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Evitar haitianización de Nicaragua
Las aclaraciones que hizo anoche el presidente Enrique Bolaños en su comparecencia ante la nación, sobre el origen, uso y rendición de cuentas sobre cheques y fondos de su campaña electoral del año 2001, seguramente persuadieron a muchos nicaragüenses de su inocencia ante las acusaciones que le hace la Contraloría General de la República. Pero sin duda que no convencieron a otras personas y mucho menos a sus enemigos jurados, que controlan otros poderes del Estado y han dicho que para ellos es una “cuestión de honor” despojar al presidente Bolaños de su cargo presidencial.
Pero la verdad es que cuando la lucha política se plantea en términos tan primitivos, como se acostumbra en Nicaragua, ningún contendiente acepta los argumentos del adversario, ni siquiera los escucha sino que simplemente los descalifica y rechaza.
Por eso es muy importante que haya venido a Nicaragua una delegación de alto nivel de la Organización de Estados Americanos (OEA), la que evaluará las explicaciones del presidente Bolaños y las contrastará con los argumentos de los otros protagonistas de este drama o comedia política, para sacar sus propias conclusiones y hacer el informe correspondiente.
Al respecto cabe decir que resulta penoso que después de 14 años y 6 meses de que comenzó la transición a la democracia, Nicaragua todavía tenga que depender de intermediarios extranjeros para poder preservar las instituciones democráticas que tantos esfuerzos nacionales e internacionales ha costado establecer. Pero ante la perversión partidarista de las instituciones republicanas y la brutalidad de la “cultura” política nicaragüense, es comprensible que no haya más remedio que recurrir a las instancias internacionales de derecho.
Por cierto que a la OEA siempre se le ha criticado de ser un organismo lento que llega a los lugares de conflicto hasta cuando ya el daño está hecho y es irreversible. Pero ahora, por primera vez la OEA se ha apresurado a acudir “antes de que la sangre llegue al río”, con la intención de prevenir en vez de tener que lamentar después que dos grupos de aventureros políticos “haitianicen” a Nicaragua, con lo que podrían también dañar a la estabilidad de los países vecinos.
En realidad, la democracia de Nicaragua le cuesta mucho a la comunidad internacional, y no sólo por la cuantiosa ayuda económica que le ha brindado al país sino también porque este proceso democrático nació de unos acuerdos interestatales: los de Esquipulas II. Por otro lado pero en el mismo orden, la OEA no sólo está facultada por su Carta constitutiva y por la Carta Democrática Interamericana (Capítulo IV. Fortalecimiento y Preservación de la Institucionalidad Democrática), para tomar medidas en situaciones de crisis como la que sufre ahora Nicaragua, sino que debe actuar con rapidez, de manera preventiva, y no hasta después de que se cometan las “locuras” (golpe de Estado militar, destierro o derrocamiento por la fuerza del Presidente) que según algunos diputados nicaragüenses son las únicas circunstancias que ameritan la intervención de la OEA .
La preocupación de la comunidad internacional por el grave peligro que corre la democracia de Nicaragua, y la acción de amigable componedor que ha asumido la OEA en este caso, deberían ser suficientes para calmar las pasiones de los políticos liberales arnoldistas y sandinistas orteguistas. Ellos tienen derecho de oponerse al presidente Enrique Bolaños, pero también tienen obligación de comportarse como personas civilizadas y políticos responsables, y dejar que el actual Presidente de la República gobierne hasta que termine su período constitucional.
Y en cuanto a las explicaciones del presidente Bolaños sobre los fondos que usó en su campaña electoral, quedó claramente confirmada la necesidad de que se ejerza un verdadero control de las sumas millonarias que el PLC y FSLN manejan en las campañas electorales, para lo cual en primer lugar hay que reformar la Ley Electoral pero también cambiar a los contralores y los magistrados partidistas del Consejo Supremo Electoral.