- La falta de empleos dignos y la pérdida de las cosechas han obligado a familias campesinas nicaragüenses a emigrar a la vecina Costa Rica en busca de trabajo. Muchos de ellos son deportados por las autoridades migratorias de ese país, que a diario realizan operativos contra los indocumentados. Estudios recientes refieren que en la región fronteriza tica abundan los migrantes circulares, quienes residen en Nicaragua y cruzan la frontera regularmente para trabajar.
Beatriz CéspedesSAN CARLOS – NICARAGUA /LOS CHILES – COSTA RICA
La soledad de las calles de San Carlos se rompe los días en que campesinos provenientes de todas partes del país, llegan para viajar en las pangas que recorren Río San Juan. Sus destinos son cualquier punto en la ribera del río, que les lleve por veredas hasta un punto ciego de la frontera con Costa Rica. El común denominador detrás de cada una de sus historias es viajar para “buscar vida”, integrándose a trabajar en la vecina Costa Rica y ganar hasta tres veces los salarios que pudieran obtener en un puesto de trabajo en Nicaragua.
La mayoría llevan ya varios años en esa “aventura” de cruzar la frontera y burlar los puestos, hasta llegar a la finca cafetalera, la plantación bananera, el taller de carpintería o el hogar costarricense donde le esperan como jardinero, cocinera o niñera.
Convenimos con ellos en no dar sus nombres ni mostrar directamente sus rostros, cuando los encontramos a la espera de ingresar en la portuaria y subir a la lancha que les acerca a ese próximo y a la vez incierto futuro.
Juan —así le llamaremos—, llegó en el barco que cruza el Lago Cocibolca desde la Isla de Ometepe, es un veterano en estas lides. Hace 15 años realizó su primer viaje y estuvo cortando café, luego se integró a trabajar “a una plantación bananera de la Standard” donde gana de 80 a 100 mil colones (2,100/2,700 córdobas) por quincena.
Juan nos cuenta que no retira su salario de inmediato, ya que en la plantación tiene hospedaje y comida, su quincena y la del resto de sus compañeros de labores, ingresa a la asociación que maneja la empresa, en donde se acumulan los salarios, dándoles porcentajes de interés cada mes y entrega de dinero en casos de emergencia.
Cuando termina la jornada retira su dinero y marcha en busca de una vereda que le retorne a Nicaragua. En la finca familiar le espera su padre, un hermano, su mujer y un hijo. “Tenía 10 meses de estar aquí y me puse a trabajar la tierra, pues mi padre ya está muy viejo, sembramos granos básicos pero las cosechas estuvieron malísimas, se perdió el arroz por la sequía y también los frijoles”, lamenta el campesino.
Junto a él está otro ometepino de 28 años, a quien llamaremos Jorge, expresa que “en Nicaragua la cosa está como decimos nosotros, arráncame la vida, y eso es lo que nos obliga a marchar dejando a la familia, por mi madre, mi viejo padre, mis hijos y por mi mismo”.
Jorge cruza la frontera rumbo a Puntarenas, hasta una finca donde lleva años de trabajar, cuidando ganado y chapodando los potreros por un salario equivalente a 1,200 córdobas quincenales, mientras en Nicaragua le pagarían menos de la mitad.
Cuenta que eventualmente le toca esconderse de la guardia tica cuando visitan la hacienda, y señala que conoce el caso de un pariente que fue retornado por la frontera de Peñas Blancas y despojado, por medio del chantaje, del dinero que llevaba para su familia por la guardia tica del sector.
El aviso de salida de la lancha llega y concluimos la conversación con ambos hombres, cuyos rostros serios y pensativos han dado paso a sonrisas e iluminadas miradas al finalizar la plática. Segundos antes de abordar la lancha, Jorge no evita comentar: “Me siento orgulloso de que LA PRENSA haga estos reportajes de nosotros a quienes la necesidad nos lanza al mundo”.
