Douglas Carcache
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Remesas en vez de producción
Douglas Carcache
Si Nicaragua ya no es capaz de producir ni los frijoles que acostumbra comer su población cada día, es comprensible que la migración sea lo que más crezca en las estadísticas poblacionales. ¿Por qué escasean los frijoles en el mercado nicaragüense si es un cultivo al que se ha dedicado la mayoría de los agricultores del país?
Hay por lo menos dos razones evidentes. Una, las pérdidas de producción por sequía o exceso de lluvias y, dos, el aumento de las exportaciones de frijol, un grano que los agricultores venden a comerciantes extranjeros que lo llevan a países vecinos, El Salvador o Costa Rica, donde lo revenden a mejor precio.
Hay otras razones menos visibles pero reales que podrían estar influyendo para que Nicaragua vaya perdiendo poco a poco la seguridad alimentaria que le daba la agricultura tradicional.
Una es la ruptura de la cultura productiva durante la guerra de la década de 1980, cuando miles de campesinos se alzaron en armas, fueron reclutados por el Ejército o huyeron a las ciudades.
Entonces hubo una generación de campesinos, que durante la guerra eran niños o adolescentes, que perdieron la transmisión de la experiencia productiva de sus padres o se dedicaron a actividades de servicio y comercio en los centros urbanos. Luego, volver a la vida de agricultores fue difícil para miles de familias tras el conflicto.
Otra causa importante del retroceso en la producción de granos básicos (maíz y frijoles) la encontramos en la migración al exterior y las remesas familiares. El campesino que sembraba año con año para la subsistencia alimenticia de su familia ha optado por ir a trabajar como jornalero a Costa Rica y manda dinero a su esposa e hijos cada quince días o cada mes.
La mujer y los hijos de ese campesino, una vez que las remesas les llegan de manera estable y han ahorrado un poco, dejan la comarca y compran una casa en el poblado más cercano. O sea, se alejan de la actividad agrícola porque la remesa sustituye el ingreso que antes les daba la cosecha, con la ventaja de que el dinero del exterior está menos expuesto a eventualidades, como la sequía o la inundación.
En otros casos, los familiares de los migrantes, aunque se queden en el área rural, se acomodan con la remesa para subsistir y hacen el menor esfuerzo productivo. Ésta es la parte negativa de las transferencias de dinero de los migrantes, que en ocasiones crean dependencia y frenan las iniciativas productivas de los parientes.
Los jóvenes campesinos aspiran a veces a emigrar antes que a cultivar la tierra en Nicaragua y es por eso que vemos cifras sorprendentes de nicaragüenses rechazados en la frontera norte de Costa Rica. Casi 33 mil nicas fueron atrapados, entre enero y octubre de este año, cuando entraban indocumentados a ese país para buscar trabajo en las plantaciones de café y caña.