Eduardo Enríquez
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Al menos botaron la máscara
Eduardo Enríquez
Uno de los resultados más importantes de la reciente elección municipal no lo va a encontrar en ningún comunicado oficial del Consejo Supremo Electoral (CSE) ni en la proclamación de electos. El resultado al que me refiero es que ya nunca más podremos hablar de “elecciones limpias”, al menos mientras los representantes del pacto controlen ese Poder del Estado.
Eso puede parecer malo, pero en realidad es bueno porque al fin se ha caído la máscara que el CSE tenía. A pesar de que los magistrados son todos hijos del pacto, en las elecciones del 2000 y del 2001 habían logrado mantener un aura de ser limpios en el conteo de votos. Eran ineficientes, lentos, compraron una famosa maquinita Xerox que nunca usaron e hicieron desastres con el padrón electoral, pero a la hora de contar los votos nadie cuestionaba los resultados.
No tenían necesidad de manipular los votos, porque los partidos mayoritarios que los habían puesto ahí, siempre compartían el primero y segundo lugar.
Ahora la historia fue diferente. No porque los pactistas hayan perdido la hegemonía de los votantes, sino porque la soberbia que da la victoria los hizo ir más allá de lo prudente.
No contentos con derrotar a la tercera fuerza, los partidos del pacto quisieron humillarla y arrebatarle no sólo la victoria más preciada en Granada, sino que dejarlos con menos alcaldías que en el período 2000-2004, así que en vez de cinco, les dejaron cuatro.
Pero en ese arrogante empeño dejaron caer la máscara. La anulación de la mesa 8060 en Granada, donde la Alianza por la República (Apre) sacó el doble de votos que los dos partidos del pacto juntos, se hizo de una manera tan burda que sólo evidenció la arrogancia de los sandinistas y el odio que los liberales le tienen al Apre, pues estos últimos prefirieron entregar la alcaldía al sandinismo antes de permitir que fuera a la Alianza.
Los magistrados del pacto citaron el artículo 162 de la Ley Electoral, que de por sí es un absurdo, pues dice que la Junta sería anulada sólo con que los documentos estén alterados. ¡Como si no existiera el simple recurso de contar de nuevo los votos físicamente y así garantizar la voluntad ciudadana!
Pero además, ¿quién alteró los documentos? Los que los manejan son el presidente y primer miembro de las JRV que son, por ley, liberal y sandinista o viceversa. O sea, que si un presidente o primer miembro de una Junta ve que los partidos del pacto perdieron, como es el caso de la 8060, lo único que tiene que hacer es alterar la documentación, y ya.
Si forzosamente tenemos que buscarle el lado bueno a las cosas, al menos sabemos que eso de “elecciones limpias” es, bajo el pacto, un mito.