Edgard Rodríguez
Los Diamondbacks de Arizona podrían necesitar mucho más que el carácter fuerte y el estilo agresivo de Wally Backman para escapar de la mediocridad que los persiguió a través de todo la campaña pasada.
Después de bajarle el copete a los Yanquis en el 2001, para convertirse en la franquicia que más rápidamente alcanzaba un título, Arizona se vino de bruces contra el piso este año y perdió 111 juegos.
Ahora han dado las riendas del club a Backman, un ex camarero de fiera personalidad, que ayudó a los Mets a coronarse en 1986 contra Boston. Será el cuarto mentor de un equipo que apenas irá a su octava temporada.
Tras iniciar con Buck Showalter, Arizona contrató más adelante a Bob Brenly, quien los guió al título ante los Yanquis, pero fue despedido este año y reemplazo por Alfredo Pedrique. Ahora es el turno para Backman.
Backman nunca ha dirigido en las Grandes Ligas pero tiene sólidos antecedentes como timonel en las Menores. De modo que su éxito dirigiendo jóvenes, lleva a la lectura que Arizona podría entrar a una fase de reconstrucción, basada en sus nuevos valores.
“No hay reconstrucción. Vengo a ganar”, dijo Backman en conferencia de prensa, sin embargo las deudas de los Diamondbacks y lo despoblado que luce su plantel, supone que no hay otra opción que sacrificar el presente pensando en el futuro.
Y parte de ese sacrificio podría ser deshacerse de Randy Johnson, cuyos 17 millones de dólares de salario, son una gran carga que el equipo no está en capacidad de soportar. Y no hay que olvidar que Johnson ya tiene 41 años y es mejor prevenir.
A la vez, un canje por Johnson, que sigue siendo atractivo para varios de los principales equipos de las Mayores, podría permitirles obtener algunos prospectos que contribuirían a la conformación del equipo del futuro.
La experiencia más reciente en cambios para Arizona no fue muy halagüeña. Soltaron a Curt Schilling y Boston les entregó a Casey Fossum, Brandon Lyon, Jorge de la Rosa y Michael Goss, ninguno de los cuales hizo algo significativo.
Sin embargo, tendrán que intentarlo con Johnson, quien va al último año de su contrato. Pero más allá de lo que decidan con Randy, una cosa es clara: ese equipo necesita una severa transformación, considerando además que Backman no es propiamente Batman.