A LOS CAFETALES
Pero en la portuaria aún quedan muchos esperando las siguientes embarcaciones. Uno de ellos, Léster, comenta que vienen desde Chinandega hasta el sector de Pérez Zeledón a una finca cafetalera. Ésta es la sexta vez que emprende viaje. “Allá me pagan a 500 colones (C$20) la cajuela, que es la misma lata que acá pagan a 7 córdobas y yo me corto un promedio de 10 al día”.
Fernando, su primo de 20 años, aunque aparenta 16, viaja por primera vez. “En la casa somos ocho y de nosotros dos depende la comida de los demás, somos campesinos sin tierras y trabajo no se encuentra, si por lo menos tuviéramos unas tierritas nos quedaríamos sembrándolas”.
Los muchachos fueron víctimas de los ladrones en una ruta 114 de Managua y para poder llegar a San Carlos vendieron los peroles que llevaban para cocinar. “En la hacienda como somos dos, nos darán una habitación grande, sin camastro pero limpia y con unas cuantas piedras se arma la cocina para calentar la comidita. Los ticos le llaman baches y ni parecidos a los campamentos de las haciendas en Nicaragua, que son unas pocilgas y nos dan hasta comida cruda”, lamentó el campesino.
Conversando con Léster nos enteramos que a lo largo de la frontera no sólo cruzan los nicaragüenses para Costa Rica, sino que más de algún tico aventurero se cruza los mojones para entrar a Nicaragua.
ESTADÍSTICAS SE MANTIENEN
Margarita Ulloa es la delegada interina de Migración en San Carlos. Ella explica que este puesto de migración aparte de atender a los ciudadanos y extranjeros que viajan con sus documentos en orden, recibe a ciudadanos nicaragüenses rechazados y casos aislados de deportación, que envía migración de Costa Rica.
“Estos casos se hacen mas visibles entre octubre y noviembre que es la época de integrarse a los cortes, en tiempo de Navidad y Semana Santa, igual para enero y Día de las Madres. Son los momentos en que aumentan también los permisos vecinales y el tránsito entre fronteras”, explica.
En marzo de este año el promedio de nicaragüenses retornados fue de 26 por día, 803 en el mes. “Algunos días se recibieron hasta 40 y 50 al día. En septiembre la cifra promedio fue de 15 retornados al día, hasta totalizar 459 en ese mes.
Ulloa explica que los números que arrojan las estadísticas de nicaragüenses que han sido capturados en la presente semana en Costa Rica y retornados a Nicaragua, son similares a los que se han manejado años atrás en esta época del año.
Una mayoría de los retornados viajan para aventurar y existen los casos llamados rechazos voluntarios, que es cuando nicaragüenses indocumentados se presentan a migración de Costa Rica para abandonar el país por el cruce fronterizo legal, la mayoría dan nombres falsos, ya que una nueva solicitud con su nombre verdadero sería automáticamente rechazada por 10 años.
MÁS NÚMEROS
Reportes publicados por los diarios costarricenses, provenientes de las estadísticas policiales en San Carlos, revelan que en lo que va de este año, la Fuerza Pública retornó a 1,435 nicaragüenses, en su mayoría varones.
Un 95 por ciento de los nicaragüenses indocumentados intentan entrar a Costa Rica por Los Chiles, un tres por ciento por Upala y un dos por ciento son detenidos en Boca Arenal u otros lugares como Boca San Carlos, Boca Tapada o Guatuso.
LOS RECLUTAN EN NICARAGUA
Diversas personas tanto en Nicaragua como en Costa Rica dijeron a LA PRENSA que hasta las comunidades nicaragüenses llegan coyotes ticos y nicas residentes en el país vecino, a convencer a los campesinos para que emigren a los cortes de café, cítricos y la zafra.
Algunos los estafan cobrándoles grandes cantidades de dinero por llevarlos a Costa Rica. “De Costa Rica llegan a las comunidades y por dos mil córdobas que les quitan a cada uno, les endulzan la cabeza con ofertas ‘seguras’ de trabajo en las fincas costarricenses”. Los campesinos piensan que algunos coyotes los han denunciado “ya que la policía migratoria aparece y nos capturan de manera sospechosa”.
