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Pronóstico reservado
La elección presidencial que tendrá lugar hoy en Estados Unidos ha motivado la atención internacional, como nunca antes había ocurrido.
En realidad, es tanto el interés que en todas partes del mundo ha suscitado esta elección —en la que se decidirá si en los próximos cuatro años seguirá gobernando el Republicano George W. Bush, o lo hará el Demócrata John Kerry— que afamados intelectuales de diversos países hasta han planteado la disparatada idea de que todos los ciudadanos del planeta deberían participar en la escogencia del Presidente de Estados Unidos.
Al respecto se afirma que si en la elección de hoy en Estados Unidos pudieran participar los ciudadanos de todo el mundo, el senador Demócrata Kerry sería elegido por abrumadora mayoría. Al presidente George W. Bush se le culpa de prácticamente todos los males que sufre actualmente la humanidad. En realidad, fuera de Estados Unidos son muy pocas las personas y medios de comunicación que se atreven a justificar las decisiones del presidente Bush, y mucho menos a defenderlo. Por ejemplo, casi todos los que opinan sobre la política internacional de Estados Unidos condenan el derrocamiento de Saddam Hussein y la guerra ordenada por Bush en Irak, pero se abstienen de condenar a los terroristas y a su líder Osama bin Laden.
Como sea, son los votantes estadounidenses los que van a decidir hoy quién los gobernará en los siguientes cuatro años, y el resultado de esta elección es de pronóstico reservado. De acuerdo con datos oficiales de los mismos Estados Unidos están registrados unos 143 millones de ciudadanos electores, de los cuales, según el organismo independiente estadounidense Comité para el Estudio del Electorado, podrían votar entre 117.5 millones y 121 millones. Si así fuera, habría un aumento de 10 ó 15 millones de votantes respecto de las elecciones del 2000 y sería la mayor afluencia de sufragantes en los últimos treinta años.
Ahora bien, de acuerdo con la prestigiosa firma encuestadora estadounidense, Zogby, en la votación popular de hoy en Estados Unidos tanto el presidente George W. Bush como el senador Demócrata John Kerry obtendrán igualmente el mismo 47 por ciento de los votos. Por su parte, la última encuesta qu hicieron conjuntamente la cadena de televisión ABC y el periódico Washington Post —el cual, a pesar de que llamó en su columna editorial a votar por Kerry, conserva la credibilidad en su profesionalismo informativo— le concedió a Bush una mínima ventaja de uno por ciento: 49 por ciento para Bush sobre 48 por ciento para Kerry.
Como sea, la incógnita de esta elección presidencial en Estados Unidos se podrá desvanecer hasta hoy en la noche, o quizás hasta muchos días después y sólo mediante sentencia judicial, debido a lo apretado de la escogencia y las complicaciones que podrían derivarse de un empate entre los dos candidatos.
En lo que respecta a Nicaragua, cuya historia por razones bien conocidas ha estado siempre muy vinculada a la suerte política de Estados Unidos, cualquiera que sea el resultado de esta elección presidencial estadounidense habrá de tener un inevitable y sensible impacto en la política y la economía nacional. Por lo menos, si gana el candidato Demócrata los miembros y simpatizantes del Frente Sandinista harán una gran algarabía, pues según ellos el senador John Kerry es “amigo personal” de Daniel Ortega y su administración presidencial le ayudaría a reconquistar la Presidencia de la República, o al menos no lo obstaculizaría como lo ha hecho Bush.
En realidad, las administraciones demócratas han sido relativamente favorables a los sandinistas: el presidente Carter facilitó el triunfo total del FSLN en 1979, mientras que el presidente Clinton ayudó a oxigenar a este partido, después de que fuera derrotado por las fuerzas democráticas en las elecciones del 25 de febrero de 1990.
Se dice, y con razón, que Estados Unidos no tiene amigos en ninguna parte, sólo intereses. Y es cierto, pero es indudable que sus cambios de matices gubernamentales —republicano o demócrata— influyen significativamente en los países subordinados, como Nicaragua.