Alberto L. Alemán Aguirre
Roman, Times, serif»>Golpes en la mesa
Un mal menor por el bien de Centroamérica
Alberto L. Alemán Aguirre
Lo que es una oportunidad para proyectar a la región como un bloque y garantizarnos la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos, podría también convertirse en otra evidencia de la falta de integración real.
Tras la renuncia del ex presidente costarricense Miguel Ángel Rodríguez, hoy preso y bajo investigación, los países de Centroamérica reclamaron pronta y justamente que, dado que nunca antes de Rodríguez un centroamericano había dirigido la OEA, era correcto que el puesto fuese reservado para una persona de nuestra misma zona.
Es prioritario que desde Belice a Panamá, los gobiernos apoyen claramente a un solo candidato, porque no solamente nosotros deseamos hacernos con la Secretaría General; y una coyuntura favorable en este momento, podría resultar efímera.
¿Por qué es bueno este momento? Algunos países como México, han manifestado su respaldo a un candidato único de Centroamérica; el argumento de que a la región le corresponde por justicia el puesto ha encontrado algunas posturas favorables; las 14 naciones de la Comunidad del Caribe, Caricom, pretenden una Secretaría General adjunta y ven —por ahora— con buenos ojos una alianza con los centroamericanos.
Y por si fuera poco, la causa regional acaba de ganar un aliado clave: Estados Unidos.
“La administración de George W. Bush apoya que Centroamérica mantenga la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA) y que sea ocupada por un ex Presidente, según manifestó el embajador estadounidense ante ese organismo, John Maisto, al periódico The Miami Herald”, leíamos ayer en el rotativo salvadoreño El Diario de Hoy.
Aunque Maisto no mencionó por su nombre al ex mandatario de El Salvador, Francisco Flores, al buen entendedor, con pocas señas. Para Washington es importante que el nuevo jefe de la OEA tenga la autoridad y experiencia de un Jefe de Estado y que sea centroamericano.
Y el único en cumplir con los requisitos es Flores, quien fue el presidente latinoamericano más entusiasta en el apoyo a la invasión a Irak. El Ejército salvadoreño es el único que mantiene tropas en el país árabe.
Flores tuvo una buena relación con Nicaragua. Sin embargo, Flores es indiscutiblemente una figura muy polémica dentro y fuera de su país.
Para Honduras es tan inaceptable y un trago muy amargo, como fue para nosotros el arrogante Rodríguez, quien inició el conflicto por la navegación de guardias armados ticos en el río San Juan. El gobierno de Flores pidió a la Corte de La Haya la revisión del fallo de 1992, desfavorable a su país, y según los hondureños, dificultó la demarcación en la frontera. A su candidatura se oponen todos en el país vecino del Norte.
En casa, Flores suscita una profunda animadversión. El FMLN le imputa un espíritu confrontativo y su falta de disposición al diálogo. Los farabundistas reclaman que dé cuentas de una partida secreta que habría llegado a los US$ 136 millones. ¿Se abrirá una caja de Pandora?
Activistas civiles y de derechos humanos, como la procuradora Beatrice Alamanni de Carrillo, le recriminan por su enfoque exclusivamente represivo en la lucha contra el crimen. Una comisión de la ONU determinó que el Plan Mano Dura, cuyo autor fue Flores, violaba normas internacionales de derechos humanos.
Venezuela jamás lo aceptará. Flores apoyó el golpe contra Hugo Chávez.
Uno puede preguntarse si Flores es ideal. Pero ¿y Rodríguez lo era? Conflictivo, arrogante e incapaz de construir consensos en su propio país.
Dado el apoyo de Estados Unidos y la coyuntura favorable, Flores es un mal menor y es quizás la figura de Centroamérica con mejores oportunidades para obtener el cargo.
Así como Nicaragua tuvo que digerir a Rodríguez, Honduras podría hacerlo con Flores en aras de la integración de Centroamérica.