Alberto L. Alemán aguirre
A la par de retener la Presidencia de EE.UU., arrebatar al menos ocho escaños en el Congreso a los demócratas y aumentar sus mayorías parlamentarias, el Partido Republicano ha logrado conquistar más votos hispanos a su favor.
El electorado latino ha sido usualmente un bastión de sus adversarios, viendo en ellos a un mejor amigo de los intereses de los emigrantes y de las ayudas sociales. Pero por lo visto, a esa fortaleza la carcome lentamente la erosión.
El gobernador del Estado de Nuevo México y ex funcionario de la era Clinton, el demócrata Bill Richardson, había advertido a sus colegas que “si los republicanos llegan a 40 por ciento nos ganan la elección”, sobre todo en cinco Estados claves: Arizona, Nuevo México, Florida, Colorado y Nevada. Todos ellos fueron parte del botín del presidente George W. Bush. La pesadilla se hizo realidad.
El avance republicano en el apoyo de los votantes hispanos —7 millones de electores de un total de 40 millones de personas de la minoría más importante—, es otra de las victorias del Presidente y de su partido.
De acuerdo a sondeos, Bush aumentó en un 9% el número de electores hispanos que le votaron en comparación con las cuestionadas elecciones del 2000.
Si hace cuatro años Bush logró el 35% del voto hispano a nivel nacional, esta vez ha obtenido el 44%. Incuestionablemente formidable.
Hay que tomar en cuenta que en 2004, un millón más de electores latinos ingresaron al padrón electoral. Hay que estudiar las razones del cambio de comportamiento. Tradicionalmente los latinos han preferido al Partido Demócrata.
El analista Arnoldo Torres sostiene que la comunidad hispana “jugó un rol” en la victoria del candidato republicano en los cinco Estados mencionados. Según él, los demócratas no lograron “crear entusiasmo” entre los hispanos y no lograron superar el 60-62 por ciento de las intenciones de voto, “cuando necesitaba un 5% más”.
En el programa económico de John Kerry había buenas propuestas para la clase media y numerosos analistas vieron positivamente sus propuestas de reducción del gigantesco déficit fiscal, sus propuestas en salud y seguridad social.
En opinión de muchos observadores, su programa era mejor que el de Bush. Bajo la administración presente se perdieron unos 900 mil empleos, más que con cualquier gobierno desde la Gran Depresión de 1929.
Las encuestas repetían que para los latinos, el empleo, la educación y la salud eran los temas más importantes. En un plano secundario estaban la guerra en Irak y la seguridad. ¿Entonces, qué pasó?
Algunos factores son importantes.
A la par de estar más interesados en los asuntos internos y de su usual preferencia demócrata, los hispanos son, como grupo, gente con mente y valores conservadores. En ese aspecto, se identificaban más con el mandatario, un tejano religioso y archiconservador, en temas como el aborto y los matrimonios homosexuales.
El 20% de aquellos hispanos que fueron a las urnas declararon que los motivó “la moral” de Bush.
Otro aspecto a tener en cuenta es la heterogeneidad de la minoría, entre la cual no existen liderazgos a nivel nacional.
Habrá que ver también cuántos, al igual que la mayoría blanca, se inclinaron por no cambiar al comandante en jefe cuando el país está en guerra. La lucha contra el terrorismo y los valores fueron ejes de la campaña republicana.
Y por último uno podría suponer que el proceso de integración en la sociedad estadounidense ha avanzado, y que cada vez más latinos piensan y actúan como los gringos anglosajones, blancos y protestantes, a pesar de lo que diga al contrario el profesor Samuel P. Huntington, quien ve en los valores y mentalidad hispanos, una amenaza a la estabilidad de Estados Unidos.