“El caramelo”, ejemplar de la raza Simbra, es lazado para luego ser vacunado, en la finca El Rosario.

La aventura de la ganadería orgánica

Nicaragua, según dicen los involucrados, es el único país en Centroamérica y quizás más allá de la región, que experimenta la transición de la ganadería convencional a la orgánica, un proceso en que la presencia de agroquímicos es totalmente nula, pero además garantiza mejores precios y al final menores costos Gustavo Ortega Campos ¿Ganadería orgánica?, […]

  • Nicaragua, según dicen los involucrados, es el único país en Centroamérica y quizás más allá de la región, que experimenta la transición de la ganadería convencional a la orgánica, un proceso en que la presencia de agroquímicos es totalmente nula, pero además garantiza mejores precios y al final menores costos

Gustavo Ortega Campos

¿Ganadería orgánica?, ¿carne orgánica?, ¿eso se come?, son expresiones constantes entre la población que en los últimos meses se han escuchado con más frecuencia, debido a que un sector de los ganaderos está metido de cabeza en estos menesteres.

La ganadería orgánica es el proceso productivo donde no se usa agroquímicos en ninguno de los ciclos, eso involucra la alimentación, cuido y tratamiento del hato. Su principal razón es producir carne libre de elementos sintéticos.

En Nicaragua este proceso inició hace dos años, un poco tarde si se compara con los inicios de la ganadería en el país, actividad que data de la época de la colonia, sin embargo lleva mucha ventaja respecto a muchos países que aún no se han empapado del asunto.

A simple vista esta novedosa actividad suena como una cosa producto de la moda, pues el tema de los alimentos orgánicos ha venido ganando adeptos en el país, pero sus efectos van más allá, pues involucra a todo el medio ambiente.

Ricardo Hoigjelle es un ganadero con seis años de experiencia, metido en el asunto por casualidad, pues su profesión es la ingeniería en computación, pero como él cuenta, es una pasión que traía encima de toda la vida y a la que ahora le dedica tiempo completo, principalmente en el proceso orgánico.

Ahora se jacta, y tiene mucha razón cuando se conoce su hato, de contar con la primera generación de ganado orgánico, surgido de padres que pasaron la etapa de transición de ganadería convencional.

Son 480 cabezas, instaladas en la finca La Calera, a unos 16 kilómetros de Jinotepe, Carazo, en una zona bastante agreste y con cuantiosos problemas de acceso por lo accidentado del terreno.

Nica con ascendencia noruega, Hoigjelle emprendió la aventura hace dos y medio años por avatares de la compañía familiar, un laboratorio farmacéutico que experimentó con medicina veterinaria y ahora es pionero en la medicina orgánica, un logro surgido por el empeño con la ganadería orgánica.

La finca incluye 600 manzanas de pasto mejorado que es el principal alimento del ganado.

Explica que permanecen en la faena de garantizar la pureza del proceso orgánico todos los días del año, algo que después confirmó el mandador de la finca, Donald Silva, ahora todo un experto en el tema.

“No hay domingos ni sábados, nada, vamos de viaje nosotros”, comentó mientras observaba el desempeño de los dos “campistos” que tiene bajo su cargo.

Al hablar con Donald se nota la timidez propia de los hombres del campo, pero logra conjugarla con sus conocimientos en el tema, pues bien sabe que es parte de los privilegiados en practicarla.

Su principal referencia contra los parásitos externos es el nim, un árbol que se está convirtiendo en multiusos en Nicaragua, además de infusiones y medicinas naturales que crecen a veces de manera silvestre.

Reitera en la corta plática que tuvo con LA PRENSA, pues no quería descuidar sus quehaceres, que con la ganadería orgánica “hay que estar más al cuidado porque tenemos que usar medicinas alternativas como infusiones de marango, mango y marañón para las afectaciones de las vías respiratorias y la diarrea y un sinnúmero de cosas que estamos haciendo para mantenerlos bien sanos”.

Dice que los pastos son tratados de igual manera, sin químicos, las malezas son combatidas “a punta de machete” y los insectos son combatidos con manejos naturales.

“Nosotros también usamos la (medicina) homeopática, la misma secreción del animal se usa, se diluye en alcohol y se le inyecta, es como una vacuna”.

Estos conocimientos fueron posibles tras una serie de capacitaciones realizadas por la Liga de Cooperativas de Estados Unidos (Clusa), una de las instancias que promueve la ganadería orgánica con el respaldo de la Universidad Nacional Agraria (UNA).

GARZAS REGRESAN

Al hablar nuevamente con Hoigjelle, fue tajante al explicar los beneficios de la conversión de la ganadería orgánica al entorno ambiental, “en el potrero que no es orgánico no vas a ver garzas comiéndole las garrapatas al ganado, porque para eso se desparasitan con medicamentos químicos, si lo hicieran se envenenan”.

Pero ahora, en su finca orgánica, las garzas están de regreso, quizás como sucedía en tiempo de los abuelos, “eso es algo que queríamos, no venían porque las estábamos matando, usamos productos químicos y cuando la vaca llega a orinar al río se mueren los pecesitos”.

Uno de los principales hallazgos que destaca Hoigjelle es que con el uso de medicina orgánica, pues ahora la bosta de la vaca ya no afecta a los insectos del suelo y al suelo mismo, incluyendo las hierbas.

