- Falta de presupuesto, mayor demanda de servicios y falta de crecimiento del personal médico contribuyen a la crisis hospitalaria
José Adán Silva
La tarde del lunes 20 de septiembre cayó en Managua un aguacero de dimensiones bíblicas. Como de costumbre la ciudad se inundó, la energía eléctrica se fue en algunas zonas, hubo caos vial y, lo alarmante, la Sala de Emergencias del Hospital Lenín Fonseca se inundó.
Los 28 pacientes que por desgracia estaban en el hospital a la hora de la lluvia tuvieron que ser trasladados a la sala de Consulta Externa, donde las goteras del techo, casi con tanta intensidad que la lluvia de afuera, causaban estragos.
El sábado 9 de octubre en horas de la tarde, justo cuando Managua parecía dormida por el sopor de los calores del verano, un temblor de 6.3 grados en la escala de Richter despertó a la aletargada ciudad y sacó a medio país de los interiores de casas, oficinas y edificios.
El susto fue ligero y no pasó a más, pero tras las huellas telúricas quedó un mal aviso en los hospitales de la capital: en el Vélez Paiz hubo fisuras en los muros y las paredes botaron vestigios de pinturas y algunos rellenos de cemento; el segundo piso fue desocupado y sigue así desde entonces, vacío y con esos aires fantasmales que transpiran las casas antiguas que han sido abandonadas al paso de los años.
En el Manolo Morales el sismo causó fisuras en las paredes de los cuatro quirófanos, provocó rompimiento en las paredes de la Sala de Cuidados Intensivos y en el sector de la central de equipos, además desprendió pedazos de cielo raso.
MENOS PLATA, MÁS GENTE
Dos pequeños incidentes de la naturaleza demostraron lo que desde hace tiempo se viene repitiendo: la mayoría de los hospitales públicos del país están al borde del colapso. Pero más allá de que la infraestructura hospitalaria esté en ruinas, para el secretario general de la Federación de Trabajadores de la Salud y diputado miembro de la Comisión de Salud, Gustavo Porras, lo que está más al borde del colapso es el sistema de salud. Sus argumentos son varios y complejos.
Dice que el principal elemento de la crisis de los hospitales y la salud en general es el poco presupuesto asignado a este sector. Dice que diversos estudios han determinado que en 1985 y 1990 el presupuesto asignado para salud fue de un promedio de 130 millones de dólares, y que de esa fecha para acá esa asignación ha bajado hasta estar en promedio de 70 y 85 millones de dólares.
A eso hay que relacionarlo con la tasa de crecimiento poblacional del país: 2.4 anual, más una tasa de natalidad cerca del 4 por ciento. “Es decir, que tenemos cada año cerca de 100 mil nuevos nicaragüenses que vienen demandando atención médica, con el mismo presupuesto de 1990”.
Otro factor que influye en la crisis de los hospitales, según Porras, es la falta de crecimiento del personal médico. “En 1990 teníamos 21,700 funcionarios médicos para una población de 3.2 millones de nicaragüenses, ahora, 14 años después, tenemos 21,500 personal médico para una población que se acerca a los seis millones”.
“A esta gente se le atiende en hospitales con más de 15 años de vida, que han estado sin el adecuado mantenimiento, y que fueron hechos como hospitales de emergencia para atender a la mitad de la población que hoy existe”, dijo Porras.