Comer fuera de la hora indicada trae serias consecuencias para la salud
El actual ritmo de vida, bastante agitado y sometido a mucho estrés, muchas veces no permite ni siquiera sentarse a comer a la hora indicada. Con menor frecuencia, nos obliga a saltar tiempos de comida, pero ambos requerimientos de este ritmo de vida causan serias consecuencias.
Llevar una vida intensa, estresada por el trabajo y los problemas y, además, mal alimentarse, puede ser grave para la salud, advierte la nutricionista Veras Solís, de la Universidad Centroamericana (UCA).
Compara diciendo que “los alimentos son como el combustible para un vehículo. Se debe proporcionar el combustible cuando el carro lo necesita y el tipo de gasolina necesario”. “De igual manera, cada uno de los alimentos proporciona nutrientes, vitaminas y minerales específicas para cumplir las funciones que el cuerpo demanda”, añade.
Pero no se trata sólo de proporcionar los alimentos necesarios sino hacerlo en el momento idóneo. Al comer fuera de los horarios habituales, el cuerpo no permite un ritmo metabólico adecuado, no hay un funcionamiento correcto y óptimo del metabolismo.
Además, implica que se acumularán toxinas, podría causar enfermedades y contribuye a que el metabolismo se descontrole, explica el nutricionista Rafael Planche.
Para lograr un funcionamiento óptimo y que el metabolismo sea un poco más acelerado, es importante crear un hábito de horarios estables, agrega.
Comer fuera de los horarios implica brindarle nutrientes al cuerpo cuando éste no lo pide y eso provoca un funcionamiento incorrecto del organismo. Parte de esos alimentos no se digieren bien, muchos de ellos se pueden fermentar y otro tanto podrían acumularse porque las células no tienen la capacidad necesaria para metabolizarlos. De manera que, además de acumular toxinas, hay mayor acumulación de calorías, dice.
Una consecuencia de no comer a la hora adecuada es la presencia de enfermedades como gastritis o estreñimiento, así como ulcera “porque el estómago siente hambre y secreta ácido clorhídrico, el cual daña las paredes del estómago. Este ácido necesita encontrarse con alimentos para que no toque las paredes del estómago”, explica Solís.
COMIDA RÁPIDA: UNA MALA OPCIÓN
La especialista añade que para funcionar, el cerebro necesita un aporte diario y suficiente de calorías y al no estar disponible, provoca déficit de atención, mucho sueño. A largo plazo, sobre todo en los niños, puede ocasionar un daño cerebral o retardo mental.
“Por eso es importante que los alimentos incluyan carbohidratos, sobre todo por las mañanas, para proveer al cerebro de esa fuente de alimentos”, enfatiza.
En medio del ajetreo de la vida diaria no solamente se come fuera de la hora adecuada, sino que se opta por las comidas rápidas, que no son la mejor elección.
Al no ingerir los nutrientes adecuados y optar por comidas rápidas lo que se le está dando al cuerpo es grasa y carbohidratos simples. “Éstos se depositan en el organismo, van bloqueando las arterías y pueden llegar a producir obesidad, enfermedades cardiovasculares, como hipertensión, infartos, colesterol alto, entre otras”, señala.
También puede provocar desnutrición y sus propias consecuencias como anemia por deficiencia de hierro, pérdida del ánimo, de fuerza e incluso, la muerte.