Cristiana Chamorro Barrios
Con sólo escuchar los testimonios de la gente que rodeaba a la periodista María José Bravo al momento de ser asesinada, la Policía Nacional y la Fiscalía no pueden dudar de que se trata de un asesinato a quemarropa dirigido al corazón de la democracia, para silenciar la verdad y privar a la población de su derecho a la libre información que María José estaba sirviendo.
La periodista, libreta en mano, cayó al suelo mientras le informaba a un grupo de interesados lo último que sabía de los resultados de las elecciones en disputa en varios municipios de Chontales. Su pequeña audiencia creyó que era un desmayo por no haber comido bien y mal dormido durante los tres últimos días que pasó fiscalizando la justeza de los comicios municipales, en cumplimiento de su deber.
Cuando quisieron levantarla, María José salpicó a todos de sangre con la que hizo su última denuncia. Los ojos puestos en la periodista víctima, inmediatamente buscaron al asesino y desde ese momento fue señalado no sólo por testigos, sino por su propia mujer, quien al oír el disparo salió del centro de cómputos en donde trabajaba y, frente a los presentes, le dijo a su marido: “La cagaste”, para luego intentar defenderlo de la Policía.
El acusado es señalado en Chontales de haber cometido otro asesinato en las elecciones pasadas. Después de cuatro años nadie recuerda que haya sido procesado esa primera vez. En el entierro de María José la gente de Santo Tomas volvió a recordarlo sin poder entender por qué ahora vino de El Ayote sólo a matar a la periodista inocente y dejarla en silencio para siempre.
Sin duda el autor material e intelectual del crimen contra María José es un asesino confeso. Sabía que podía matar a una periodista con impunidad en Nicaragua, como lo hicieron recientemente en Colombia contra Orlando Sierra, Ronaldo Santana de Araujo, en Brasil; Jean-Leopold Dominique, en Haití; Roberto Mora, en México y otros crímenes a periodistas que siguen impunes en América Latina.
María José, con sólo 26 años, culminó su carrera profesional con la gloria de una heroína de verdad en cumplimiento de su misión. Su nombre trascendió fronteras para evidenciar los niveles de intolerancia política frente al poder de la palabra escrita en libertad. Su recuerdo va a estar presente en la historia reciente del periodismo nicaragüense, clamando por justicia y el fin de la impunidad generalizada en Nicaragua, de nuevo contra periodistas.
Su sacrificio es también un llamado a proponer seguros de vida para los periodistas en ejercicio de su profesión, que como María José, deja un niño y una madre enferma sin su protección. Las vidas de los periodistas están en riesgo y valen más que todas las alcaldías por la que una periodista hoy fue asesinada con violencia extrema. Por María José: no más impunidad.
La autora es periodista.