- Al candidato a la Alcaldía de Managua que resulte ganador en las elecciones de hoy domingo le espera una ciudad infectada de precariedad, desempleo, desorden, delincuencia, contaminación, y una población expectante de que cumpla sus promesas de campaña
Wilder Pérez R.
Los cinco distritos del municipio de Managua suelen coincidir en características y necesidades. La delincuencia, la pobreza, los riesgos por desastres, la contaminación, el crecimiento desordenado, desarrollo económico, entre otras, son problemáticas que comparten los Distritos II, III, IV, V y VI, en los que está dividida administrativamente la capital, sin embargo cada uno tiene sus respectivas particularidades.
Así, por ejemplo, se podría decir que el Distrito V es el más próspero económicamente, porque concentra el comercio de las clases sociales mejor ubicadas y concentra los sectores residenciales de los más favorecidos económicamente.
No obstante, el Distrito IV, sólo por tener de su lado el monstruo llamado Mercado Oriental no puede echarse a menos, ni el VI por ser un sector industrial y tener el Aeropuerto Internacional. El Distrito III podría competir si más residenciales de lujo ubicadas en Carretera Sur pagaran sus impuestos de bienes inmuebles.
A juicio de Mario Barahona, director de Planificación Estratégica de la Alcaldía de Managua, el margen económico con el que sobresale el Distrito V es el más claramente visible, aunque no puede decirse que sea amplio.
“No tenemos fórmulas exactas que nos digan tal como si dos más dos es cuatro, cómo está la situación en cada distrito, pero hay características que podemos definir”, comenta Barahona.
LOS PROBLEMAS AMBIENTALES
Entre esos rasgos perceptibles está la exposición a la contaminación. Todos los distritos enfrentan este problema, pero cada uno de una manera distinta.
El Distrito II tiene como principal fuente de contaminación el botadero de basura de Managua La Chureca y eso podría ponerlo en un nivel significativo. “La población que vive en el basurero, niños que están en situación de explotación y sobrevivencia miserable”, comenta el funcionario.
Sin embargo, el Distrito IV compite siempre con su Mercado Oriental, uno de los lugares más insalubres de Managua, que cumple todas las condiciones para que una epidemia se propague con facilidad entre los pobladores. El rescate de Tiscapa aún está pendiente.
Mientras tanto, el Distrito VI sufre por la cantidad de barrios a los que se les da cobertura de aseo, 167 en total, el mayor número en la ciudad, y de ésos, 85 son asentamientos humanos espontáneos, también la máxima cifra de Managua. El peligro de la contaminación en esta jurisdicción es que sus efectos afecten el manto acuífero, principal fuente de agua potable de la ciudad.
El problema de los asentamientos también lo enfrenta el Distrito V, con barrios como el 18 de Mayo, 22 de Enero, 11 de Mayo, etcétera, que por la cultura de sus habitantes y las pésimas condiciones de sus calles, sin asfalto, provocan que haya basura sin manejar en el ambiente.
Pero sus pobladores y visitantes están más expuestos a la polución por la cantidad de vehículos que circulan a través de sus pistas, como la Carretera a Masaya, las radiales Santo Domingo, Cardenal Miguel Obando, El Dorado, Suburbana y Jean Paul Genie, además de las rotondas Rubén Darío, Santo Domingo, Centroamérica y Jean Paul Genie.
Cabe destacar que el tramo de la Carretera Norte que le pertenece al Distrito IV representa una de las zonas donde más vehículos se acumulan, provocando largos congestionamientos en horas pico, sin embargo en la comuna no lo identifican como un problema de la magnitud del Distrito V.
UNA FUENTE EN COMÚN
Por su lado, los distritos II, IV y VI mantienen una dificultad ambiental en común: limitan al Norte con el lago de Managua o Xolotlán, que por ser el destino de las aguas residuales de la capital tiene en su área un inmenso foco de contaminación. En el caso de los primeros dos, Barahona mantiene que el problema no es de calles ni de instalar drenaje pluvial, porque todo está realizado y revestido, sino de darle mantenimiento y saneamiento, especialmente en el área de los escombros, donde la población vive en condiciones de miseria.
Por otro lado, aunque los distritos III y V no son costeros, enfrentan las contrariedades provocadas por la sedimentación de Las Sierras de Managua, en la cuenca sur del Xolotlán, y que es provocada sobre todo por las nuevas urbanizaciones que hacen crecer a la ciudad “peligrosamente”, según Barahona, hacia el escenario de los aluviones o deslizamientos de tierra ocurridos hace unos 125 años.
