Alberto Vásquez Rodríguez
Las elecciones en Nicaragua son toda una epopeya. Se marcan dentro de un proceso de cuotas de poder y se disputan entre los más fuertes tanto económico como políticamente.
En el pasado las experiencias de las oligarquías libero-conservadoras, en el presente los pactos libero-sandinistas. Tal parece que la desgracia marcada para nuestro país es ser rehén de dos corrientes políticas antagónicas. No existe y nunca ha existido la visión de partido o de nación. Lo que siempre ha prevalecido son los mezquinos intereses personales de los políticos o seudopolíticos de turno.
Los conservadores son un partido político que existe solamente en períodos de elecciones, pues se conforman con disputarse los puestos públicos que les asignan. En fin, es una fuerza política que sólo existe de nombre.