Cristianismo “light”

Haroldo Lacayo*

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Cristianismo “light”


Haroldo Lacayo*




“Cristiano católico ignorante: futuro protestante”. Ignorancia, producto de una atrofia espiritual que sufren muchos católicos, que, frustrados, no le encuentran sentido a sus vidas. ¡No son felices!

Un fenómeno que se observa en todo el mundo. Síntoma del eclipse de Dios que vive la humanidad, producto del materialismo aberrante y del libertinaje moral que propagan, entre otros, algunas ONG y las ideologías de izquierda (aborto terapéutico, matrimonio entre personas del mismo sexo, eutanasia, clonación, etc.).

Pero, el problema fundamental radica en que dichos cristianos católicos frustrados no han comprendido la Palabra de Dios. Porque, en ningún lugar del Viejo ni del Nuevo Testamento, se nos dice que vamos a ser felices. Al contrario, se nos dice que vamos a sufrir porque el sufrimiento es inherente a nuestra naturaleza humana, por causa del pecado que heredamos del primer Adán (muerte óntica del ser).

Sin embargo, el segundo Adán, Jesucristo, vino a darle sentido a nuestro sufrimiento y a ofrecernos otro tipo de felicidad. Aquélla que proviene de experimentar la Vida Eterna. No es la felicidad mundana, obtenida a través de las cosas materiales a través de los placeres. Porque dicha felicidad es ficticia, efímera, frágil, condicionada.

Pero, la felicidad que nos brinda la Vida Eterna es duradera, sólida, incondicional. Esto es precisamente lo que predica la religión cristiana católica. Muchos no lo comprenden así. Es acá donde radica la ignorancia. Y, por ignorantes, no llegamos a gozar de esta felicidad que está a nuestra disposición.

Aprovechando nuestra ignorancia, de diferentes maneras, la catequesis del demonio nos confunde. Nos dice que “tenemos que ser felices, a como dé lugar”, “la vida es una y tenemos que pasarla bien”, “no tenemos por qué sufrir”, etc.

Además, nos dice que “Dios no nos ama, porque permite que suframos”. Que “no seamos tontos, que no aceptemos nuestra cruz”. Claro, él sabe que nuestra cruz es la que nos salva. Y, obviamente, él no quiere nuestra salvación.

El demonio, astutamente, nos hace caer en su trampa. Por esta razón aquéllos que no encuentran su felicidad en el cristianismo católico la buscan en otros lugares. Se van a “Pare de Sufrir”, al horóscopo, a los brujos, a leerse las manos, al talismán del tal por cual, al amuleto de no sé quién, toman caldo de sapo con pelo de gato, etc. Y, al final de cuentas, terminan sufriendo más. El demonio, quien maneja los hilos de la muerte óntica, sonríe por detrás.

Muchos tienen un concepto confuso de lo que significa ser cristiano. Pero, de algo debemos estar claros: “la espiritualidad del cristianismo radica en el martirio”. En un martirio de cruz. Y, esto es, en síntesis, lo que nos dice el Nuevo Testamento.

Hoy en día muchos que se dicen cristianos católicos inventan su propia religión. Acogen de la religión lo que les conviene. Hacen un “combo” a la medida de sus intereses. Viven un cristianismo tipo “light”. Y, definitivamente este tipo de cristianismo no salva.

La cuestión es seria. Sólo en Europa se han cerrado más de mil quinientas parroquias en los últimos años. Al respecto, monseñor (Eddy) Montenegro ha declarado: “La poca formación es lo que los ha hecho irse, pero la Iglesia está entusiasmada en formar a la gente que se queda firme y fiel”.

De ahí que tenemos que luchar. Existe la necesidad de realizar una cruzada de evangelización agresiva en las parroquias. Y los laicos estamos llamados a dar nuestro aporte. Tenemos que ir al encuentro de estas gentes confundidas y decirles: “¡Mira, éste es el camino!”

* El autor pertenece al Camino Neocatecumenal

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