En esas jurisdicciones la recomendación es mejorar el sistema de escorrentías de aguas, puesto que todavía existen arroyos sin revestir, lo cual no debe perder de vista las transformaciones que viene sufriendo la cuenca sur del lago de Managua.
Otro asunto a tratar es el llamado uso de tierras. Parte de esto será el desplazamiento de personas que viven a orillas de los cauces, que en el Distrito V se reúnen en 413 viviendas; en el caso del Distrito III, las estadísticas están por barrios, totalizando diez.
VIOLENCIA Y DELINCUENCIA
Los distritos más tradicionales como el II, III y IV tienen menos contrariedades con los asentamientos, especialmente porque su red vial está asfaltada en casi un ciento por ciento. Ahí las dificultades son de orden social.
Según Barahona, el Distrito III encabeza los índices de violencia intrafamiliar y delincuencia, un fenómeno que se encuentra con frecuencia en los otros dos sectores mencionados.
En opinión de Juanita Toruño, miembro del departamento de Medio Ambiente de la Alcaldía, esto tiene que ver con el hacinamiento en que viven muchos pobladores de estos distritos, cuyos territorios están saturados físicamente, es decir, no hay más terrenos para formar asentamientos, tal como es el caso de los Distritos V y VI, donde las tomas de tierras continuaron por varios años antes de “invadir” lo único que quedaba fuera de las tierras privadas.
Barahona mantiene la advertencia de que ésta es otra característica con poca diferencia entre las jurisdicciones de la capital.
LOS POPULOSOS
Por eso, el funcionario recuerda que en el Distrito VI está la mayor parte de población de estrato popular, con problemas de inseguridad ciudadana, grupos juveniles en riesgo o en trasgresión abierta, así como los grupos de pandillas que asaltan con violencia a las personas.
En cuanto al Distrito IV, el Mercado Oriental aparece también como un foco importante de delincuencia, por lo que no se puede decir que existe un distrito claramente más sano que otro en Managua.
El secretario del Concejo Municipal, Modesto Munguía, ha mantenido que todo esto tiene sus raíces en la crisis económica que enfrenta la sociedad nicaragüense, partiendo del desempleo como factor desencadenante de la desocupación y la delincuencia.
Por eso Munguía considera que los mil 300 millones de córdobas que se necesitan en la capital para revestir cada una de sus calles y garantizar el bienestar ciudadano serían insuficientes si el próximo gobierno municipal no se coordina con el Gobierno Central.
Éstos son los retos que enfrentará el alcalde que hoy resulte electo en las urnas electorales.
EL MUNICIPIO YA NO DA ABASTO PARA TANTA GENTE
Managua tiene un total de un millón 283 mil 954 habitantes. Todos ellos conviven en 182 mil 11 viviendas, lo que demuestra un déficit de 31 mil 782 casas. En el caso de las clases pudientes, las urbanizaciones están proliferando, sin embargo, para el director de Planificación Estratégica de la Alcaldía de Managua, Mario Barahona, lo ideal no es hacer del municipio capitalino una selva de cemento, sino preparar a los municipios vecinos para recibir el crecimiento de la población capitalina.
A juicio de Barahona, los distritos que todavía tienen suficientes tierras para expandirse por sus costados no deberían hacerlo, porque estarían provocando serios impactos al medio ambiente, de tal manera que para mantener el equilibrio ambiental lo mejor es evitar que el casco urbano de Managua se haga cada vez más extenso.
Más que al discurso de la belleza de la naturaleza, Barahona apela a razones técnicas, como el hecho de propiciar mayor infiltración de agua y mantener las áreas verdes, a menos que ese crecimiento sea reducido y controlado. “De lo contrario estaríamos hablando de una invasión muy peligrosa hacia Las Sierras de Managua o hacia las áreas de alta sismisidad, como es el corredor de la Carretera a Masaya”, advirtió.
En la actualidad, esas áreas son justamente las más codiciadas por las empresas urbanizadoras, algunas de las cuales han enfrentado problemas como el abastecimiento de agua en determinados períodos o los malos olores de algún matadero cercano. Las autoridades ambientales sostienen que los primeros impactos están en los problemas de sedimentación que causan en los cauces capitalinos.