Elisa

Luis Sánchez Sancho

El sábado pasado, el canal de televisión por cable People & Art presentó la exquisita ópera Dido y Eneas, de Henry Purcell, gran compositor inglés del siglo XVII. Esta presentación fue, para mí, una agradable casualidad, pues había planeado escribir la columna de esta semana sobre Elisa, cual es el nombre fenicio original de Dido.

Sucede que tengo una preciosa y avispada nietecita a quien le prometí escribir sobre el significado de su nombre, Elisa, como se llamaba la legendaria reina fundadora de Cartago, ciudad que todavía existe donde ahora es Túnez.

El libreto de la ópera de Henry Purcell fue basado en La Eneida, en la que Virgilio escribió que la reina de Cartago, Dido, fue amante de Eneas, el príncipe troyano sobreviviente que fundó la ciudad de Roma.

Durante su viaje desde las costas de la actual Turquía, donde estaba Troya, hasta el lugar de Italia donde fundaría Roma, una tempestad obligó a Eneas a refugiarse en Cartago. Y allí se enamoró de la reina Dido, quien le correspondió apasionadamente. Pero los dioses le recordaron a Eneas que tenía la obligación de ir a fundar la nueva gran ciudad, de modo que se marchó sin siquiera despedirse de Dido. Ésta, enloquecida por el desamor, se clavó una daga en el corazón y su cuerpo fue incinerado a la orilla del mar, por donde su ingrato amante se había marchado para siempre. Esa es la versión latina del mito.

Según la leyenda fenicia, Elisa —llamada Dido por los latinos— era hija de Muto, rey de Tiro, hermana de Pigmalión y esposa de Scarbas, el sumo sacerdote del templo de Melqart que poseía fabulosos tesoros.

Al morir Muto, el trono fue heredado por Pigmalión, quien quiso apoderarse de los tesoros de Melqart. Para eso asesinó a Scarbas y quiso matar también a su hermana Elisa, quien amaba a su esposo y le había jurado eterna fidelidad. Pero Elisa escapó ayudada por 80 fieles guardianes, llevándose no sólo la riqueza de su esposo asesinado sino también el tesoro de su perverso hermano.

Al pasar por Chipre los acompañantes de Elisa raptaron —para hacerlas sus esposas— a las 80 sacerdotisas virginales del templo de Artemisa, y se las llevaron con ellos. Llegaron después a las costas de Libia, en África del Norte, donde Elisa miró una hermosa colina que los nativos llamaban Byrsa, la cual le pareció ideal para construir una ciudad donde instalarse de manera permanente.

Dido pidió permiso a Hiorbas, el rey de Libia, para fundar allí la nueva ciudad. Hiorbas le dijo que sí, pero que debía hacerlo en una extensión que no fuese mayor que la piel de un buey. Elisa, quien además de bella e intrépida era también muy inteligente, mandó a matar un buey grande, hizo cortar su piel en trozos muy finos y luego los unió, logrando abarcar una gran extensión donde, sin contradecir la voluntad de Hiorbas, fundó la histórica ciudad de Cartago (Qor Hadest, según su nombre fenicio).

Seducido por la deslumbrante belleza y la gran inteligencia de Elisa, Hiorbas quiso casarse por ella, incluso por la fuerza, y como ella se negara a sus pretensiones el rey libio amenazó con destruir la recién fundada ciudad fenicia y matar a todos sus habitantes.

Elisa (Dido) tuvo que aceptar la propuesta de Hiorbas, pero durante la ceremonia nupcial se clavó una daga en el corazón y se arrojó sobre una hoguera. Así pasó a la leyenda como símbolo de la fidelidad a un compromiso de amor, hasta después de la muerte.

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