Roly Grimshaw
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Transforme el monólogo en un diálogo
Roly Grimshaw
La forma más eficaz de preparar una presentación es establecer un diálogo con la audiencia. Por supuesto, no podemos esperar una respuesta de cada miembro del público. Y tampoco podríamos lidiar con esa respuesta si la obtuviésemos.
Pero si instalamos en nuestro discurso lo que hacemos naturalmente en una conversación, la audiencia sentirá que está participando en una conversación cara a cara.
Una forma de que exista un diálogo mental es hacer una pausa tras formular una idea. Una pausa como para preguntar a la audiencia “¿Entendieron este concepto?” Tal pausa obliga a un diálogo mental.
Los miembros de la audiencia comienzan a pensar en lo que se está diciendo. La conversación, cuando funciona, es un asunto de toma y daca.
Cuando hablamos, no miramos a la otra persona a los ojos. Nuestra tendencia es a contemplar por todas partes mientras hablamos y reposar la vista en quien escucha para advertir que se nos ha entendido.
La pausa de “¿Entendieron este concepto?” seguida de un contacto visual hace surgir una respuesta, generalmente un gesto de asentimiento o alguna otra señal de que la idea ha sido recibida y podemos continuar. Por lo tanto, es la persona que escucha quien marca el ritmo. Si recibimos como respuesta una mirada de aburrimiento o de sorpresa, reaccionamos en consecuencia, usando frases tales como: “¿Se da cuenta de lo que estoy diciendo?”
Preguntas retóricas son otra gran herramienta. He aquí un experimento. No intente pensar en la frase: “Este artículo es bastante interesante hasta ahora”. ¿No siente que es difícil no responder a eso? Inclusive si no me pueden gustar sus respuestas, lo he obligado a participar en un diálogo.