Miguel Ernesto Vijil Ycaza*
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Los santos que no quiero imitar
Miguel Ernesto Vijil Ycaza*
Como fiel cristiano creo en la vida eterna y en el Cielo. Creo que todos los seres humanos que hayan pasado el examen de que habla Jesús en el Capítulo 25 del Evangelio de San Mateo están ahí. Ésos son los santos.
La declaración de la santidad de una persona que hace el Papa, no es lo que la hace santa, es tan sólo un reconocimiento público de que su vida es un ejemplo que debe ser imitado por los que todavía estamos vivos. Se trata de proponer a los cristianos arquetipos que puedan contribuir a formar sus propios valores.
En ese sentido es preciso tener en cuenta que la mayoría de los santos, esas buenas personas que están en el Cielo, no son buenos arquetipos, ya sea porque no nos podemos identificar con ellos, o porque sus virtudes particulares, por alguna razón, son inimitables. Pero no son buenos arquetipos porque la mayoría de las veces tenían convicciones científicas o políticas que ahora son consideradas equivocadas por mucha gente, o por un número importante de gente.
Dios, por supuesto, no se equivoca cuando separa a las ovejas de los cabritos, además, en su infinita Misericordia, también abre la puerta del Cielo a muchos cabritos. Para decirnos esto, Jesús nos contó la parábola del Hijo Pródigo.
Pero la Iglesia sí se equivoca cuando escoge a quienes va a proponer como modelos. No es de extrañar puesto que es una institución integrada por hombres, y por hombres que tienen también sus propias ideas políticas y por ello, aunque sea inconscientemente, tienden a ver lo bueno sólo en los de su partido. Salgo al paso de cualquier crítica para afirmar que ni los más firmes creyentes en la autoridad papal sostienen que las declaraciones de santidad tengan la calidad de infalibles.
Digo esto porque estamos viendo una abrumadora ola de canonizaciones y beatificaciones de personas políticamente vinculadas con la derecha. Y con la derecha más reaccionaria.
El último emperador de Austria-Hungría, el hoy Beato Carlos, murió creyendo que era la voluntad de Dios que él fuera emperador, y por eso no abdicó nunca, aunque las naciones que su familia subyugó, a veces con crueldad, todas sin excepción, lo hubieran rechazado.
¿Qué clase de modelo político puede ser para mí el Beato Carlos? ¿O los millares de víctimas inocentes de ideología de derecha, asesinados por fanáticos de izquierda en la Revolución mexicana y en la Guerra Civil española? Ellos fueron víctimas inocentes y buenas personas, pero yo no estoy de acuerdo con las ideas políticas que probablemente ellos sostenían.
¿Es que acaso en esos cruentos conflictos que partieron por la mitad a naciones enteras no se puede encontrar en la otra mitad, en los que tenían ideas de izquierda, a alguien digno de los altares?
¿Y en los conflictos recientes? ¿Argentina, Chile, Centroamérica? ¿Cuándo llegará a los altares Monseñor Oscar Arnulfo Romero?
* El autor es profesor universitario