Reto nacional

Israel Kontorowski

En las cúpulas pretenden ser ellos los iluminados y dueños absolutos de la verdad, por lo que tratan de imponerse como el liderazgo que siempre dé respuesta y conduzca el destino de su pueblo. Pero los frutos de sus gestiones nos dan la verdadera dimensión de lo trágico de sus actuaciones.

A los nicaragüenses nos gusta repetirnos que nuestro país es bello y rico, pero la cara que mostramos al mundo es de una miseria y fealdad sin parangón. Nos agrada citar a Rubén Darío con su célebre frase de que “si es pequeña la patria uno grande la sueña”, pero no basta con soñar, es necesario luchar contra viento y marea para que nuestro sueño se haga realidad. En síntesis los nicaragüenses enfrentamos el reto de pasar de la palabra a la acción. De la apatía a la voluntad. De la queja a la exigencia; queremos un país mejor, donde las cosas funcionen bien para todos.

Afortunadamente los que no hemos perdido la esperanza creemos que en la medida que la descomposición de las instituciones se acentúa, la amplia mayoría doliente de nuestro país despertará y dará un campanazo que hará vibrar y derrumbará a todo aquello que estando enfermo y distorsionado en nuestras instituciones, le da la espalda al bien común y frustra las ilusiones de la gran mayoría de la población.

Hoy por hoy la Alianza por la República es el instrumento ideal con que contamos los nicaragüenses para dar ese campanazo y terminar por remover lo que todavía nos tiene atados al pasado y no nos deja construir ese futuro que soñamos y nos merecemos. Ha llegado la hora de empezar a construir juntos, en armonía, un futuro más promisorio para todos.

Las aberraciones jurásico-jurídicas de manera permanente han puesto en evidencia la grave debacle institucional producto del pacto que mantienen secuestradas las esperanzas de la población nicaragüense. Esto no es nuevo, en realidad es sólo un eslabón más en la larga historia de atropellos que los sedientos de poder, en sus distintas épocas, han manipulado para hacerse del poder y perennizarse en el mismo. Aunque nos duela, forma parte de la tradición política de Nicaragua. Por eso estamos hoy como estamos.

La cúpulas subsisten al organizarse en una camarilla de incondicionales, para con ello dominar de una manera absoluta con espíritu totalitario un partido político en el cual no hay espacio para disidencias mucho menos por la renovación y desarrollo. Con ello controlan y se reparten el poder para mirar por sus intereses. El que sale perdiendo es el pueblo.

Desafortunadamente, y tradicionalmente, la mayoría de los nicaragüenses hemos llegado a las urnas electorales más con el ánimo de derrotar al adversario que para buscar una salida real a los graves problemas que agobian a la República y la mantienen postrada a pesar de los esfuerzos por levantarse. No estamos conscientes a plenitud de que los errores o caprichos de hoy repercutirán negativamente sobre nosotros mañana.

Si revisamos la historia de nuestra devastada República veremos que es una madeja enredada y repetitiva en la que los distintos caudillos han recurrido a las mismas estratagemas, para conseguir y tratar de mantener el poder. Y las pocas veces que se ha presentado la oportunidad para dar un giro a nuestro amargo destino, los poderes omnímodos han utilizado todos los medios para aferrarse y no han dudado en llegar a cualquier consecuencia para lograrlo.

Hoy en día los nicaragüenses tenemos la oportunidad de unir nuestras voluntades para construir entre todos el país que soñamos. Esa oportunidad está en la Alianza por la República. Nadie tiene fuerza para destruirnos si nos unimos. Ha llegado la hora de rescatar el país para todos, quitándoselo a los que lo habían secuestrado para ellos en nuestro nombre.

El autor es jefe nacional de campaña, Alianza por la República.

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