- Humo, sol y calor es la oferta que nace en un pueblo pobre de León yque empieza a pensar en mejores condiciones económicas
María Antonia López M.
Aventuras calientes es como podría denominarse la visita a la nueva opción que ofrece Hostal La Ceiba, Pueblo Turístico San Jacinto, en el departamento de León.
El calor no se limita a la posibilidad de admirar una erupción volcánica, pues se ubica en una zona casi incandescente, sino a la maravilla de admirar miles de burbujas calientes que emiten “sonidos de animales” como queriendo escapar de las entrañas de la tierra.
Este sitio se ubica en la margen de un pequeño pueblo que dista a 20 kilómetros de León, llamado San Jacinto. Sitio donde la esperanza empieza a nacer, desde que recién se inauguró un pequeño hostal con capacidad para 18 personas, donde la oferta de turismo de aventuras es la opción acogida por sus pobladores con el fin de encontrar el incentivo para un cambio de vida y desarrollo socioeconómico.
El hostal fue instalado en la antigua casa donde funcionaba el cine del pueblo, bajo la administración de la empresa turística Nicarao Lake Resort, cuyo representante, Enrique Zamora, indicó que la intención es aprovechar los recursos que ofrece el área para hacer turismo de aventura bajo el concepto de “pueblo turístico”.
Según Zamora, para lograr ese servicio se ha diseñado un plan que comprende la dormida en el hostal ubicado en el pueblo, una visita al museo de piezas arqueológicas, también montado por la misma empresa, además de alquiler de bicicletas y caballos, el recorrido por el pueblo, bordear y subir algunos volcanes, bañarse en una pequeña poza de aguas termales y visitar el área de los hervideros que dista a unos pocos metros del poblado.
Toda esa actividad es desarrollada de forma conjunta por personal de Nicarao Lake Resort, y muchos habitantes del pueblo, pues parte de ellas han sido compartidas como el alquiler de los caballos, las bicicletas que son rentadas y con cierta ganancia para quienes ofertan el servicio.
HERVORES AL CIENTO POR CIENTO
En iguales circunstancias estarán participando unos 20 niños, quienes al salir de clase se ocupan de ejercer dos oficios: guías turísticos para un recorrido y explicación de la situación de los hervideros, así como aprovechar para un ingreso extra elaborando pequeños candelabros o floreros, hechos del barro volcánico.
Así encontramos a los pequeños Javier Antonio Centeno, de siete años, junto a las niñas Luisa de los Ángeles Lumbí y Karina Vargas, quienes cursan el primer grado de primaria, dándose a la tarea de hacer recomendaciones sobre los hervideros: “no pise la parte blanca, porque allí va a rebrotar”, “antes había un hoyo allí pero fue tapado por el huracán Mitch y ahora se forma un volcán en la noche y estalla en la mañana”, explican.
Pero estos niños en la medida que van haciendo las recomendaciones del caso se dan a la tarea de ofrecer sus manualidades de barro. “Esto nosotros lo regalamos pero si usted nos quiere dar algo…” y queda la sugerencia en el aire… De pronto las manos del visitante se pueden encontrar llenas de muchas formas moldeadas de barro, rojo, rosados, grises, y otros que van cambiando según el sitio de donde se extraiga.
Otra fuente de riqueza de estos hervideros que es medianamente aprovechada es la arcilla con azufre, la cual es a veces embolsada sin mayor presentación, pero vendida a quienes la solicitan hasta por cinco córdobas. Las propiedades cosmetológicas y dermatológicas de esta mezcla natural recogida en el sitio aún no han sido llevadas a laboratorio, pero muchos creen en sus beneficios. Al igual que los obtenidos por las aguas tibias en la poza El Salto, ubicado a pocos metros de la salida del pueblo, donde la gente asiste a quitarse las dolencias pasando varias horas en el agua con diferentes grados de temperatura.
LA EXPECTATIVA CRECE
En este pueblo hay dos actividades predominantes a la fecha: la ganadería y la siembra de granos básicos. Esta última con dificultades muy severas, debido a las altas temperaturas de la zona, los gases que desprenden los volcanes activos y las pocas oportunidades de poseer tierras planas, lo que lleva a los agricultores a sembrar en ladera.
Por eso es que una inversión como el Hostal La Ceiba Pueblo Turístico San Jacinto llena de expectativas a los pobladores. Es el caso de Cándida Rosa Estrada, propietaria de una pulpería ubicada exactamente frente a la nueva estancia de descanso, quien ve de forma entusiasta la llegada de esa inversión, pues considera que su ubicación es ahora estratégica, aunque el abastecimiento de su pulpería representa algún esfuerzo adicional, ya que debe viajar hasta León donde realiza las compras y regresa en bus al pueblo, eso eleva un poco el precio de los productos.
Cándida Rosa recuerda, que en San Jacinto son muy pocas las oportunidades de desarrollo que se han presentado. Hace muchos años se creía que con el proyecto geotérmico San Jacinto-Tizate el pueblo saldría adelante, pero no fue concluido. Recientemente han escuchado de una renovación del mismo y esperan hayan fuentes de empleo.
En iguales circunstancias se expresó María Hortensia Morán, una mujer de edad que habita a la entrada de los hervideros, coloca su mesa con naranjas peladas a la espera de clientes, generalmente niños, que demandan la fruta barata y jugosa vendida en un córdoba.
“La esperanza que tenemos es que venga más gente al pueblo, yo siempre vendo naranjas, aunque cuando no están en temporada me resulta más caro comprarlas”, detalló Morán.
PIÉRDASE EN LA CALENTURA
Si quiere más emoción el turista tiene varias opciones en caliente. Los recorridos para visitar, bordear, escalar los volcanes San Jacinto, Telica, Santa Clara y Cerro Negro.
Para llegar hasta ellos, hay varias opciones: hasta los más cercanos se accede, a pie o a caballo, eso dependerá de la resistencia de quien se lanza a la aventura.
A los más lejos, cuya intención sea subir a la cúspide, hacer otro tipo de actividades como ciclismo de montaña, escalar sobre arena, el Safari Truck, le lleva hasta las orillas del Cerro Negro.
Aunque para llegar a este sitio, el aventurero tiene la posibilidad de entrar en la vegetación, convivir con pequeños insectos de variados colores, sentir un aroma particular, pisar la negra arena de viejas erupciones volcánicas y hasta perderse por las decenas de caminos de carretas de los extractores de leña, que se encuentran con cierta frecuencia durante el día.
Si desea seguir más adelante, con suerte puede conocer la laguna volcánica Asososca de un verde esmeralda y concluir en las Ruinas de León Viejo, un patrimonio cultural.