“Hay que aprovechar nuestras costumbres, que tenemos a nuestros abuelos a quien podemos preguntarles muchas cosas cuando curaban a sus chavalos con hierbas y para mantener al ganado les hacían baños y cocimientos”.

Pero aunque suenen muy vernáculos estos comentarios, los requisitos de las certificadoras obligan a retomar todos estos elementos, en el caso de la finca de Hoigjelle, es la Organización Internacional Agropecuaria (OIA), una empresa argentina dedicada a esto, que se ha encargado de certificarlo y fiscalizarlo permanentemente.

Entre las normas de la OIA, está prohibido el uso de hormonas, anabolizantes y promotores sintéticos de crecimiento, de sustancias de origen sintético para estimular la producción y suprimir el crecimiento natural y de hormonas para inducir o sincronizar el celo.

Respecto a las vacunas, sólo están autorizadas las usadas contra enfermedades endémicas y vacunaciones obligatorias y bajo ninguna circunstancia las provenientes de la ingeniería genética.

Pero además la certificadora exige un control exhaustivo del rebaño, potrero, raza, color, pedigree, pureza, peso y medidas de cada animal, algo que Hoigjelle actualiza constantemente a través de un programa instalado en su computadora portátil, donde aprovecha para estar en contacto con su profesión.

“Pero te aseguro que otros llevan este mismo control en los cuadernos, inclusive con más detalles”, comenta.

EL SIMBRA

En esta finca al inicio se fueron dando cuenta que en la zona el rendimiento del ganado Brahman, una de las razas de carne más usadas, no era rentable, por lo que experimentaron con diversos tipos de raza y se quedaron con la Simental, de origen europeo.

De ahí surge el cruce de Simental con Brahman conocido como Simbra, raza que según Hoigjelle ya se está empezando a popularizar porque ganan más peso en menor tiempo.

Los mejores ejemplares del hato de La Calera son Simbra, sobre todo los sementales que cargan con nombres simpáticos, como El Caramelo, El Fachento, El Chivas Regal, El Browning, entre otros.

Pero además del nombre, por obligatoriedad, todo el ganado tiene su código como parte del requisito de tasabilidad que exigen las certificadoras y los compradores.

De manera jocosa Hoigjelle cuenta que los trabajadores de la finca compiten entre sí para recordar los nombres y además el código de todo el hato, algo que facilita el proceso.

”HAY QUE SER HONESTOS”

A juicio del ganadero, la ganadería orgánica no es fácil, pues el mercado exige ganado joven con buen peso y eso no sucede en Nicaragua, pues para complacer los requerimientos actuales el ejemplar debe tener unos cuatro años y muchos compradores los piden de dos años y menos.

Para eso se podrían alimentar con suplementos alimenticios certificados, los que son muy caros e incluso ni la melaza, pues debería también venir de caña de azúcar orgánica.

Sin embargo están logrando sortear estos problemas con la siembra de pasto de todo tiempo y granos como el sorgo y maíz bajo el sistema orgánico, los que son almacenados en silos.

Enfatiza en el hecho de que la actividad además requiere de sumo cuidado y honestidad, pues se pueden crear problemas cuando esté listo el envío de exportación y durante las inspecciones aduaneras “salga pegado” una parte del lote, “con eso se fue al trasto la carne orgánica de todo el país”, asegura.

“Una de las cosas principales en esto es que si te vas a meter en esto es que ya hay alternativas para hacer bien las cosas y lograr una transición menos traumática como la que pasamos nosotros”.

Recomienda a los ganaderos que si se meten en esto para buscar mejor precio y hacer cosas ilegales que según ellos no se van a notar, pues estarían cayendo en un grave error.

“En el caso de que un animal amerite el uso de bioquímicos que los reciba, pero debe ser separado definitivamente del hato orgánico”.

Con toda la ventaja de la experiencia y el orgullo de contar ya con una generación surgida de padres en transición, luego de dos y años y medio del proceso orgánico, Hoigjelle no quiso cerrar la conversación sin antes agradecer a todos los organismos y autoridades que han brindado apoyo a esta aventura.

EL “DETECTOR” DE CELO

En todas las fincas se observa la diversificación de la fauna y El Rosario, propiedad de la familia Hoigjelle, ubicada a unos 30 kilómetros de Jinotepe, no es la excepción.

A pesar de que el principal rubro es la ganadería, aquí se pueden observar gallinas guineas, gallinas criollas, cerdos, chompipes, además de ganado equino.

Sin embargo la nota peculiar la pone “El Rayo”, un macho de oveja pelibuey que corre detrás del ganado en el corral.

“Ahora se cree toro, se ha creído gallo, se ha creído chancho, se ha creído perro, en fin parece tener problemas de identidad”, dijo entre risas Ricardo Hoigjelle, uno de los propietarios del lugar.

Sin embargo todo hace indicar que entre las reses es donde más animado está “El Rayo”, a pesar de vivir recibiendo topetones y golpes, convive con el hato y es considerado el detector de celo, pues percibe la intención de apareamiento de las vacas y nunca deja de intentar tratar de satisfacerlas.

Algo que quedará siempre en intención debido a las realidades de la naturaleza, sin embargo este asunto sirve de indicador a los cuidadores del ganado para tomar las previsiones del caso con las reses en celo.

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