Fulvio Tijerino Pérez
Idolos de barro es el nombre figurativo que se le atribuye a personas que son aclamadas por el pueblo, debido a que han logrado sobresalir o adquirir fama por acciones de alguna relevancia.
El atributo “barro” es un término despectivo, ya que el barro, comparado con el yeso, el mármol o la porcelana, es de menor calidad y valor. También porque el barro es mas dúctil y maleable que los otros materiales. Este mismo atributo aplicado a las personas en términos figurativos o comparativos, se aplica a aquellas personas que son proclamadas por el pueblo como sus ídolos pero que verdaderamente no tienen las cualidades humanas y morales para ser proclamados como tales.
Esto acontece en Nicaragua, con mucha frecuencia en el campo político y deportivo, debido quizá a la pobreza de valores humanos que persiste en nuestro medio ambiente, producto de la corrupción institucionalizada donde la justicia ya no es ciega sino que es miope; donde a la bondad se le llama tontera; donde la honradez es un defecto no una cualidad; donde las personas son idolatradas y llegan a ser elegidas en cargos públicos sin importar sus cualidades humanas y morales.
Estos ídolos de barro son prototipos de personajes “bizarros” que la población elige por su osadía en el enfrentamiento de la lucha por la supervivencia, no importándoles si es por medios lícitos (el ladrón es malo no porque roba sino porque se deja atrapar o no supo robar). Ése es el razonamiento de las personas que vitorean a quienes lograron burlar las leyes o evadieron la justicia, siendo culpables.
Se proclaman candidaturas de personas que han cometido actos deshonestos, reñidos con la moral y las leyes; se proclama la libertad de un boxeador para que nos divierta en un acto deportivo sin importarnos que esté siendo acusado por violación. Los medios de comunicación contribuyen a exacerbar los ánimos de la población y estimular su ego, justificando que está representando a los nicaragüenses. Los valores y principios humanos y morales son relegados a segundo término, no importa que éste sea un ídolo de barro.
Sinceramente digo que estamos ante una crisis de valores que debe preocuparnos a todos los nicaragüenses, sin excepción, pues está en grave riesgo la tranquilidad y el progreso de la juventud actual y futura. Estamos fomentando y promoviendo el culto a los ídolos de barro que son un mal ejemplo y no contribuyen al fortalecimiento de los grupos sociales que garantizarán el desarrollo sostenible de nuestra Nicaragua.
¡Sólo el pueblo salva al pueblo!
El autor es maestro jubilado