- En El Ayote la vida pende de un hilo. Aunque algunos piensan que la vida allí no vale nada. No es un simple decir como el de la canción. Es literal. La mayoría cabalga con su revólver al cinto. El Clan de los Hernández se ha convertido en el dueño del pueblo: controlan el servicio de cable, la Alcaldía, tienen fincas, no rinden cuentas a nadie e imponen el terror
Eduardo Marenco Tercero
Después de seis horas y media de viaje, la mitad de éstas, en unos caminos de infierno que dejan la espalda deshecha y que son intransitables cuando llueve, se llega a El Ayote, un puerto de montaña donde se respira un aire de vida prestada.
En El Ayote manda el Clan de los Hernández desde hace media década, al menos. Son los caciques. Y El Ayote es su feudo personal. Eugenio y José Luis Hernández han sido alcaldes de esta localidad chontaleña, clave en tiempos de guerra. El sello político que les ha albergado es el del Partido Liberal Constitucionalista (PLC).
Eugenio Hernández, asesino de la periodista de LA PRENSA, María José Bravo, fue enlistado como contra durante la desmovilización de esta fuerza irregular, pero luego se rearmó y perteneció a la banda de “Chilamate”, célebre por sus fechorías en aquella región ganadera del país.
En El Ayote los líderes del Partido de la Resistencia (PRN), aseguran que en realidad fue su padre, Gertrudis Hernández, el que les sirvió de correo, y que Eugenio Hernández fue “carnetizado” como soldado a la hora de la desmovilización, pero no le conocen historial guerrillero.
LA MUERTE DE MARIANO MARÍN
Eugenio Hernández es el mandamás de El Ayote desde fines de los noventa cuando asumió de facto la Alcaldía de esta localidad. Era oficialmente delegado de gobierno, pero de hecho fungió como alcalde hasta el 2000, cuando su hermano ganó las elecciones en las que fue asesinado Mariano Marín, candidato conservador a vicealcalde.
Aquél fue un crimen anunciado. Las elecciones habían sido reñidísimas entre el PLC y el PC, apoyado por la Resistencia. Mariano Marín se dirigía a la CIAV-OEA a enviar una correspondencia relacionada con el conteo de votos el día que lo mataron. El jueves 9 de noviembre, entre las 8:30 a.m. y las 9:00 a.m., a pocos metros de un pequeño puente en un callejón de El Ayote, Mariano Marín se encontró con José Miguel Valdez Marenco. Cada uno de ellos iba acompañado por una persona.
—¿Viste Marianito que ganamos las elecciones? —le dijo Valdez.
—¿Cómo no las van a ganar si se las robaron? —le contestó Marín.
De las palabras pasaron a los golpes. Y de éstos a los tiros. Valdez abofeteó a Marín, quien luego hizo dos disparos al suelo con su revólver. Después, dicen los testigos, dio la espalda y fue tirado por Valdez. Marín alcanzó a voltear y disparar contra Valdez, hiriéndole. Pero ya estaba herido de muerte. Hay versiones que indican que recibió cinco tiros: tres en el tórax, uno en la cabeza y otro en el brazo.
Donde fue asesinado Marín ahora abunda el comercio y en una de las casas se ha instalado una funeraria; en otra, una venta de motosierras. Es vox populi que Eugenio Hernández tuvo que ver en el crimen.
“La muerte de Mariano fue por reclamar sus derechos, por el conteo de votos; el escolta y al mismo tiempo chofer de Eugenio Hernández, le salió al finado Mariano, lo provocó y lo asesinó”, dice Hermenegildo Rugama Miranda, de 45 años, político del Partido de la Resistencia (PRN).
“Fue algo planificado por los Hernández y otros que les acompañan a ellos para que no les reclamen derechos de las votaciones”, agrega.
Rugama, quien perteneció a las filas de la Contra, no teme una represalia de los Hernández. “Sería su problema porque ellos están hechos para fregar de choña, pero cara a cara no han intentado siquiera tocar a uno de los varoncitos que somos nosotros, la Resistencia”, dice.
Pero añade: “Ellos querían a otro más, pero como no se les da la oportunidad… Ahorita ellos tienen la sentencia de unos diez hombres, no sabemos quiénes son los diez hombres muertos que van a resultar, ellos tienen planificada la muerte de diez personas más, eso se escucha, no tenemos verificación exacta de quién”.
Este ex contra sostiene que a Eugenio Hernández se le regaló un fusil para que se le registrara como desmovilizado de la Resistencia. “Ese individuo, que dice que es Resistencia, Eugenio Hernández, aquí está el que lo desarmó a él, que le regaló la AK para que se desarmara, por simpatía”, asegura Rugama.
