Parnaso

Luis Sánchez Sancho

Un amigo nicaragüense que reside en Miami, me sugirió escribir sobre el Parnaso, como se llamaba la hermosa montaña de Grecia donde residía Apolo atendido por las Musas, o sea las nueve divinidades femeninas que eran hijas de Zeus y de Mnemosina e inspiraban las artes y las ciencias.

Cuando los Titanes fueron derrotados en la lucha por el poder en el Olimpo, los dioses vencedores pidieron a Zeus que creara unas divinidades para celebrar su victoria. Accedió Zeus y para eso hizo el amor durante nueve noches seguidas a la bellísima Mnemosina. Así engendró a las nueve Musas, entre ellas Erato, inspiradora de la poesía erótica y lírica, y Calíope, de la poesía épica.

En el monte Parnaso, de una roca llamada Nimpea brotaba la fuente Castalia de cuyas límpidas aguas bebían los poetas para obtener su divina inspiración. Castalia había sido una ninfa bellísima a la que Apolo convirtió en fuente y dio a sus aguas la virtud de inspirar el numen de la poesía a quienes bebieran de ellas. (Los antiguos griegos atribuían a las fuentes naturales un sentido mágico. Creían que en sus corrientes discurrían espíritus divinos que ellos llamaban daimon o numen. Y en particular relacionaban a las fuentes con Apolo, Artemisa, Dionisos y Hermes).

Originalmente Parnaso era un dios secundario, hijo de Poseidón y de la danaide Cleodora, la que envenenó a su esposo y por eso como castigo fue entregada —para que la despedazaran— a las Erinias, las diosas de la venganza que moraban en el Infierno y salían a la Tierra a ejercer sus funciones con una daga en una mano y una antorcha en la otra, a fin de alumbrar en la oscuridad y que nadie se les pudiera escapar.

Parnaso fundó la ciudad de Delfos en la ladera de una de las más hermosas montañas de Grecia, a la que dio su nombre. En ese mismo lugar Parnaso estableció el Oráculo de Delfos, que después sería consagrado a Apolo porque allí mismo este dios de la Luz, cuando sólo tenía cuatro días de nacido mató a la gigantesca serpiente Pitón, uno de los grandes monstruos de las Tinieblas que aterrorizaba a los habitantes parnasianos.

En la cumbre del Parnaso se posó la nave que construyó Deucalión —el hijo de Prometeo— para salvarse junto con su mujer, Pirra, del diluvio universal y poder reproducir después a la especie humana. Del barro de la tierra que quedó del diluvio, la celosa Hera creó la gigantesca serpiente Pitón y la envió contra Letona para que la matara, por los amores que Zeus tenía con ella.

Letona, para huir de la monstruosa Pitón se arrojó al mar y a punto estaba de ahogarse cuando Poseidón hizo surgir una isla, que llamó Delos, para que le sirviera de refugio. Y en Delos Letona inició el culto a Apolo, agradecida porque éste mató a Pitón. Posteriormente el culto a Apolo fue trasladado a Delfos, donde se erigió su templo principal y se estableció su famoso Oráculo.

Cuenta la leyenda que el Oráculo de Delfos —o de Apolo—, cuando iba a dictar sus sentencias se sentaba sobre un trípode cubierto con la piel de Pitón. De allí surgió el nombre de pitonisas que se dio a las sacerdotisas cuya misión era predecir, una vez cada año, los designios de Apolo, así como responder las preguntas que les hacían los creyentes.

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