Sapjha Hamad E.
Este fenómeno de la tecnología ha venido a favorecer a unos y dañar a otros. Algunas profesiones podrían desaparecer del mismo modo que el herrero de caballos quedó obsoleto cuando se difundió masivamente el automóvil. Para el ser humano común, hoy su vida privada es más accesible a las organizaciones comerciales y los gobiernos. No se sabe qué información es relevante o irrelevante para nuestras vidas, pero lo cierto es que con esta nueva revolución tecnológica hay rápido acceso a múltiple información.
Hemos dirigido toda nuestra inteligencia y energía a inventar máquinas que no hacen más que incrementar el abastecimiento de información y conexas que enriquecen nuestra visión del mundo y de nosotros mismos. Vivimos en una economía donde lo más importante ya no es la tierra (factor clave en una sociedad agrícola), ni en las materias primas, máquinas e industrias (de la revolución industrial), sino el conocimiento. Ello significa que el futuro de un pueblo pasa a depender sobre todo de la enseñanza y de la investigación de su sistema educacional.
Precisamente en la época en que nuestras escuelas públicas y centros de investigación están siendo mermados, sea por causa de los ajustes económicos, sea por falta de voluntad política.
Cada nueva tecnología crea una nueva cultura. Los cambios que nos promete la era digital no se producirán tan rápido como se nos anticipa, pero sus efectos serán mucho mayores de lo que se pronostica. La comunicación pública y sus paradigmas de sustento han de ser repensados a la luz de los medios que nos trae la era digital, hay que aventurarse a hacer la comunicación que queremos, sin complejos ni fanatismos, porque hay una nueva oportunidad para los medios, para los comunicadores, y también para la paz.
Las décadas recientes han sido escenario de un avance tecnológico sin precedentes, con extraordinarios avances en medicina, agricultura, energía, tecnología de la información y las comunicaciones, que ofrecen grandes oportunidades para poner el poder de la tecnología a trabajar para el desarrollo.
Las innovaciones tecnológicas ya conocidas pueden hacer mucho para aumentar la productividad y abordar problemas como las enfermedades, el suministro de agua y saneamiento, la higiene y el hambre. Pero todavía hay que franquear muchas barreras: energía de bajo costo para comunidades pobres, curas para la enfermedad del sueño, vacuna para el VIH/Sida y respuesta a los nuevos desafíos que surgen continuamente. Las innovaciones tecnológicas pueden acelerar el progreso hacia el desarrollo de un sistema financiero y de comercio abierto, regulado, previsible y no discriminatorio. También estas innovaciones permitirán, en colaboración con el sector privado, velar porque se puedan aprovechar los beneficios de las nuevas tecnologías, en particular las tecnologías de la información y de las comunicaciones.
Las comunicaciones se han acelerado por medio de la electrónica, la informática y los satélites. El saber se condensa, y el trabajo se divide entre quienes lo conciben y quienes lo ejecutan. El poder lo tiene la información, y es mayor si está mejor distribuido.
La difusión de la técnica no es homogénea ni simultánea; es dispareja, lenta y muchas veces se excluyen de su ámbito zonas consideradas fuera de equilibrio o retardatarias. También puede ocurrir que coexistan sistemas técnicos diferentes, modernos y antiguos. La transferencia de tecnologías encuentra obstáculos no sólo cuando es de un país más desarrollado a otro que no tiene el mismo nivel, sino que se trata de un fenómeno social complejo.
El cambio tecnológico es masivo cuando se introduce a toda la población. Puede ser inducido o congestionado y planeado. Los cambios acelerados son los que producen mayor desarticulación y desequilibrio entre lo viejo y lo nuevo. Por su forma de introducción, de aplicación o por sus fines, pueden afectar a grandes grupos sociales y producir alteraciones en la vida de las comunidades.
La autora es Directora de Prensa y Relaciones Públicas de Telcor