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En la encrucijada
Tal como estaba previsto, la cúpula del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) no tuvo valor ni capacidad para analizar con franqueza, en la “encerrona” que tuvo el sábado de la semana anterior, las causas de la aparatosa derrota que sufrió en los comicios municipales del recién pasado 7 de noviembre. En realidad, en política nadie se suicida y por lo tanto no se puede esperar que quienes dirigen actualmente al PLC renuncien, por su propia voluntad, para ceder el lugar a una nueva y mejor dirigencia. A directivos como esos hay que destituirlos, y reemplazarlas con personas auténticamente democráticas, íntegras y capacitadas.
LA PRENSA, que es un periódico democrático y libertario pero políticamente independiente, no debería preocuparse por lo que le ocurra al PLC, cuyos dirigentes han unido su suerte a la de Arnoldo Alemán que tanto daño le ha hecho a Nicaragua y a su mismo partido, como lo demostraron los resultados electorales del 7 de noviembre. Y mucho menos deberíamos preocuparnos considerando que desde que terminó el régimen sandinista —el cual censuró a LA PRENSA e inclusive la clausuró, y en general reprimió ferozmente la libertad de expresión—, ha sido precisamente el gobierno del PLC encabezado por Arnoldo Alemán el que más agresiones ha perpetrado contra los periodistas y contra la libertad de prensa en Nicaragua.
No podemos olvidar que el gobierno del PLC trató de matar a LA PRENSA por medio del terrorismo fiscal; ni olvidamos que un activista de ese partido asaltó a mano armada las instalaciones de este Diario, el 22 de octubre del 2002, y secuestró a a numerosos periodistas y otros trabajadores de este medio de comunicación social; y tampoco vamos a olvidar jamás que otro activista del PLC mató a la periodista María José Bravo, corresponsal de LA PRENSA en Chontales.
Pero nuestra indignación por el asesinato de María José Bravo no nos hace olvidar la obligación que tenemos de analizar la situación política del país de manera serena y con preocupación patriótica y democrática. Ni perdemos de vista en que, independientemente de las desviaciones autoritarias, corruptas y pactictas de la cúpula arnoldista del PLC, en éste hay muchas personas democráticas y honestas que quisieran corregir el rumbo desastroso que lleva su partido.
Por otra parte, como dijimos en el Editorial del miércoles de la semana pasada, “a pesar de su debacle electoral el PLC sigue siendo el principal partido del sector democrático de Nicaragua”; en tanto que “la Alianza por la República (Apre) no llenó el vacío que la bancarrota política y moral del liberalismo arnoldista ha creado en el ala democrática de la ciudadanía… y en todo caso, a lo más que podría aspirar el Apre es a constituirse en la tercera fuerza política, a ser una bisagra parlamentaria entre el FSLN y el PLC, pero no a sustituir al liberalismo como oponente principal al sandinismo”.
De manera que si la dirigencia del PLC persiste en la aberrante política que ha venido practicando, y si no surge una nueva fuerza política que verdaderamente se constituya una alternativa al FSLN, éste podría ganar las próximas elecciones nacionales con todas las catastróficas consecuencias que eso tendría para la democracia, para la economía nacional y para la paz de Nicaragua. En ese caso, el único “consuelo” para los sectores democráticos nicaragüenses sería el de que un nuevo régimen sandinista ya no sería castrista, como el de 1979 a 1990; pero sería de tipo chavista, que para el caso vendría a ser igual.
En conclusión, mientras el PLC siga dominado por la cúpula arnoldista es imposible que pueda volver a ser una fuerza política confiable para amplios sectores democráticos de la población nicaragüense, precisamente los que se abstuvieron masivamente en las elecciones del 7 de noviembre y que en gran medida se volverían a abstener en las elecciones nacionales. La única esperanza sería que en los próximos dos años se pudiera formar una nueva y verdadera fuerza democrática, no para ser “tercera vía” entre el sandinismo y el arnoldismo sino como una auténtica alternativa, o sea para ocupar el vacío que está dejando el PLC como consecuencia de la corrupción y la incapacidad de la cúpula arnoldista.