Empate por la frontera

Douglas Carcache

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Empate por la frontera


Douglas Carcache




El demócrata John Kerry y el republicano George W. Bush empataron al tratar el tema de la seguridad en la frontera sur de Estados Unidos, donde cada día se filtran miles de latinoamericanos, la mayoría mexicanos, que buscan trabajos mejor remunerados.

Empataron al coincidir en que las autoridades estadounidenses deben ser más estrictas en la zona fronteriza para que menos migrantes la crucen, porque eso le preocupa a votantes natos de Estados Unidos que ven con recelo el crecimiento de la población hispana, una mano de obra barata.

Creo que eso fue lo más importante de la discusión entre Kerry y Bush alrededor del asunto migratorio, en su último debate realizado en Arizona, la región donde cruzan más indocumentados que arriesgan la vida en el desierto con tal de conseguir empleo en Estados Unidos.

Lo demás, de que si legalizarán a no a los indocumentados que ya viven en territorio estadounidense, está por verse una vez que Bush o Kerry lleguen a gobernar en la Casa Blanca, porque entonces las decisiones sobre el tema migratorio estarán por debajo de otras más importantes, como la guerra en Irak o los tratados de libre comercio.

Bush ofrece permisos de trabajo temporales para los migrantes, si éstos en su país logran un acuerdo previo con su potencial empleador en Estados Unidos, siempre que ningún estadounidense esté dispuesto a hacer ese mismo trabajo.

El republicano cree que de esa manera las fronteras “serán más seguras”, pero los hechos indican que la impaciencia de los migrantes latinoamericanos por entrar a Estados Unidos podrían atorar esa ventana, y quienes no quepan seguirán saltando por la tapia.

Entre octubre del 2003 y marzo del 2004, la patrulla fronteriza estadounidense arrestó a 535 mil indocumentados a lo largo de la guardarraya mexicano-estadounidense. El 25 por ciento de ellos, más de 133 mil, procedían de Centroamérica y países sudamericanos.

Se cree que buena parte de esos migrantes, que cruzaron después de enero del 2004, lo hicieron motivados por la propuesta que hizo el presidente George W. Bush, al comenzar el año, de conceder un estatus legal a indocumentados que ya laboraban en Estados Unidos y a quienes estuvieran fuera del país y demostraran que les habían ofrecido un empleo.

Kerry también está de acuerdo en “terminar con la contratación ilegal” de inmigrantes, pero ofreció la legalización a los indocumentados que han vivido largo tiempo en Estados Unidos y tienen hijos estadounidenses.

El candidato demócrata, quien piensa que las fronteras de Estados Unidos tienen hoy más brechas que hace cuatro años, prometió condenas más duras para quienes contraten indocumentados.

La presión sobre esas fronteras sólo bajará cuando el empleo aumente en los países de Latinoamérica y, si ese empleo depende de las inversiones que genere el libre comercio, los legisladores en Washington, republicanos o demócratas, deberían aprobar cuanto antes esos acuerdos, como el Cafta, suscrito entre Centroamérica y Estados Unidos. Esto sí haría más segura la frontera.

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