Leonie Suhr
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La leyenda literaria de F. Sagan
Leonie Suhr
La celebridad le llega a los 18 años; el queri- do pequeño monstruo de la literatura francesa se volvió a juntar con sus maravillosas nubes. Deja detrás de ella la marca de una pluma exquisita y cruel.
Con su primer libro Bonjour tristesse (Buenos días tristeza) que apareció en 1954, se despedía de la sensatez. Fue el libro del escándalo. Sagan parece haber esperado el medio siglo de esta novela para despedirse del mundo. “Sobre este sentimiento desconocido del aburrimiento, la dulzura me obsede, y vacilo a darle el lindo nombre serio de tristeza”. La frase famosa que resonó por todo el mundo. Esta adolescente ignoraba que venía de publicar un clásico.
Resumen: una adolescente de la burguesía parisina no desea que su padre se vuelva a casar, comienza a organizar una superchería que provoca la muerte de su rival en un accidente de carro. Amor libre, infidelidad, dinero, velocidad, todos los ingredientes de la vida moderna resumidos en este pequeño libro. La intriga es sulfurosa, el estilo literario novedoso en la literatura. Unas ventas fenomenales en un año; su novela es traducida en el mundo entero. Le vale ser señalada como inmoral por el Vaticano.
Dos matrimonios fracasados, un hijo, parece que ser madre le encanta, la novelista se deja enternecer por el fruto de su vientre. Así como escribe, con una velocidad increíble, así es como vive. Aún ella se sorprendía que la gente comprara sus libros.
Sagan era una erudita profunda. Desde temprana edad leía todo lo que le caía en mano. Hija de una familia de la buena burguesía francesa, con modales ejemplares, fue un golpe duro para esta familia que se preguntaba dónde esta hija que todos decían prodigiosa sacaba tantas ideas completamente opuestas a su educación. En total escribió 40 obras, y 4 de sus libros fueron llevados a la pantalla con intérpretes de valor internacional, tales como Ingrid Bergmann, Ives Montand, Anthony Perkins, Jean Seberg. Amaba la literatura, el arte, la música. Su pseudonombre lo escogió de una novela de Marcel Proust (A la búsqueda del tiempo perdido), en la que uno de los personajes es el Príncipe de Sagan. Fue así como la señorita Françoise Quoirez (su nombre verdadero) firmó su primera novela, ya que su padre se oponía a que publicara bajo su nombre verdadero. Como Sagan entró en la historia de la literatura.
Tímida, de una cortesía exagerada, su única preocupación era el aburrimiento. Se lanzó a la vida con excesos: de alcohol, de droga, de juego, de suerte, le encantaba la ruleta y la velocidad. Vivía a mil por hora. Adoraba conducir sus carros descalza, era una mujer apurada que iba hacia su destino. Había escapado a la muerte 4 veces. Para ella el riesgo era un juego. Tomaba la vida como si fuera la ruleta: todo o nada. El mito Sagan que hacía tanto rabiar la describía como mundana y derrochadora, acompañada siempre de sus fieles cortesanos.
La era Sagan llega a su fin. Salió en silencio. Las tonterías nunca las decía, prefería hacerlas. Ella era libre y generosa, despreocupada y alegre, seria y profunda. Sus novelas quedan para siempre, poseen un no sé qué sobre la burguesía. Eran cortas e inolvidables. Si la deberíamos clasificar, sería al lado de Scott Fitzgerald, alcoholes fuertes y melancolía dulce, nostalgia de una era.
Sagan nos deja, los escritores cierran la puerta detrás de ellos, cuando la noche cae y no hay nadie que los acompañe una última vez.
Esta estrella fugaz agarró mucha fuerza en vuelo y duró mucho tiempo. Hay algo de roto en el reino de los escritores franceses.
La autora es escritora