Julio León Báez
Recientemente he visitado de manera constante la maravillosa Biblioteca del Banco Central Roberto Incer Barquero, con el objetivo de realizar ciertas investigaciones. Es admirable la atención eficaz y profesional del personal que atiende dicha biblioteca. Pero por otro lado es lamentable la falta de seriedad y educación de algunos usuarios, generalmente estudiantes, que se comportan de manera poco adecuada en ese recinto.
Por ejemplo, mantienen el celular encendido, no guardan silencio, algunos hacen tertulias y citas amorosas, y los peores son los usuarios “terroristas” que mutilan, manchan y hasta roban el material bibliográfico y hemerográfico.
¿Qué hacer ante estas anomalías? Educar a los jóvenes desde que son niños, en el preescolar, para que cuando alcancen la edad adulta sepan apreciar el acervo bibliográfico y hagan uso correcto del mismo. Los estudiantes e investigadores deben tener conciencia del costo económico que implica al Banco Central el material y mantenimiento de esa biblioteca que es un tesoro nacional.
También asisten a la Biblioteca del Banco Central conocidos profesionales de la investigación vestidos con una coraza de prepotencia, pretendiendo ser atendidos como “vacas sagradas”, llegando con su malacrianza a ultrajar a los referencistas. Hay que hacer uso correcto de las bibliotecas, centros de documentación y archivos, y recordar que el material que poseen estos centros otras personas también tienen derecho a utilizar y por consiguiente debe estar en buen estado.