Fernando A. Malespín Ferreti
Leí las epístolas entre la señora Rosario Murillo y el arquitecto y caricaturista Manuel Guillén, publicadas en LA PRENSA del jueves 18 de noviembre. Como lector asiduo de LA PRENSA debo confesar que admiro la objetividad, pulcritud, imaginación y profesionalismo con que el arquitecto Manuel Guillén enfoca radiográficamente situaciones del país, ridiculizando algunas veces a los actores políticos para que el mensaje llegue con algo de picardía, que es la misión del caricaturista.
La formación cristiana del arquitecto Guillén le impide pregonar el odio y promover agresiones entre hermanos, así lo demuestra con la despedida de su carta a la señora Murillo.
Doña Rosario está en el derecho de defender a su compañero Daniel, pero también debería aconsejarlo a fin de que en este tiempo de Adviento suavice el tono de sus discursos ofensivos. Suficiente odio ha proclamado el FSLN por todo el territorio nacional durante 25 años.