La herencia hispana

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La herencia hispana




Hasta hace poco tiempo, la fecha del 12 de octubre en la que se conmemora la primera llegada de los españoles al continente americano, en 1492, se celebraba oficialmente sólo como un reconocimiento a España por haber cristianizado y culturizado a los pueblos aborígenes de América. De hecho así ocurría en todos los países hispanoamericanos. Sin embargo, los historiadores nicaragüenses nunca dejaron de exaltar los valores de la cultura aborigen y la gesta de los jefes indígenas que resistieron la conquista y defendieron heroicamente sus territorios y pueblos, o que vencieron en sabiduría a los conquistadores españoles, como fue el caso del epónimo cacique Nicaragua.

Pero en los últimos años, al calor de la explosión de derechos humanos que sacude al mundo entero, se ha desarrollado una amplia y en ocasiones hasta radical movilización reivindicativa de las poblaciones indígenas que pudieron sobrevivir al exterminio de la conquista y colonización española pero -justo y necesario es reconocerlo-, fueron sometidas a humillantes condiciones de marginación social y discriminación étnica.

Los poderosos movimientos indígenas donde estos tienen una fuerte presencia nacional, como Bolivia, Perú, Ecuador, México y Guatemala, inclusive han derrocado o contribuido a derrocar gobiernos o a sostener porfiadas luchas guerrilleras; pero también donde las poblaciones indígenas son minoritarias, como es el caso de Nicaragua, la fuerza de sus demandas ha crecido notablemente y por lo menos de manera formal sus derechos han sido reconocidos inclusive de manera constitucional, sin perjuicio de que las normas jurídicas todavía no se convierten en realidad, situación que afecta no sólo a las minorías indígenas sino también a todos los nicaragüenses.

Temas muy sentidos y comunes de las poblaciones y minorías indígenas, independientemente de países y nacionalidades, son, por ejemplo, los que se refieren al acceso a la propiedad de la tierra ancestral y la explotación de los recursos naturales de sus demarcaciones territoriales; la autodeterminación o autonomía política y administrativa, y la participación efectiva en los órganos de representación y poder público. Sin embargo, la exaltación de la dignidad de los indígenas y el reconocimiento a sus derechos no implica que se deba negar el aporte hispánico a la cultura nacional, ante todo del idioma español que los pueblos americanos no sólo asimilaron sino que lo enriquecieron y universalizaron.

En efecto, se conoce que de las más o menos 83 mil palabras que contiene el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, unas 15 mil son americanismos, o sea vocablos de los idiomas que hablaban los aborígenes americanos y que ahora no sólo forman parte del habla común española, sino que tienen rango académico.

Pero, además, esos 15 mil americanismos representan apenas una parte minoritaria de las más de cien mil palabras originarias de América que aparecen en un nuevo diccionario que fue elaborado y auspiciado por las 22 academias de la lengua de los países hispano-hablantes euroamericanos, al que se refiere el académico nicaragüense Francisco Arellano Oviedo en su artículo que publicamos hoy en estas mismas páginas de Opinión de LA PRENSA.

Al respecto cabe señalar que Nicaragua es uno de los países de la América de habla hispana que más y mejores aportes ha hecho al idioma español desde una perspectiva cultural propiamente indo-americana. Al nicaragüense Rubén Darío se le conoce como el Príncipe de las Letras Castellanas porque enriqueció y modernizó el idioma español como sólo Cervantes pudo haberlo hecho antes. Y los académicos nicaragüenses de la lengua son incansables investigadores de nuestro idioma, desarrollándolo constantemente, motivo por el cual gozan de reconocido y merecido prestigio en todos los países de habla hispana, incluyendo España misma, de lo cual todos los nicaragüenses han de sentirse orgullosos.

Por eso es deplorable que algunos o muchos nicaragüenses todavía hablen mal el idioma de Cervantes y Darío, inclusive en los medios de comunicación social en los que el lenguaje es un instrumento de trabajo y debería cultivarse con esmero. La lengua española es el tesoro más valioso de la herencia hispánica en América y debe ser aprovechada y cultivada como el valioso medio de desarrollo cultural que es en realidad.

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