Luis Sánchez Sancho
El amigo Jaime Vega me pidió escribir sobre el mito de Sísifo, y que lo vinculara a la situación en que se encuentra el pueblo de Nicaragua, que pareciera sufrir una maldición como la de ese personaje de la mitología griega.
En realidad, a pesar de que el pueblo de Nicaragua ha hecho y sigue haciendo muchos esfuerzos para de salir del atraso, la pobreza y el primitivismo de la cultura política, cuando logra avanzar y pareciera acercarse a la meta, algo grave ocurre y de nuevo vuelve al punto de partida. Es como una condena.
Ya escribí una columna sobre Sísifo, la que fue publicada en LA PRENSA del viernes 3 de octubre del año pasado. En aquella ocasión señalé, precisamente, que “algunos analistas políticos suelen decir, en sentido figurado, que Nicaragua sufre el suplicio de Sísifo, el personaje de la mitología griega que fue condenado a empujar una enorme y pesada piedra hasta la cima de una montaña, y cuando parecía llegar a la meta la roca se le escapaba, rodaba hacia abajo y el condenado tenía que volver a subirla. Y así eternamente”.
En aquella oportunidad mencioné los aspectos fundamentales de la historia de Sísifo. Sin embargo, aunque alrededor de éste y de cualquier otro personaje mitológico griego se pueden escribir muchos artículos, libros inclusive, me referiré ahora sólo a la simbología del mito de Sísifo, de cuyas aventuras (era un pillo consumado que se burlaba hasta de los dioses) el primero que habló fue Homero a quien se atribuyen los grandes clásicos de la antigüedad griega: la Ilíada y la Odisea.
Por otra parte, se considera que el mejor estudio sobre el mito de Sísifo lo hizo el afamado filósofo y escritor francés de origen argelino, Albert Camus (1913-1960), en un ensayo titulado El mito de Sísifo. Camus interpreta que la condena de los dioses contra Sísifo, “a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso”, significa que “no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza”.
El filósofo francés menciona que Sísifo fue castigado por haber denunciado a Zeus —quien después de raptar a Egina pasó con su víctima por Corinto, donde reinaba Sísifo—, ante el dios-río Asopo, padre de la doncella raptada. Pero Sísifo reveló la identidad del raptor de Egina, a cambio de que el dios acuático Asopo hiciera manar una fuente en Corinto, donde no había agua potable, para que los corinteños no siguieran sufriendo por la falta del líquido vital.
O sea que Sísifo desafió al dios supremo del Olimpo y se expuso a su terrible ira e implacable venganza, por hacerle un bien a la humanidad. Eso mismo fue lo que hizo Prometeo, quien robó el fuego de los dioses para darle alma a los humanos, y por eso fue encadenado a una roca en el Cáucaso donde un buitre le roía el hígado eternamente.
También se dice que el mito de Sísifo simboliza la ambición humana nunca satisfecha. Y algunos estudiosos de Camus advierten que éste llamó a Sísifo “el héroe absurdo” porque representa la absurdez de la tensión reiterativa e inútil del hombre actual.
En todo caso, sin duda que tienen razón quienes dicen que los nicaragüenses nos parecemos a Sísifo, porque nunca dejamos de empujar la roca hacia arriba pero jamás llegamos a la cima, y pareciera que nunca la vamos a alcanzar.