Centenares de familias nicaragüenses que lo perdieron todo, todavía están indecisas de regresar a la isla del Gran Caimán.

Nicas de Gran Caymán se guarecen en EE.UU.

Varias familias nicaragüenses originarias de Bluefields gozan de nacionalidad legal en las islas Gran Caimán, gracias a que los padres y abuelos de muchos blufileños son originarios de estas paradisíacas tierras donde reconocen el derecho a la ciudadanía hasta la segunda generación de emigrados. Sin embargo, luego que el huracán “Iván” devastó a la isla, […]

  • Varias familias nicaragüenses originarias de Bluefields gozan de nacionalidad legal en las islas Gran Caimán, gracias a que los padres y abuelos de muchos blufileños son originarios de estas paradisíacas tierras donde reconocen el derecho a la ciudadanía hasta la segunda generación de emigrados. Sin embargo, luego que el huracán “Iván” devastó a la isla, un inolvidable fin de semana del mes de septiembre, muchos nicas no saben si van a regresar

Deborah Robb Taylorespecial para LA PRENSA

Violet Kelly era vecina del barrio Pointeen de Bluefields, en el Atlántico Sur de Nicaragua.

Se mudó con su familia a las Islas Caimán, al Sur de Cuba, después que el huracán “Juana” les destruyó su casa en Bluefields, en octubre de 1988.

Los Kelly se adaptaron y prosperaron en las islas británicas aprovechando, como otra centena de familias nicas-caimanianas, la doble nacionalidad. Es que los padres y abuelos de muchos blufileños son originarios de la isla y allá se reconoce el derecho a la ciudadanía hasta la segunda generación de emigrados.

Así privilegiada, Violet rápido encontró trabajo como profesora en una escuela pública y su marido Tim siguió haciendo lo que hacía en Bluefields: reparar equipos electrónicos.

Pero en Gran Caimán los salarios son tan buenos que los cinco hijos que se fueron como niños de Bluefields ya se graduaron toditos en universidades de Estados Unidos.

Ya la casa que los Kelly se compraron en Bodden Town, nada especial para la isla, goza de cualidades que para la mayoría en Bluefields están fuera de las posibilidades (como el aire acondicionado y el agua caliente central) y hasta fuera de la imaginación (como una maquinita embutida en el desagüe de la pila de la cocina que te permite triturar los restos de comida que después van a una cisterna especial para reciclaje).

Después de enfrentar el ojo del huracán “Iván” el último sábado 11 de septiembre de ese año, quedó sólo un cuarto intacto. Violet Kelly contó sus bendiciones: “Sobrevivimos con cobertores y ropa seca para compartir con los que ni eso les sobró”. Pero fue un trauma tremendo.

CRONOLOGÍA DEL ESPANTO

Hasta el viernes 10 de septiembre los caimanianos todavía estaban con la esperanza de que “Iván” se desviaría hacia el noroeste, el ojo golpeando Little Cayman y Cayman Brac. Las devastaría, seguro, pero la minúscula población se podía evacuar y no había mucha infraestructura que destruir en estas islitas.

Pero “Iván” acertó a la isla mayor, el Gran Caimán, con vientos de hasta 300 km por hora y la devastó.

Cuando las lluvias y los vientos comenzaron a arreciar en la mañanita del sábado 11, buena parte de la población se había metido en los refugios designados. Una buena cantidad de moradores, y la mayor parte de los turistas abandonó la isla el viernes.

La gente fue precavida al buscar los refugios, pero muchos apenas llegaron con lo que llevaban encima.

Mucha gente, como los Kelly, se quedó en la casa. La precaución de la familia fue garantizar su reserva de comida, agua y baterías para los focos, así como empacar papeles y sábanas en bolsas de plástico, reforzar las ventanas con láminas de plywood y sacar el tanque de gas de 100 libras al patio.

LLUVIA DE ACERO

La energía eléctrica se fue como a las once de la noche del sábado y a la una de la mañana del domingo voló todo el techo de la casa, excepto sobre un cuarto de dormitorio. Cuando percibieron que el cuarto resistía, se aligeraron a meter allí dentro el paquete de ropa seca y sacar un colchón de la casa para usar como paraguas. Fue tortura el sofoque bajo el peso del colchón empapado, pero mejor que una lluvia vertical que picaba como clavo de acero.

A las 3 de la mañana se escuchó la explosión del tanque de gas que sacaron al patio. Le cayó encima un árbol y ¡bagén, bam, bum! Como que si a esa madrugada de domingo le hiciesen falta más ruidos terroríficos.

Pero los Kelly se ahorraron la marejada de olas de cinco metros que se levantaron de West Bay y North Sound para chocar en East End. Allí la familia de Elsie McLain, originaria de la Laguna de Perlas, tiene una mansión sobre una colina, pero igual quedó atrapada en el segundo piso con muchos de sus vecinos, hasta que como a eso de las 10 de la mañana del domingo las aguas turbias comenzaron a bajar tan rápidamente como subieron.

