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EL GOLPE PERFECTO DE MAZEROWSKI Pittsburg no llegaba a una Serie Mundial desde 1927, cuando fue borrado del campo por los Yankees. La revancha demoró nada menos que 33 años, cuando Bill Mazerowski sacó la pelota del Forbes Field de Pittsburgh y desató una verdadera locura. Con la conducción de Danny Murtaugh, los Piratas tenían […]

EL GOLPE PERFECTO DE MAZEROWSKI

Pittsburg no llegaba a una Serie Mundial desde 1927, cuando fue borrado del campo por los Yankees. La revancha demoró nada menos que 33 años, cuando Bill Mazerowski sacó la pelota del Forbes Field de Pittsburgh y desató una verdadera locura. Con la conducción de Danny Murtaugh, los Piratas tenían un equipo que parecía más débil que los siempre temibles Yankees. Toda la serie fue una guerra de batazos espectaculares que culminó con el recordado impacto de Mazerowski, un nombre que quedó ligado a la hazaña para siempre.

DON LARSEN Y UNA ACTUACION PERFECTA

Nadie lo ha podido igualar. Don Larsen se encontraba en su cuarta temporada en Grandes Ligas y conservaba antecedentes más bien mediocres, pero en 1955 fue transferido a los Yankees, donde el 8 de octubre de 1956 dejó su nombre grabado en la historia al retirar a los 27 bateadores que enfrentó. Fue en el quinto juego de la Serie Mundial contra los Dodgers de Brooklyn, que quedó en manos de los Yankees por 4 a 3. Larsen lanzó durante 14 años para siete equipos y acumuló 81 triunfos y 91 derrotas, con una efectividad de 3.78, pero jugó como nunca en aquella final.

EL HEROISMO DE KIRK GIBSON

Su gesto triunfador, con el físico maltrecho, quedó para la historia. En 1988, cuando los Dodgers vencieron a Oakland 4 a 1, Kirk Gibson fue enviado al bate por el manager Tom Lasorda a pesar de que apenas podía caminar. Ganaban los Athletics pero Gibson, a puro coraje, la sacó del campo y regaló una de las imágenes más dramáticas de la Serie Mundial. De todos modos, el triunfo de los angelinos tuvo un responsable principal, Orel Hershiser, que se encargó él solo de detener a las dos estrellas de Oakland, Canseco y McGwire, para consagrarse como el MVP de la serie.

EL IMPACTO D ELOS GIANTS

En 1954, Cleveland se reveló como un equipo francamente imparable: ganó 111 juegos en la temporada regular y venció a los Yankees en la Liga Americana, cortando una racha de los de New York, que habían ganado los últimos cinco títulos mundiales. Pero en la Serie Mundial, se encontraron con los Giants y fueron literalmente borrados del campo, con brillantes actuaciones de Vic Wertz y Dusty Rhodes. Cada vez que Cleveland parecía levantar la cabeza, una vez más los de New York los ponían en su lugar. Fue una de las actuaciones más contundentes de la historia.

LA VUELTA DE LOS YANKEES

Para los Yankees del gran Babe Ruth, cuatro años sin presencias en la Serie Mundial eran una eternidad. Por eso, en 1932, cuando enfrentaron a los Chicago Cubs, se jugaban su honor. Y lo hicieron con una actuación inolvidable, con la que impusieron una marca de 12 juegos ganados consecutivamente en Series Mundiales, sumando las barridas de 1927, 1928 y 1932, un récord que sólo igualaron los Yankees en la década del noventa. En los cuatro partidos, los Yankees anotaron 37 carreras (a más de nueve por partido), pegaron 45 hits (11 y fracción por encuentro), ocho de ellos jonrones y seis dobles.

CINCINNATI, INOLVIDABLE

En 1975, tras 35 años sin codearse con la gloria, Cincinnati volvía a la Serie Mundial contra Boston, otro equipo condenado a las largas esperas (la ciudad no festeja un título desde 1918). Los dos equipos llegaban liquidando a sus rivales y el choque estuvo a la altura de lo que se esperaba. Se jugaba mucho más que una final, porque daba la sensación de que el que ganara podía imponer una hegemonía en la década. Y quedó para Cincinnati, que repitió al año siguiente.

EL FINAL DE LA LARGA ESPERA

Todos ganaban. Todos tenían su momento. Y los Yankees seguían esperando… Fueron quince temporadas de sequía, una enormidad para los de New York, quienes ya en 1976 habían llegado a la Serie Mundial para ser barridos por Cincinnati. Por eso, no podían fallar una vez más. Y menos contra sus archirrivales, los Dodgers. Así fue, por cierto. Los Yankees, dirigidos por Billy Martin y con el aporte de Reggie Jackson y Jim Hunter, se quedaron con uno de los títulos más festejados de la historia.

LA DECEPCION DE BOSTON

Boston carga con su frustración desde 1918, pero nunca ha sufrido tanto como en 1986, el año en el que visitó por última vez la Serie Mundial. En esa temporada contaba con Roger Clemens, el mejor pitcher de la Liga Americana y era favorito ante los Mets, a pesar de que éstos tenían en sus filas a Dwight Gooden, ganador del Cy Young en 1985. Nadie podía imaginar una nueva frustración para los de Boston. Pero así fue. Una derrota dolorosa e inolvidable.

LA BRILLANTEZ DE TORONTO

Toronto ya había ganado la Serie Mundial de 1992, pero en lugar de conformarse, sumó nuevos talentos para armar un equipo irresistible, que en 1993 enfrentó a Filadelfia. Y después de una serie muy pareja, Joe Carter les dio a los Azulejos su segundo título con un jonrón de tres carreras en la parte baja de la novena entrada y se convirtió así en el primer hombre en 90 ediciones del Clásico de Otoño en lograr el título de esa forma. Fue probablemente, la serie mejor jugada de la historia. Un espectáculo en el que merecían ganar los dos.

APARECE MANTLE

En 1952, los Yankees se habían quedado sin Joe DiMaggio pero querían mantener su racha que ya sumaba tres títulos consecutivos. Y fue justamente el reemplazante de DiMaggio, Mickey Mantle, de sólo 20 años y en su segunda temporada en las Grandes Ligas, el que tuvo una actuación decisiva. De la mano de su talento, los Yankees pudieron quebrar la resistencia de Brooklyn en el séptimo juego. Nacía una verdadera estrella de todos los tiempos.

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