Peter R. Bernal
Alguien dijo, hace mucho tiempo, refiriéndose a la política, que en Estados Unidos había que tener en cuenta las tres G: “God, Guns and Gays, es decir, con Dios, las armas y los homosexuales. El presidente George W. Bush y el Partido Republicano apelaron a los sentimientos religiosos, al deseo de una mayoría de poseer armas de fuego y a la oposición a los matrimonios entre homosexuales para obtener su victoria del 2 de noviembre. Por su parte, el senador John Kerry y el Partido Demócrata no lograron convencer al electorado de su fidelidad a los principios religiosos, de su deseo de rectificar en algo su posición favorable al control de las armas de fuego y de que, al menos Kerry y muchos de sus correligionarios, no favorecían los matrimonios entre homosexuales. En otras palabras, ni recordando su viejo servicio como monaguillo y asistiendo a iglesias, sobre todo de afroamericanos ni saliendo de cacería ni ratificando que prefería “uniones civiles” a esos matrimonios, Kerry logró impedir que los evangélicos conservadores salieran a votar en cantidades inusitadas mientras que los católicos romanos prefirieron al metodista Bush. ¿Qué tal?
Como lo señala una investigación realizada por la agencia Gallup, tanto Bush como Kerry mantuvieron el apoyo de los votantes inscritos en sus partidos. El 95 por ciento de los republicanos y el 93 por ciento de los demócratas siguieron fieles a su candidato. Algo similar sucedió con Bush y Gore en el 2000, pero Bush añadió más de 3.5 de sufragios (porque perdió por más de medio millón anteriormente). Esto coincidió con las expectativas del estratega republicano Karl Rowe, quien motivó a esos millones de evangélicos conservadores (fundamentalistas) a votar por Bush para ganar, y así fue. Claro que eso no lo constituye todo. Lo indudable es que los niveles de esta votación fueron mayores a los de hace cuatro años. Según Gallup, el voto femenino fue 52 a 48 por ciento a favor de Kerry, mientras que el masculino fue de 56 a 44 por ciento a favor de Bush. Los casados votaron 60 a 40 por ciento a favor de Bush y los solteros 60 a 40 por ciento a favor de Kerry. ¿Qué les parece? El voto de los anglosajones fue de 57 a 43 por ciento a favor de Bush, el de los hispanos de 83 a 17 por ciento a favor de Kerry. El voto afroamericano fue de 93 a 7 por ciento a favor de Kerry, aunque otros le dan al Presidente el 11 por ciento del voto afro, mucho menos del 18 por ciento que los republicanos esperaban. Esos otros sondeos oscilan en darle a Bush entre el 33 por ciento y el 44 por ciento del voto hispano, quizá la cifra haya sido del 40 por ciento y se llegaría a ella sobre todo gracias al voto de la creciente comunidad evangélica hispana en EE.UU. ayudada por un número adicional de votos católicos romanos estimulados por declaraciones antiabortistas de los obispos de su Iglesia. El país sigue dividido por ideología. Los liberales votaron 88 a 12 por ciento por Kerry, los conservadores 80 a 20 por ciento por Bush, mientras que los moderados votaron 63 a 37 por ciento a favor de Bush.
Las grandes diferencias están en los temas que llamo G. Los más religiosos en asistencia al templo votaron 63 a 37 por ciento a favor de Bush, los que asisten casi nunca votaron 60 a 40 por ciento a favor de Kerry. El 62 por ciento de los protestantes y el 48 por ciento de los católicos votaron por Bush. Otras investigaciones conceden el 53 por ciento de los católicos a Bush y sólo 47 por ciento a Kerry. Los dueños de armas de fuego votaron 65 a 35 por ciento a favor de Bush, los que no tienen armas votaron 56 a 44 por ciento a favor de Kerry. Ahora bien, los veteranos del ejército votaron 60 a 40 por ciento a favor de Bush, según Gallup, con resultados similares más o menos, en otros sondeos.
Finalmente, estos datos publicados por la revista The Economist, del Centro Pew, nos ayudan en la definición y análisis de estas elecciones presidenciales; el 89 por ciento de los evangélicos tradicionalistas, el 72 por ciento de los protestantes considerados “mainline” (de teología menos conservadora) y el 71 por ciento de los católicos romanos se oponen al matrimonio entre homosexuales. No existe duda alguna de que en un país dividido, como lo sigue estando, los votantes interesados en las tres G decidieron esta elección. ¿Querrá esto decir que en el futuro los partidos políticos tendrán que postular candidatos que asistan dominicalmente a la Iglesia, Biblia en mano y que sean miembro de la “National Rifle Association” para ganar las próximas elecciones? ¿Qué hacer con la otra G? ¿Quién sabe? Pero las señales del 53 por ciento de los 80 mil millones de votantes cristianos que participaron en las urnas y que asisten a 380 mil iglesias y templos a lo largo y ancho de la nación fue un mensaje claro, bravo y breve… se podría leer en la pared, no necesitamos buscar al profeta Daniel para interpretarlo: valores morales. Fue ese el grito alto y contundente. El que quiera entenderlo, que lo entienda.
El autor es analista internacional