El café con desventaja

Douglas Carcache

Está bien que haya un salario base para los cortadores de café, pero es contraproducente que los caficultores de Nicaragua se apeguen a él de forma estricta, evitando pagar más, porque seguirán en desventaja frente a sus competidores de Costa Rica que siguen atrayendo a los jornaleros nicaragüenses con una oferta salarial mejor.

Me parece una pérdida de tiempo que empresarios del café y sindicalistas pasen varias semanas discutiendo qué precio mínimo pagar, sin ponerse de acuerdo, porque los primeros quieren dar poco y los últimos exigen más. ¿Por qué no dejan que la ley de la oferta y la demanda diga la última palabra, por encima de la paga básica? El consenso en esa negociación siempre será difícil de conseguir, porque los caficultores nicas van a defender sus ganancias bajando los costos de producción lo más que puedan; y el negocio de los sindicalistas es mostrarse como defensores únicos de los trabajadores exigiendo hasta lo imposible, porque así mantendrán seguidores que les den aportes económicos.

Detrás de ese escenario está la realidad cruda. Los cortadores de café nicaragüenses saben que en Costa Rica pagan mejor y se hospedan en mejores condiciones en las fincas. Entonces, aunque la policía tica haga redadas de migrantes indocumentados en la frontera, los campesinos nicas se arriesgan y cruzan, y cientos o miles de ellos llegan a su destino laboral.

Los mismos jornaleros nicaragüenses dicen que prefieren ir a Costa Rica porque en su país les pagan siete córdobas por lata de café cortada, mientras que en el país vecino del sur, donde hacen falta brazos para levantar la cosecha, reciben el equivalente a 14 córdobas (US$0.85). Una razón de oferta y demanda los atrae.

Un sindicato campesino nicaragüense propuso en la mesa de negociaciones, ante el gobierno y los empresarios, que le aumentaran el 35 por ciento a la paga de los cortadores de café, con relación al año anterior. O sea, si les pagaban siete córdobas por lata, les pagarían 9.45 córdobas, una diferencia de 2 córdobas con 45 centavos.

El representante de los caficultores de Nicaragua respondió de forma tajante: “Imposible de cubrir”. Con frecuencia estos agricultores se quejan de que les va mal, que pierden con cada cosecha, y siempre tienen a quien o a que culpar, ya sea el Gobierno o algún fenómeno natural. En Costa Rica los cortadores parecen más motivados porque recogen un promedio de 8 a 10 latas de café por día cada uno, mientras en Nicaragua consiguen entre 4 y 5 latas.

Las fincas de café nicaragüenses necesitan cortadores y éstos tienen ofertas tanto en este país como en Costa Rica. El problema, creo, no son los jornaleros, sino los empresarios que necesitan producir con más eficiencia.

Los caficultores costarricenses producen 27 quintales por hectárea y los nicaragüenses 12 por hectárea. Es obvio que los ticos pueden pagar mejor la mano de obra y, aun así, ganar más al exportar su producto.

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