Ileana Aguirre, de la comarca Los Chiles del municipio de San Carlos, Río San Juan, relató a uno de esos diarios ticos, que “llegó un sujeto de apellido Díaz, quien nos dijo que en la zona de Los Santos, San José, podíamos encontrar trabajo en la recolección de café”.
El grupo que se formó en la comarca caminó más de 30 kilómetros por día, hasta alcanzar las riberas del río Medio Queso y entre todos pagaron al coyote 45 mil colones (C$1,200) para que los llevara en el camión rumbo a los cafetales. Díaz resultó ser un novato coyote nicaragüense, residente en Costa Rica, quien fue capturado y deportado junto al grupo, luego de decomisarle la cédula.
EN CONTRASTE
Pasar por la oficina de Migración en San Carlos en Nicaragua, tomar la lancha y llegar al poblado fronterizo de Los Chiles en Costa Rica, toma alrededor de una hora. La lancha viaja sobre el Río Frío, cuyas aguas desembocan en el Río San Juan, a su paso el viajero puede disfrutar de la intensa fauna y flora de la Reserva Los Guatusos.
Se nota el contraste entre ambos poblados. Los Chiles refleja el progreso que desean los riosanjuaneños para su departamento: calles limpias, adoquinadas o asfaltadas, nuestros quioscos, cafetines o refresquerías, ahí llamadas sodas, y una oferta comercial que es alternativa para los hogares de Río San Juan por la cercanía y facilidad de acceso.
Las oficinas de Migración cuentan con un local amplio y con sistema computarizado, mientras que los funcionarios nicaragüenses hacen control manual de los viajeros que se desplazan por un estrecho pasillo.
Los teléfonos públicos están en cada cuadra y en el parque son cuatro, mientras en el departamento de Río San Juan no existe uno.
Pese a ese contraste, los “chilenos” costarricenses se encargan de hacernos saber que al igual que los sancarleños los pobladores de esta zona fronteriza se sienten “olvidados por su Gobierno”.
FAMILIAS EMIGRANDO
Un enorme balón de futbol, deporte rey de los costarricenses, es el monumento que adorna el amplio parque de Los Chiles. Al frente de su costado Norte destaca una casa de dos pisos, con un gran rótulo que dice: “Proyecto Albergue Migrantes, Nuestra Señora de Guadalupe”.
A media cuadra del mismo parque está ubicada la oficina consular de Nicaragua. Julieta Gómez Guillén, originaria de San Carlos, ejerce el cargo de cónsul, es una mujer dinámica y de amplio dominio del fenómeno de la migración.
“Entre el 2 y el 10 de octubre hemos atendido 238 casos de migrantes, cantidad menor en comparación a años anteriores. Pero este año me sorprenden dos fenómenos, el aumento migratorio de campesinos de Río San Juan, y su salida con la familia completa. Por lo general emigran los varones mayoritariamente de Chontales, Chinandega y Nueva Guinea y este año hay gran cantidad de niños y mujeres que provienen de Los Chiles, Nueva Armenia, Las Azucenas y El Castillo”.
La Cónsul indicó que los nicaragüenses que han obtenido su residencia al ir y venir a Nicaragua, deben pagar 30 dólares en Migración de Costa Rica por la solicitud migratoria más salvoconducto de salida y retorno, y en el Consulado nica otros 20 dólares por un timbre consular. Con el fin de evadir estos impuestos migratorios es que los nicas con cédula tica cruzan ilegalmente.
El pasado domingo en horas de la madrugada ingresaron al poblado 61 nicaragüenses custodiados por la policía y entregados a Migración de Los Chiles para ser retornados a Nicaragua, 33 de ellos eran mujeres y niños, entre ellos se encontraban los 40 detenidos del camión en Boca de Arenales.
UNA GRAN FAMILIA
El martes 12 habían ingresado a Los Chiles 37 nicaragüenses, y la sorpresa de todos es que 33 de ellos formaban parte del grupo de los 61 que fueron retornados a Nicaragua el día domingo.