MUERTOS SALIERON DE LOS CEMENTERIOS

Llovió y continuó el viento todo el domingo y no fue sino hasta el lunes en la mañanita que la gente comenzó a aventurarse a salir a la calle. A rigor, dice Violet Kelly, no había calle, “eran ríos de cuerpos flotantes”.

En el balance final, apenas dos personas murieron durante el huracán, pero desenterró cadáveres de todos los cementerios.

Al lunes en la tarde la gente que tenía celulares comenzó a mandar mensajes de texto al exterior: 80 por ciento de las edificaciones de la isla fueron destruidas o severamente dañadas y hasta donde se alcanzaba la vista, no había un solo árbol en pie.

Otras familias costeñas de Nicaragua como la de Annabel Kelly, cuñada de Violet, los Brown, Ebank, Henríquez, Frederick, Miller, Robb, Taylor, Thomas, Whittaker, entre otros, perdieron si no la casa, todas las pertenencias incluyendo vehículos y lanchas. Y no todos tenían el seguro contra desastres al día.

La lluvia paró el martes de mañana y los primeros en aterrizar en la isla fueron 80 marineros británicos que llegaron para ayudar con el patrullaje policial. La mayoría de la gente buscaba recuperar pertenencias, pero también hubo noticia de bandos de hombres con machetes buscando cómo asaltar.

Ya para la tarde del martes, el aeropuerto internacional Owen Roberts era un vaivén de avionetas privadas. Había comenzado la evacuación de residentes. Los Kelly se fueron al Estado de Tejas, EE.UU., a recuperarse en casa de familiares. “No sé si vamos a regresar”, admite Violet.

OCULTANDO LA TRAGEDIA

Los caimanianos calculan que tomará de 6 a 8 meses restaurar la infraestructura de la isla. El gobierno subsidió pasajes aéreos para que todos los niños pudieran irse a Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá para no perder el año escolar.

Pero se regó el rumor de que las autoridades isleñas estaban ocultando información sobre el impacto humano del desastre, para no perjudicar la imagen paradisíaca de las islas y sobre todo, para no alterar los volátiles nervios financieros.

nicas solidarios

Entretanto fuera del foco de los medios que reportaron ampliamente sobre el impacto de esta temporada de huracanes en lugares como Grenada, Haití, Florida y Georgia, los damnificados en Gran Caimán tuvieron que apelar directamente a los suyos, inclusive por mano de obra.

El contingente de empleadas domésticas importadas desde las Filipinas por las grandes cadenas de hotel, por ejemplo, apeló a su Gobierno que movilizó hacia la isla un contingente de 800 trabajadores para asistir en la reconstrucción.

En Estados Unidos, la comunidad costeña nicaragüense también se ha movilizado para prestar asistencia, albergando a los hijos de familiares y recaudando fondos para remesas de comida, agua, combustible, materiales de construcción y generadores eléctricos.

Un mes después, la mayoría de las casas siguen sin electricidad y se abastecen de agua potable con camiones pipa.

Darlene Whittaker resume el estado de ánimo: “Dios da y toma. Son tragedias como éstas las que nos hacen reflexionar sobre la fortaleza de las únicas cosas que construimos por cuenta propia: la familia, la amistad y la comunidad”.

BUSINESS INCONMOVIBLES

En Gran Caimán da la impresión que existen más empresas que gente y contrastan las secuelas humanas de huracán “Iván” con lo poco que afectó su industria financiera que genera un producto interno bruto de 1.3 billones de dólares.

La población es de apenas 43 mil habitantes. Ya esta isla de 22 millas de largo y 8 de ancho es sede de casi 400 bancos, 5 mil fondos y decenas de miles de compañías.

Los bancos, la mayoría de los cuales son subsidiarios de grandes grupos internacionales, guardan más de un trillón de dólares en sus cuentas sin tener allí presencia física.

Son firmas que funcionan como parte de sistemas complejos que le permiten a las empresas y a individuos acaudalados administrar sus finanzas libre de impuestos.

Esto por años le ha merecido la mala reputación a la islas Caimán de ser refugio de plata ilícita, aunque según reguladores internacionales, como la Fuerza de Tarea de Acciones Financieras, las autoridades monetarias de la isla han resuelto esta problemática substancialmente.

Lo cierto es que en esta era de la información virtual, la mayoría de las empresas caimanianas almacenan backups (respaldos) de datos sensibles en otros locales, lo que permitió, con el colapso de las comunicaciones en la isla, referir a sus clientes a oficinas de contacto en Londres, las Bahamas, Estados Unidos u otros.

Para ellos, como se dice fue “business as usual”. Entretanto, una semana después del huracán, la mayor parte de la isla continuaba sin energía eléctrica, dos tercios de la población estaba sin techo y gente como Brenda Cole se lamentaba: “Estamos viviendo a base de cocos”.

Se restituyeron los vuelos comerciales desde el 17 de septiembre, y la prensa internacional no fue bienvenida.

Gavin Hewitt, reportero de la BBC de Londres fue clandestino a la isla y le preguntó al respecto al gobernador Bruce Dinwiddy. Éste negó que hayan tratado de encubrir el desastre.

“No teníamos como decirle al mundo lo precario de la situación”, admitió Dinwiddy.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí