Realidad y elecciones

Bayardo Quinto Núñez

La realidad nicaragüense necesita más gobierno y reflexiones políticas convincentes acerca de nuestra vida nacional y no de intereses personalistas. Se necesita resolver la problemática de los más desposeídos sin hacer uso de demagogias. Y que la redefinición de la política pase a ser una virtuosa categoría democrática de futuro nacional.

La esperanza de Nicaragua era que el actual gobierno fuese de reconstrucción de la nación y del Estado que heredó. El sentimiento más fuerte es hacer mover las fibras íntimas del Gobierno, para encontrar el cauce adecuado y activar la beligerancia en el desarrollo de la presencia del bienestar común y de una nueva política nacional para todos. De esa manera la dialéctica de nuestro escenario político se transformaría en algo más pragmático.

Hablar de futuro político ha sido una práctica histórica y se le ha rendido culto. Sin embargo, la razón vital es el futuro optimista que mantiene la población que algún día saldremos adelante, siendo la mejor conquista de la historia la verdad sin disfraz y conquistar la equidad social, política, económica para el bienestar de la nación.

No es saludable que los nicaragüenses sigamos velando nuestro futuro y mendigar el bien común. Es por ello que no debería de fracasar el entendimiento nacional, entre los políticos de turno, el pueblo y el Gobierno. Deberían fomentar sin manoseos politiqueros ese futuro, respetar el control constitucional en estricto cumplimiento a la coercitividad de las normativas legales vigentes, para ir logrando ese equilibrio de poderes que tanto anhelamos.

Que cese el choque entre los poderes del Estado pues no conlleva a nada sano. Ello ha permitido que mientras no haya comprensión la inversión social, política, económica y de todo tipo que se ha hecho para instalar un Estado de nuevo tipo del siglo XXI cuelga en un vacío.

Hay que darle cabida a los compromisos adquiridos que los hizo llegar al poder. Y no pretendamos involucrar valores que no están previstos, porque es ahí donde desgraciadamente emerge el conflicto. Que la política no continúe consumida sólo por los hombres al servicio del poder público, hay que cambiar su naturaleza otorgándole participación en la vida política a los ciudadanos para que colaboren en la construcción del nuevo Estado.

Una excelente solución sería elevar esos valores que hemos perdido desde hace muchos años y observar, resolver con conciencia ciudadana el empobrecimiento al cual se ha sometido a Nicaragua para reivindicarse ante las necesidades prioritarias de nuestra sociedad. La sensatez debe jugar un factor preponderante.

El pueblo espera que le den respuesta a su problemática, en el entendido que no pretende le regalen nada, ni que le tengan lástima, quiere trabajo y un salario digno.

De lo contrario la inmensidad de problemas que tenemos en la actualidad presuntamente tendrán temporalmente una solución, y la crisis será recurrente y hasta podría empeorar.

El autor es abogado y notario

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