Llegamos al Albergue Nuestra Señora de Guadalupe cuando recién habían almorzado y mientras en la cocina ya se daban adelantos a la preparación de la cena, en los cuartos y la sala de estar, mujeres y niños veían televisión, tomaban una siesta o conversaban descansando en los camarotes.
La mayor de las mujeres, doña Francisca Martínez, originaria de Los Chiles de Nicaragua, resultó ser madre de otras cuatro de las mujeres y de dos varones que estaban en el sótano de Migración, parte del grupo también eran dieciséis nietos en edades desde los cuatro meses hasta 18 años.
Para ella, los nietos y tres de sus hijos, era la primera vez que se atrevían a “cruzar la frontera”, dejando atrás una finca de 50 manzanas, con ocho gallinas, un chanchito y una hija cuidando hasta su regreso. “Este año sembramos maíz de primera y no nos dejaron nada esos animales”, refiere la campesina al referirse a la plaga de ratas que atacó a las comarcas de San Carlos y El Castillo.
“Después sembramos de balde, arroz, frijoles y yuca pero las animalas hasta las hojas de los palos se comieron. Esto nos obliga a salir para no morir de hambre junto con los hijos”, lamentó, secundada por su hija Teresa, de 25 años, quien viaja con sus hijos de 20 meses y 7 años.
Ellas fueron llevadas por las autoridades costarricenses en presencia del equipo de LA PRENSA. Molesto, un policía nos llamó la atención por tomar fotos a la policía, “usted no puede tomar fotos a la autoridad”.
LAS TABLILLAS
Nuestro permiso vecinal nos permitía circular únicamente en Los Chiles, por lo que el único paso fronterizo al que podíamos llegar era Las Tablillas. En taxi llegamos por el trecho de poco menos de cinco kilómetros. Mientras íbamos aún por la ciudad, notamos a un grupo de campesinos, de botas y mochilas, montándose apresuradamente en una camioneta de tina.
Durante el camino no vimos puestos de vigilancia o rondines policiales.
De repente volvimos a toparnos con los mochileros de botas, caminaban apresurados y en sus rostros marcaban una relajada sonrisa. Habían evitado ser deportados de una tierra donde se codicia su fuerza de trabajo, pero se adversa su condición de extranjeros.
ÁNGELES PARA MIGRANTES
Los varones esperan el momento, de su envío a Nicaragua, en un sótano del edificio migratorio, mientras las mujeres y los niños se depositan al cuido del Albergue Nuestra Señora de Guadalupe, creado en mayo del 2001 por Fray Guillermo Bonilla Carvajal, de la orden franciscana, con el fin de dar una respuesta cristiana al paso obligado de los migrantes y necesitados. El religioso también fue el impulsor de la creación del Asilo de Ancianos del poblado, que en un 90 por ciento aloja a migrantes nicas indocumentados.
El lema de Paz y Bien recibe al viajero que tiene la posibilidad de obtener alojamiento y alimentación gratuita por una noche, en un ambiente que asemeja a los internados colegiales, con camarotes en habitaciones ventiladas, limpias y una sala de estar, con televisión.
El albergue es un proyecto de la Pastoral Social de la Diócesis de Ciudad Quesada y de la Parroquia San Francisco de Asís de Los Chiles y está administrado por el fraile franciscano Orestes Téllez Martínez y el hermano marista Agustín Guezmes.
Los dos sacerdotes y la cónsul nicaragüense son catalogados por los migrantes nicaragüenses como “ángeles enviados por el cielo”, ya que no importando horarios ni fechas, llegan hasta donde están recluidos.
NO TODO ES TONO ROSA
Aunque Costa Rica se ha constituido en una fuente de trabajo para los nicaragüenses, para aquéllos que residen en ese país no todo es color de rosa. Los altos costos de la vida son la principal queja de María Elena Somarriba, oriunda de Masaya y residente en Santa Cecilia. “Es cierto que aquí la plata se gana, pero también así se va. Aquí todo es carísimo, las cosas cuestan el doble y usted sabe que allá (en Nicaragua) todo es más barato. Pero igual no hay trabajo”.