- Visto como un moderado, estaba en permanente conflicto con los “halcones” como Rumsfeld y Cheney
- Fue el primer afroamericano en ser jefe del Ejército y de la diplomacia de Estados Unidos
Washington/Agencias y LA PRENSA
Colin Powell, la imagen de moderación de la primera administración de George W. Bush que anunció ayer su retiro, es un soldado disciplinado cuyo servicio, militar y diplomático, ha estado marcado por las guerras de Irak.
Sus razones para marcharse del gobierno son privadas, según justificó públicamente. Alegó que siempre tuvo la intención de solamente servir durante un mandato y que, pasadas las elecciones presidenciales, era hora de irse a casa.
Sin embargo, no hay duda de que razones más de fondo tienen que ver con su situación dentro del esquema de poder de Washington y sus tensas relaciones con poderosas figuras de línea dura, los llamados “halcones”, como el secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el vicepresidente Dick Cheney.
“Dado que el señor Powell perdió numerosas batallas con los de la línea dura de la administración”, su partida “es difícilmente sorprendente”, escribe el semanario británico The Economist en un análisis noticioso en su edición electrónica.
Definiendo el estilo de la diplomacia de Powell como más multilateralista, opuesto al curso unilateralista que ha seguido la administración, “se pude decir con seguridad que Powell es más popular y respetado alrededor del mundo que su jefe”, agrega The Economist.
Aunque en público aseguró que las diferencias con los duros eran más una percepción que reales, no obstante, sufrió importantes reveses en las usuales escaramuzas en las cumbres del poder.
Se cree que Powell no fue un entusiasta de la idea de invadir Irak y derrocar a Saddam Hussein, y que intentó oponerse a ese curso de las cosas.
Una vez que funcionarios como Rumsfeld, Cheney o el subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz (quien además es uno de los ideólogos del neoconservatismo que alimenta la política exterior de la Casa Blanca) convencieran a Bush de comenzar la guerra, Powell logró, a pesar de todo, persuadirlo de que intentara conseguir el aval del Consejo de Seguridad de la ONU para la invasión.
El esfuerzo fue infructuoso y como leal soldado, dejó atrás sus objeciones.
En cuatro años de Gobierno marcados por conflictos armados —primero la lucha contra el terrorismo de Al Qaeda y luego la segunda guerra de Irak—, y disputas diplomáticas, el general retirado debería haber brillado gracias a sus indudables cualidades intelectuales y su capacidad organizativa.
Pero, como buen soldado, Powell siempre ha sabido cumplir órdenes, aún y cuando no estuviera de acuerdo con ellas.
aquella intervención en la ONU
Como ejemplo, su intervención del 5 de febrero de 2003 en el Consejo de Seguridad de la ONU, en la que resumió los argumentos por los que consideraba que la guerra en Irak y el derrocamiento de Saddam Hussein eran incuestionables.
Sus argumentos estaban equivocados. No se halló evidencias de armas de destrucción masiva ni de lazos de Hussein con el terrorismo —los dos principales argumentos de la invasión. Cuentan que reaccionó airado al hallarse en situación embarazosa. Pero nunca se supo oficialmente del malestar de Powell. Nunca por él mismo.
El servicio a la Patria está siempre por encima de cualquier planteamiento propio.
La vida de Powell ha estado marcada desde hace más de dos décadas por Irak. Precisamente alcanzó notoriedad pública en 1991 durante la primera Guerra del Golfo cuando; como presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, diseñó las operaciones “Escudo del Desierto” y “Tormenta del Desierto” para expulsar a los iraquíes de Kuwait. El éxito del conflicto catapultó la imagen del general, el primer afroamericano que presidía el más importante estamento militar de EE.UU., tanto durante la administración de Ronald Reagan como del primer presidente Bush.
Con Reagan, Powell fue asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.
Powell sirvió igualmente a administraciones republicanas y demócratas durante años; no se sabía de su afiliación política, pero aún así siempre se especuló con la idea de que podría convertirse algún día en el primer presidente negro.
La dimisión de Powell no conllevará grandes cambios en la política exterior de Estados Unidos, opinó ayer un influyente experto ruso.
“No habrá cambios sustanciales de la política exterior de EE.UU.”, afirmó Serguéi Karagánov, presidente del Consejo de Política Exterior y de Defensa de Rusia, órgano consultivo adjunto al Kremlin.
Resumen: Alberto L. Alemán.
UNA DAMA ENÉRGICA Y ELEGANTE
Condoleezza Rice, 50 años, que podría suceder a Colin Powell al frente de la diplomacia estadounidense, es una consejera muy escuchada por el presidente George W. Bush y a su vez una amiga personal que lo sigue prácticamente a todas partes.
Nacida el 14 de noviembre de 1954, esta elegante mujer ha ocupado el cargo de Consejera de Seguridad Nacional durante el primer mandato de Bush, en el poder desde enero de 2001.
Fue la primera mujer en ocupar ese puesto, y enfrentó circunstancias excepcionales con los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la guerra contra Irak, lanzada en marzo de 2003. Considerada fría y enérgica, Rice sin embargo ha vivido ciertas dificultades para manejar los egos de los pesos pesados de la primera administración Bush, como el del secretario de Estado Colin Powell y del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
La diplomacia no es la única tarea que domina, también es una virtuosa pianista, que se ha presentado en público sin temores junto a los más grandes nombres de la música clásica como la violoncelista Yo-Yo Ma.
Doctora en Ciencias Políticas por la Universidad de Stanford, entró al servicio público como una experta en la Unión Soviética.