Roberto José Morales
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Al año del Perú en el Mercosur
Roberto José Morales
El Perú se incorpora, oficialmente, como Estado Asociado del Mercosur, en diciembre del 2003, mediante la Resolución del Consejo del Mercado Común del Mercado Común de Sur, Nº 39/03, convirtiéndose en el segundo país de la Comunidad Andina y el tercer país sudamericano en asociarse a este bloque. Su participación sirve de estímulo a los socios de la Comunidad Andina, (Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela), a vincularse con el bloque.
La asociación del Perú al Mercosur, permite el ingreso a un mercado que alberga una población de 236 millones de habitantes, con un PBI global de casi 700 mil millones de dólares, que le sitúa entre los mayores bloques económicos del mundo, luego del Nafta, la Unión Europea y Japón.
El acuerdo permitiría formar un área de libre comercio a través de un programa de liberación comercial que se aplicaría a los productos, mediante la expansión y diversificación del intercambio comercial, las desgravaciones automáticas y progresivas, la eliminación de restricciones arancelarias y las no arancelarias, etc. Asimismo, implementar la iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), acordada en la primera Cumbre Sudamericana en Brasilia como una estrategia complementaria para la consolidación de la integración.
A escasos tres meses para cumplir un año del ingreso del Perú al Mercosur, poco o casi nada se ha podido avanzar.
Las negociaciones con el Uruguay se encuentran estancadas, desde hace un año, luego de negociadas las listas con Argentina, Brasil, y Paraguay; cuando el Ministerio de Comercio del Perú decidió suspenderlas. Esta decisión coincide con la opinión de la Convención Nacional Agraria que había advertido que estas negociaciones, en cierta medida, tendrían un impacto negativo en el agro peruano, por lo que exigían mayor responsabilidad y la revisión de los puntos sensibles del acuerdo.
La postura uruguaya es de rechazo ante la supuesta imposición de la denominada “salvaguardia agrícola, fundamentada en una excesiva protección que pretenden imponer ante terceros países, pero la realidad es otra, su postura es intransigente producto de la mentalidad retrógrada de país pequeño, los complejos que poseen con respecto a Europa y por el mal desenvolvimiento de su Gobierno, situación que hace necesaria la creación de cortinas de humo para presentar algún resultado, exacerbando la sensibilidad nacionalista para crear una imagen que no lograron obtener. Inclusive, algunos medios de prensa brasileña presentaron la postura uruguaya como obstaculizadora para la suscripción del acuerdo.
El problema radica en la lista de 40 productos, posteriormente reducida a 10, sobre los cuales se aplicaría un plazo de 13 años para desgravarlos paulatinamente, para que los productos peruanos puedan adaptarse y competir en igualdad de condiciones con los uruguayos. Sin embargo, la solicitud que no fue aceptada por los charrúas, quienes exigen la inmediata liberación de todos los productos listados, a pesar que el Perú liberó prácticamente el 70 por ciento de las partidas incluidas en la lista, por tanto Uruguay se muestra intransigente ante el ingreso de productos peruanos a su país.
Lamentablemente hubieron errores de la parte peruana, desde una perspectiva política: a) Anuncio triunfalista anticipado, antes de haber negociado con un país de gente tan difícil, cerrada, fría y calculadora; y b) haber prometido concesiones sin haber analizado técnicamente los productos que se incluirían como productos sensibles. Este groso error no hubiera tenido cabida si hubiera existido unidad en el equipo dentro del proceso negociador. A lo anterior, algunos especialistas le sumamos la ausencia absoluta de estrategia de negociación y, otros especialistas argumentan que se debió negociar en bloque como parte de la Comunidad Andina.
Como fuere, el error ya se cometió y, se debe seguir adelante en este proceso, evitando a toda costa reincidir en la falta de unidad del equipo negociador. El Perú debe tomar una decisión definitiva y retomar las negociaciones o retirarse del bloque sureño del que ya forma parte. Esta decisión política, pese a los errores cometidos y el posible daño emergente, desestimo sea posible, por tanto se deben resolver las divergencias con el Uruguay, a la mayor brevedad posible, ya que existen temas que comparten igual envergadura como los asuntos sociales y migratorios que exigen igual o mayor atención en el proceso de integración del bloque sudamericano por parte de los países miembros y asociados del bloque.
El autor es Jurista en Derecho Internacional.