Lecciones del domingo 7

Emilio Álvarez Montalván

La primera realidad es que la abstención del 50 por ciento fue un castigo al conjunto de la clase política, incluyendo al victorioso FSLN que no obtuvo los votos proporcionales a sus 92 alcaldías. Si las logró fue porque la asistencia a las urnas de su disciplinada clientela le permitió aprovecharse de la ausencia masiva del PLC. Pero lo anterior no significa que la asociación PLC-FSLN vaya a suspenderse, sino que más bien se reforzará con la anunciada reforma constitucional. Por otra parte, los resultados de la Convergencia Nacional están por valorarse a largo plazo, pues los asociados sólo se comprometieron a ir juntos a las elecciones municipales, reservando para el 2006 la escogencia del candidato a la Presidencia.

Por lo demás algunos pronósticos se cumplieron. Por ejemplo, la firme concurrencia del FSLN, el efecto negativo de la división del voto democrático y la tranquilidad de los comicios, excepto en algunas Juntas Receptoras de Votos, lo que no invalida la legitimidad de las elecciones.

Sin embargo, sucedieron sorpresas desagradables. No hubo acuciosidad en la elaboración y orden en la distribución de los padrones electorales, faltó puntualidad en la apertura y cierre de las urnas y no se distribuyeron herramientas eficaces, como las inútiles perforadoras de cédulas.

Todo ello reveló poco profesionalismo de la costosa burocracia del Consejo Supremo Electoral. También fue notoria la confusión y protesta al eliminar el derecho constitucional establecido en el artículo 41 de la Ley Electoral, a última hora restaurado por recomendaciones de Santiago Murray, jefe de la misión OEA.

Asimismo fue evidente que el PLC no pudo reemplazar a su máximo líder como animador in situ, al perder la mitad de las municipalidades. Por otra parte el Apre, si bien se ubicó en una tercera posición, ésta es muy distante de la segunda al no alcanzar en votos la marca dejada por el Partido Conservador en las elecciones municipales del 2000. Con ello demostraron descuido los dirigentes del Apre, al no preocuparse por reactivar las bases del conservatismo rural, que se mantienen intactas aunque soñolientas en Chontales y Boaco, despertadas en los comicios de 1990, 1997 y 2001. Es un error suponer que meras siglas abstractas animarán a simpatizantes de un partido con muchísimos años de tratamiento personalizado.

La solución no es organizar al Partido Conservador como fuerza independiente pues en realidad las alianzas son una versión moderna del conservatismo posible, como lo ha demostrado el conservatismo colombiano. En ese sentido debemos reconocer que el Apre sentó un precedente valioso al sembrar una semilla a lo largo de todo el país para cosecharla más adelante. No obstante, el Apre actuando solo no impresiona como sustituto del PLC, aunque sí como valioso integrante de una gran alianza que incluya al liberalismo depurado y a los demás partidos que no alcanzaron el cuatro por ciento .

Esto obliga a aceptar que un amplio sector ciudadano reclama la necesidad de otra clase de mensaje político. Me parece que la gente está aburrida de polarización y ha venido evolucionando quietamente en espera de más apertura, más integración, más conocimiento de sus necesidades, más actitudes positivas y democracia interna en los partidos, con sentimiento de solidaridad nacional que incluya a la Costa Caribe, para sentirse inducida a participar en política. En suma, debemos prepararnos mejor para el 2006. Eso nos lleva a concebir la tercera fuerza como una gran alianza que incluya un amplio espectro político porque ya no habrá un mandamás que se imponga. Con ello aludo a los militantes del PLC que aprendieron la lección del domingo pasado y buscan mantener vigente al liberalismo y también a los demás, como el PLI y PRN que fueron solos y perdieron su personería por no alcanzar el cuatro por ciento de los votos emitidos y que integran personalidades que merecen confianza.

El autor es analista político

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