y siete piezas de vestir de varón, una grabadora y un rifle 22.
Pero además, un ex miembro de la Resistencia Nicaragüense, Hermenegildo Rugama, dijo que está comprobada la participación de Hernández en el crimen de Ramón Cabrera, en Wapí, ocurrido en el año 1993. Las causas aún son desconocidas.
También se le responsabiliza de la muerte de Albino García, ocurrida en fechas no precisadas, dijo Rugama.
Es de todos los miembros de la ex Resistencia conocido que el padre de Hernández, Gertrudis Hernández, fue correo de la Contra, pero de sus hijos, de uno se sabe que pasó la guerra con una Biblia bajo el brazo, el actual alcalde José Luis Hernández, y Eugenio integrando una banda delictiva junto a Cruz Ortega Solano, alias “Pájaro Negro”, que operaba en las comunidades de Silva, Mata de Caña, Poza Redonda, La Toalla, San Rafael, y El Bambú, entre El Tortuguero y Siuna, donde efectuó todo tipo de hechos delictivos: robos, violaciones y asesinatos, recordó Rugama.
URDIÓ PLAN DE VIOLACIÓN
Juan Pablo Lazo Halleslevens, candidato a alcalde de El Ayote en las elecciones municipales del 2000 por el Partido Conservador, sostiene que sufrió en carne propia las consecuencias de oponerse a las ambiciones de Eugenio Hernández. Poco antes de que se desarrollaran los comicios de esa fecha, recuerda el perjudicado, Eugenio Hernández urdió un plan: que una lugareña lo acusara de intento de violación. La joven mujer, campesina y con alguna relación familiar con Hernández, que en ese entonces era el alcalde y su hermano José Luis Hernández, era el candidato por el PLC, fue presionada, según se conoció posteriormente, por el propio Hernández.
En esa ocasión, según una parienta de ésta, Hernández le ofreció 60 mil córdobas para que sostuviera que Lazo la había intentado forzar sexualmente en la quebrada de La Concha, ubicada muy cerca de El Ayote, pero el hecho fue frustrado por otras mujeres. Al final Hernández no pagó los 60 mil córdobas y ofreció a la mujer que sostuviera relación con él y le garantizaría su futuro.
Juan Pablo Lazo, un finquero de la zona, aseguró que pudo demostrar su inocencia gracias a que ese día, el 8 de marzo del 2000, y a la hora señalada en la acusación, se encontraba en Managua, en el matadero Nuevo Carnic, recibiendo un cheque por la venta de un ganado. De lo contrario hubiese guardado prisión por varios años, manifestó Lazo.
“El montaje no lo hicieron bien hecho, mi suerte que me toca y Dios que me ayuda, voy para Managua con un ganado, al Nuevo Carnic, se me regresa una vaca, yo me monto en una bestia y la persigo, me vieron ir para la montaña, pero no me miran entrar, eso me salva a mí. Yo me monto en el camión y salgo para Managua con el ganado”, dijo Lazo.
También le sirvió una factura del hospedaje donde hacía constar que ese día se encontraba en Managua. Posteriormente en una reunión de autoridades locales, las testigos del supuesto hecho reconocieron ante las autoridades que habían sido pagadas por Hernández. Les había ofrecido un terreno a cada una y dinero en efectivo para que atestiguaran en contra de Lazo, recordó el perjudicado.
En esa ocasión Lazo recibió casa por cárcel hasta que en noviembre del 2000 el Juzgado de Distrito Crimen de Juigalpa, a donde fue remitida la causa por el Juzgado Local de Santo Domingo de Chontales, resolvió absolverlo definitivamente por este delito.
“En el presente caso el cuerpo del delito de violación en grado de tentativa y amenazas de muerte no se encuentran demostrados, sean estos elementos de suficiente mérito para sobreseer definitivamente al procesado”, indica la resolución del Juzgado de Distrito del Crimen de Juigalpa.
“Yo gasté dinero en ese asunto”, señaló Lazo, quien indicó que por suerte su familia estaba segura de que todo era falso.
Pero para las elecciones “en la montaña, en las comarcas, quedó la duda sembrada de que era un violador”. Lazo insiste en mencionar las cartas de recomendación que en ese momento recibió como persona honesta y responsable, entre las que destacó una de la Iglesia Católica.
PLAN PARA ASESINAR A EX CONTRAS
Los lugareños refieren que Eugenio Hernández llevó por toda fortuna a El Ayote una motosierra “destartalada”, como recuerda William González, quien comentó que a él mismo le compraba los accesorios que necesitaba para repararla. Pero después que asumió la silla edilicia de El Ayote, se volvió repastador de ganado.
PIDEN AUDITORÍA
En El Ayote consideran que la Alcaldía ha sido utilizada como un negocio de los Hernández, por lo que la Contraloría General de la República debe practicar una auditoría en la comuna. Aseguran que la municipalidad obtiene importantes ingresos producto de los impuestos por la venta del ganado, pues son miles de cabezas de ganado las que salen al matadero de ese municipio.