La macolla de los Hernández —y por ende del PLC—, en El Ayote está integrada por: Eugenio Hernández Centeno, ex alcalde; su hermano José Luis Hernández, alcalde PLC; José Ramón Álvarez Pérez, “Solín”, alcalde electo por el PLC; Ramón Álvarez Pérez, hermano de “Solín”, Froylan Centeno, René Guadamuz, entre otros.
UN CRIMEN PLANIFICADO
Diómedes Pineda Úbeda, de 46 años, es el representante legal del Partido de la Resistencia Nicaragüense (PRN), en El Ayote. Asegura que muchas personas se abstuvieron de votar en los comicios recién finalizados por miedo a los Hernández.
Marín, explica Pineda Úbeda, era de las filas de la Resistencia y al realizar alianza con los conservadores se le colocó de candidato a vicealcalde. El candidato a alcalde era Juan Pablo Lazo, un productor conservador.
“Miguel Valdez Marenco —el asesino de Marín— fue gratificado con su curación, la Alcaldía le daba doscientos pesos diarios en el hospital, siendo el alcalde Eugenio Hernández y posteriormente su hermano”, señala Pineda Úbeda.
Este líder del PRN también cree que el asesinato de Mariano Marín fue premeditado: “Casi todo el mundo creemos que sí, porque ésa es la manera de ser que tiene el liberalismo, cuando la gente no le apoya se llena de ira, de ambición política, que es lo que más tienen, ambiciones”, asevera.
Pineda agrega que la Policía de El Ayote tuvo conocimiento que hace dos años se planificó la muerte de todos los líderes del Partido de la Resistencia. “Su servidor era uno de los que sería muerto, y esto fue denunciado por un presidente del partido liberal, Tule Salazar, me mandó a decir con Juan Robleto García que me iban a matar, que me fuera del país”, afirma.
Hay terror hacia los Hernández, asevera Pineda: “En el 93, cuando anduvo rearmado el difunto ‘Chilamate’, ahí anduvo rearmado Eugenio Hernández y lo que se dice es que sólo muerte y robo quedaron en la montaña por sus manos”.
Las últimas armas se las quitaron en Wapí y otras en El Ayote, dice. “Eugenio Hernández no fue nadie en la Resistencia, pasó escondido todo el tiempo de guerra, se le regaló un carné de desmovilizado por amistad con otro, pero él no fue nadie”, asegura.
Se afirma que la banda de “Chilamate” ejecutó a una familia en la profundidad de la montaña. Eugenio Hernández perteneció a la banda.
El día que mató a María José Bravo, periodista de LA PRENSA, a Eugenio Hernández se le vio en El Ayote en una camioneta acompañado de tres policías voluntarios. Visitó a Mauricio Martínez, alcalde electo del PLC en Santo Domingo.
Un policía de El Ayote considera que el crimen de María José Bravo puede quedar en la impunidad conforme a la tipificación que hizo la Fiscalía. “En tres meses está fuera, en el jurado”, comenta.
Y lo da como un hecho.
UN FEUDO
La Alcaldía liberal de El Ayote no rinde cuentas, aseguran varios pobladores. “Ni un día se ha visto un cabildo”, añaden. Y se resiente en el pueblo que los hermanos Hernández antes se ganaran la vida con motosierras y ahora sean dueños de fincas.
José Luis Hernández, el alcalde, que originalmente tenía una pulpería, es ahora el propietario del servicio de cable.
También denuncian que los cuatrocientos medidores de energía eléctrica instalados en el pueblo, los Hernández los vendieron a pesar de que eran una donación. “Arnoldo Alemán, ante mí les reclamó un millón y medio de córdobas para el agua potable, y aquí no la vemos”, dice Hermenegildo Rugama.
Los adoquines: no los ven sino hasta ahora. Las calles están sin pavimentar. Las dos horas que separan El Ayote de Santo Domingo son un infierno cuando llueve, a pesar de que la recaudación de impuestos no cesa.
Eugenio Hernández no tenía una cama para dormir antes de ser alcalde, denuncia Diómedes Pineda Úbeda, presidente del Partido de la Resistencia en El Ayote. Y ahora tiene fincas, vehículos. También denuncian que los Hernández se han apoderado del servicio de cable y de la antigua bodega de la Alcaldía.
LA LEY DEL REVÓLVER
El Ayote es un puerto de montaña donde cada cual cabalga pistola al cinto, un radio colgado al pecho y un machete asido de la cintura.
Cada viernes bajan de la montaña los productores a vender la leche, el queso y los granos básicos.
La población fue elevada a municipio recientemente, perteneciendo a la jurisdicción de la Región Autónoma del Atlántico Sur.
Los pobladores son en su mayoría desmovilizados de la Contra, muchos de ellos armados al sol de hoy.