¿Dónde estaban los peleceños?

Angela Saballos

La estrepitosa caída del Partido Liberal Constitucionalista, que perdió en estas elecciones la mitad de las alcaldías que dirigía, revela no sólo que los nicaragüenses votaron en contra de la corrupción, sino que dicho partido, al irrespetar esta verdad, demostró poco conocimiento de nuestra idiosincrasia, además de estancamiento y pereza de sus líderes. Al PLC lo destruyó, también, la falta de dirigentes aptos y valientes que aceptaran que la coyuntura llamaba a una reingeniería depuradora y no a sepultarse con la misma maquinaria de su viejo caudillo encarcelado. También aumentó el anunciado abstencionismo, el que desdeñaron por falta de análisis.

Algunos peleceños señalarán “la división del voto democrático” como otra de las razones de la debacle del PLC, y culparán de su derrota a sus partidos aliados que decidieron abandonarlo. Este sería otro elemento de autocrítica del PLC, porque si es cierto que algunos de sus ex aliados fueron solos a las elecciones, el PLC tendría que revisar las razones por lo que esto sucedió. ¿Por qué sus ex aliados lo dejaron?

Pero también habría que preguntar: ¿qué fría estrategia política tenían los encargados de la campaña electoral que permitió que el candidato del PLC por Managua, la principal plaza del país, esperara los resultados electorales sólo con su familia? ¿Dónde estaban los peleceños? ¿Por qué desampararon a su candidato?

Mientras tanto, ante una oportunidad de fin de semana largo, muchos nicaragüenses decidieron descansar y no votar. Según algunas cifras consultadas, la abstención durante estas elecciones municipales, subió de 42 por ciento en el año 2000, a un 53 por ciento que se calcula en este año. Dentro del vacío de votos que crea la abstención, se reducen los techos de votación y los partidos necesitan menos electores para ganar.

Aunque la abstención es un fenómeno que se repite en las elecciones municipales, pues la gente aún no les da la importancia que se merecen, también hay que analizar otras razones por las que la abstención aumentó.

Para empezar, hubo poco ambiente. A días del proceso electoral se ventilaban profusamente en los medios de difusión una serie de movimientos políticos que parecieran haber sido lanzados casi como distracción, como cortinas de humo, diversionismo, para impedir que la gente se enfocara en las elecciones. Uno de éstos: la destitución del Presidente de la República.

En un ambiente así, cualquier elector continúa hastiándose con los políticos, le cansa ver que la paz no llega a Nicaragua y decide no votar porque siente que su voto no vale. Además, ¿cuánto se esforzó el Consejo Supremo Electoral para evitar la abstención?

La abstención se dio también por defecto. Hubo gente que no votó porque por desinformación llegó tarde a las urnas y éstas ya estaban cerradas. Otras personas no votaron porque su nombre no estaba en el padrón electoral y la mesa no las dejó votar aunque tuviesen cédula. A otras no les entregaron su cédula. Hubo Juntas Receptoras de Votos que debieron detener su proceso porque les hacía falta papeles que no les había entregado el Consejo Supremo Electoral; y mil y una razones.

En la contienda municipal hubo dos ganadores irrefutables: Frente Sandinista-Convergencia y Alianza por la República. El FSLN cuenta con un voto duro que lo respalda activamente; la abstención sólo trabajó a su favor. En los sitios en los que sabía que no ganaría como FSLN, la estrategia sandinista ubicó inteligentemente a los candidatos potables de la Convergencia.

Alianza por la República, Apre, se posicionó como una posibilidad para los votantes que castigaron el pacto del mismo FSLN con el PLC. Dentro del imaginario colectivo, aunque distante en varias alcaldías, Apre se convirtió en la tercera fuerza política a pocos meses de constituida. Y donde ésta no punteó, lo hicieron Resistencia Nicaragüense, el PLI, etc.

Las elecciones municipales son una oportunidad para que los partidos estudien sus fallas y mejoren sus estrategias. En las mismas, el pueblo habla. Necio o necia es quien no escucha.

La autora es periodista

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