- Expertos creen que hoy habría más daños que en 1972
Wilder Pérez R.
Si hoy ocurriera un terremoto en Managua, aunque quedaran en pie sus principales edificios, los daños serían más serios que los ocurridos hace 32 años.
El agua, la energía eléctrica, las iglesias y los viejos edificios colapsarían, mientras los incendios aparecerían al ritmo de las alarmas y sirenas.
El pánico provocaría avalanchas mortales. El personal de las edificaciones modernas sabría actuar, pero difícilmente controlaría a los visitantes.
Las entradas a los hospitales estarían bloqueadas y las víctimas se contarían por decenas de miles.
Suena apocalíptico, pero esto es lo que los expertos auguran. En palabras del jefe de Defensa Civil de Managua, teniente coronel Samuel Pérez, si el sismo de 6.3 Richter del sábado pasado se hubiera originado en tierra “habría sido devastador, no podríamos calcularlo, pero eso no se puede negar”.
Clemente Balmaceda, director de Normas de Construcción de Desarrollo Urbano del Ministerio de Transporte e Infraestructura, asegura que el mayor peligro está en los elementos no estructurales de los nuevos edificios, además de ciertos barrios y viejas estructuras como iglesias y las que no botó el terremoto de 1972, entre ellos el Estadio Nacional.
“Aunque el edificio (nuevo) no llegue a colapsar, probablemente puedan producirse daños, debido a esos elementos que no forman parte de la estructura, como el cielo raso, las estanterías, las puertas o paredes de vidrio”, comenta Balmaceda.
Respecto a los viejos edificios, el especialista aclaró que ninguno ha sido supervisado desde el último terremoto de Managua (1972) y muchos de ellos, transformados en iglesias, podrían no tener el acondicionamiento adecuado.
Otro problema que señala Balmaceda, son las casas edificadas sin normas de ingeniería o materiales de calidad. Respecto a las viviendas, Pérez señaló el peligro de los barrios más antiguos, como los del este y oeste de la capital, que no fueron afectados por el sismo de hace 32 años.
El comandante Salvador Gallo, de la Dirección General de Bomberos, asegura que un elemento clave sería el pánico, sobre lo que no hay control, sobre todo si hay exceso de personas en un local.
“A eso se une el no saber qué hacer en esos momentos, porque no sólo se trata de lugares concurridos, sino también de las empresas; en algunas existen todos los elementos de seguridad, pero los trabajadores no saben usar un extinguidor”, advierte Gallo.
Para los expertos, lo mejor es seguir las recomendaciones, como organizar planes de evacuación en los hogares, mantener la calma, teléfonos de emergencia, lámparas, almacenar agua y alimentos de reserva, hablar con los niños, quitar obstáculos del camino, mantener copias de llaves en lugares visibles, alejarse de objetos que puedan desprenderse, y no salir corriendo.
Al final, todos los señalamientos acentúan un punto en común: el Mercado Oriental, que por su desorden y afluencia diaria de 800 mil personas sería el principal escenario de un desastre que siempre llega de sorpresa y es inevitable.