Guillermo Rothschuh Villanueva
El tiempo avanza y en Nicaragua ningún medio de comunicación, escrito, radial o televisivo ha dado el primer paso para nombrar al defensor del lector. Mientras los medios cada día piden mayores espacios para operar y piden cuentas a todo mundo, se han mostrado renuentes a rendir las suyas ante las distintas audiencias. Para iniciar este proceso hace falta que nombren al defensor de las audiencias y así demostrar en la práctica que se muestran permeables ante la sociedad.
La figura de la defensoría sigue cobrando vida en el ámbito latinoamericano. La amplitud con que operan los distintos medios se compagina con el postulado de la autorregulación que prescriben como norma para el ejercicio profesional y así evitar intromisiones excesivas de parte de los distintos poderes. Los medios están obligados a dar el primer paso. Servir de espejo en esta sociedad. Una de las sustentaciones más preciosas que sostiene a la figura de la defensoría es que ha venido a romper en diferentes países con el mito de que los medios se muestran reacios en la práctica a rendir cuentas ante los lectores por todo lo que publican o difunden.
La defensoría no es más que la figura que encarna el principio de que nadie queda excluido de rendir cuentas ante la sociedad, incluyendo a los medios. El defensor sin embargo no es una persona que tiene mayores potestades que aquéllas que derivan de ser nombradas para defender a los lectores, radioescuchas o televidentes, de deslices éticos, imprecisiones, errores o equivocaciones en que incurran los medios. Es una figura cuya autoridad descansa entre otros elementos, en el manual de estilo, el código de ética y las regulaciones propias de cada medio. Tiene el mérito de ubicarse de manera equidistante de los redactores y de los propios directivos o dueños de los medios. En palabras de Darío Restrepo, el defensor no tiene autoridad sobre los redactores ni recibe órdenes de los propietarios de los medios. Su autoridad es una autoridad ética, pero también profesional. Si asume el cargo es porque posee el bagaje y la sensibilidad suficiente como para colocarse y mediar entre los lectores, escuchas y televidentes y quienes constituyen los distintos equipos de redacción en los medios.
El defensor es un garante de todo cuanto sale publicado, mostrándose sensible ante las diferentes demandas que puedan plantearle las audiencias. Pero esto no quiere decir que pueda sancionar a los redactores, su función básica es llegar a través del enjuiciamiento crítico a dar la razón a quien la tiene y a ofrecer las disculpas y las correcciones que caben en el caso que las equivocaciones o errores provengan del medio. Aunque puede ir más allá. Actuar por iniciativa propia y no sólo a pedimento de la audiencia. Por eso se afirma que es una figura que ejerce una función pedagógica. Está ahí para aclarar dudas debido a que se trata antes que nada de una persona familiarizada con la vida interna del medio. Por eso la mayoría de las veces la defensoría recae sobre periodistas con cierta trayectoria. Se trata de alguien con una formación y un dominio del tema que lo vuelven en una figura confiable para el medio y las audiencias.
En Nicaragua, donde no existe una ley que regule el funcionamiento de los medios y llegado el momento de la obligación de rendir cuentas quienes piden cuentas a la sociedad, los grandes beneficiados al nombrar a su respectivo defensor serán los propios medios de comunicación. Lo que debe prevenirse es que este nombramiento no se haga solamente para salir del paso. El nombramiento del defensor del lector exige apertura y compromiso real del medio, pero sobre todo una conciencia esclarecida y un convencimiento explícito de rendir cuentas a sus audiencias. En otros términos, implica enviar un mensaje claro a la sociedad de que así como pide cuentas en nombre de ésta a los distintos poderes públicos y privados, de igual manera están dispuestos a rendir sus propias cuentas a la sociedad a la que se deben y para la que informan. ¡A la espera quedamos!
El autor es Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación