¿Combatir la pobreza?

Antonio F. Lourenç[email protected]

Una advertencia al lector: esto no es un artículo a favor de los ricos como algunos populistas pueden pensar por el hecho que yo hablo de promover la riqueza, de la cual no están excluidos los que ahora son pobres. Pretender que haya más riqueza implica menos pobreza y menos pobres, con lo que pienso que todos los individuos de bien nos alegraríamos.

“Combatir la pobreza”, parece un chiste de mal gusto, o un chiste inocente, pero ello nos recuerda que las obsoletas estrategias del combate han echado raíces a nivel mundial. “Ofrecen 1.8 millones para combatir pobreza en Honduras”, pude leer recientemente en El Nuevo Herald, a través de Internet (junio 12, 2004). Ya no me aguanté y decidí escribir algo sobre los costosos y quijotescos combates llevados a cabo cada día en este maltratado orbe, y anunciados con bombos y platillos, que en vez de proporcionar un alivio a nuestras penas se han vuelto más bien un flagelo. ¡Diferente sería si la noticia fuera: “¡para fomentar riqueza!” De tal modo que Honduras seguirá igual de pobre o peor si la meta es “combatir pobreza” en vez de fomentar riqueza y, si eso llegara a pasar debido a una estrategia equivocada, sería algo muy triste.

Por otro lado, el excelente artículo de Eduardo Enríquez en LA PRENSA del día sábado 12 de junio de este año (Un informe de Perogrullo) aumentó mi sentido de urgencia para salir al rescate de nuestra sufrida sociedad humana, y de Nicaragua en particular. Pienso que es tiempo que la improvisación dé lugar a una planificación racional en los quehaceres gubernamentales, políticos, sociales, laborales, económicos, financieros, etc. Es tiempo que se le dé la debida importancia a la palabra apropiada, para dar paso al éxito. Toda palabra lleva apareados uno o más pensamientos y sentimientos, que son los que determinan la acción y sus resultados.

Por la forma en que nos comportamos, pareciera que somos un pueblo de guerreros, que pasamos la vida combatiendo algo. Yo creo que Saussure, Barthes, Martinet y otros maestros de la lingüística, se asustarían tanto como yo si leyeran todo lo que se hace y publica para combatir algo. Pareciera que los gobernantes y sus preclaros asesores y consejeros tienen una ignorancia absoluta de la semántica, o de su importancia y consecuencias de no tomarla en cuenta, o tienen el debido conocimiento pero actúan en forma irresponsable y no ética.

En el pasado escribí un par de artículos sobre “la lucha contra las drogas”, en que tocaba los aspectos semánticos en la “lucha contra las drogas” y otras luchas. Como lo hice entonces, sigo insistiendo en que no se puede luchar contra algo sin exaltarlo, sin que nuestras sinapsis cerebrales (el substrato físico-químico de nuestra “mente inconsciente”, pero muy activa) se den cuenta y no lo transfieran a la memoria, con lo que se incrementa lo que queremos disminuir o erradicar. Un viejo adagio portugués reza que “cuanto más se habla del Diablo más el Diablo aparece”, y un viejo chiste publicitario sugiere que los huevos que más se venden y consumen son los de gallina, porque esta simpática ave los anuncia con un típico y prolijo cacareo cada vez que pone uno.

¿Entonces, por qué no hablar preferentemente de Dios, si es a Dios a quien buscamos, y de lo que queremos que se realice en vez de hablar de aquello que nos estorba?

¿Por qué no hacer inversiones para promover e incrementar la riqueza en vez de insistir en combatir y disminuir o erradicar la pobreza?

¿Por qué no alabar las virtudes y beneficios de la sobriedad en vez de publicitar la lucha contra el alcohol, el tabaco y otras drogas? Cualquiera se puede imaginar que ninguna de estas substancias químicas sabe lo que hace, pero los humanos sí saben lo que hacen, por eso a ellos debemos dirigirnos y no a conceptos u objetos inanimados.

¿Por qué no promover la probidad y honestidad en vez de luchar contra la corrupción y la deshonestidad? – que además son conceptos abstractos y sin personería jurídica. Además que no existen corruptos sino que individuos que pueden infringir la ética y hacer actos de corrupción.

¿Por qué no promover lo positivo y bueno, en vez de insistir en lo negativo y malo? que semánticamente equivale a exaltar las conductas y conceptos de los cuales queremos deshacernos en vez de hacer énfasis en aquellas conductas y conceptos que queremos promover.

Formulo todas estas preguntas para que los lectores, empezando por nuestros gobernantes, líderes y dirigentes, se den cuenta de cuántos recursos estamos malgastando por no respectar las leyes de la semántica y, lo que es más grave aún, cuántas víctimas, en su mayoría inocentes, van dejando a su paso estas luchas irracionales.

Para sacar provecho a las reglas semánticas, debemos insistir en lo que queremos lograr en vez de darle prioridad y énfasis a lo que no queremos en nuestras vidas. Voy a dar un ejemplo bien sencillo: si yo pienso ¡hoy no voy a tomar tragos! y en vez de eso decido ¡hoy voy a mantenerme sobrio! las posibilidades de éxito son muy superiores. Habitualmente el no es ignorado por la mente, la cual deja actuando, sin que nos percatemos de ello, la decisión opuesta, o sea: ¡hoy voy a tomar! Y por eso seguiremos libando alcohol hasta la embriaguez aunque hayamos jurado que no íbamos a beber ni una gota. Esto corrobora el señalamiento de que una estrategia equivocada lleva a la pérdida irremediable de la batalla. ¡Tan sencillo como eso!

A la vez quiero aprovechar esta oportunidad de estar escribiendo sobre este tema para prevenir sobre el uso impropio de la semántica. Por ser ésta un instrumento formidable y de gran poder, pueden algunos guerreros usarla como arma de destrucción, explotación, sumisión y publicidad indebidas. ¡Ya hemos constatado a saciedad cómo algunos pájaros de alto vuelo no usan la semántica para el bien común pero sí la usan para hacer prosperar y prevalecer sus intereses personales y partidarios! La semántica debe ser usada con ética y un ineludible sentido de responsabilidad ciudadana, para construir una sociedad feliz y viable, y generar, en forma sostenible, riqueza, prosperidad, bienestar y hábitos sanos. En otros términos: no hay verdadera productividad si mantenemos la ética apartada de nuestras acciones. Valga la advertencia: ¡Victorias no éticas son victorias pírricas!

¡Que Dios bendiga Nicaragua!

El autor es catedrático de Psicología de la Universidad Ave Maria College, San Marcos, Carazo, Nicaragua. / Neuro-psiquiatra de niños y adultos, diplomado de los Boards de Francia y EE.UU.

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