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Por la defensa de la democracia
El Ministro de Relaciones Exteriores por la ley, Sergio Mario Blandón, anunció que el Gobierno de Nicaragua podría invocar la Carta Democrática Interamericana para hacerle frente a la conjura de Arnoldo Alemán y Daniel Ortega para derrocar “legalmente” al Presidente de la República. Eso significa que el Gobierno tiene la información o una fuerte presunción de que la resolución de los contralores sandinistas y liberales, en la que piden la destitución del Presidente de la República, no es una simple bravuconada a las que ya nos tienen acostumbrados Ortega, Alemán y sus epígonos partidistas.
La Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA) fue adoptada en el año 2001 para proteger la democracia en cualquiera de los países miembros que sufra amenazas, como la que están planteando en Nicaragua Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, a la cabeza de sus respectivos partidos el PLC y el FSLN. Como se sabe, en los últimos años la doctrina de la democracia ha evolucionado notablemente. Ahora ésta sólo se entiende como la realización de elecciones libres, competitivas y frecuentes para elegir a las autoridades gubernamentales. Este nuevo concepto comprende también el desarrollo económico, la protección del ambiente y la búsqueda de la justicia social. E igualmente forman parte de la democracia los mecanismos para su propia protección y defensa, ante las conspiraciones y los ataques de los caciques tradicionales y de los nuevos aventureros autoritarios y corruptos, como son en Nicaragua Arnoldo Alemán y Daniel Ortega.
Por eso, precisamente, fue que la Asamblea General de la OEA aprobó en el año 2001 la Carta Democrática Interamericana, cuyo Capítulo IV (Fortalecimiento y preservación de la institucionalidad democrática), compromete a todos los gobiernos de las Américas a acudir en defensa de cualquiera de sus miembros donde la democracia estuviera siendo gravemente amenazada. Es decir, que dicha Carta fue adoptada para poder actuar en situaciones como la que hay ahora en Nicaragua, donde dos caudillos pretenden derrocar “legalmente” a un gobierno que fue constituido de manera legítima y democrática.
En los artículos 17, 18, 19, 20, 21 y 22 de la Carta Democrática Interamericana de la OEA se definen las situaciones de amenazas a la institucionalidad y la gobernabilidad democrática de los países, y los casos en que esa organización hemisférica puede y debe “adoptar las decisiones que estime pertinentes”, cuando en cualquiera de los Estados miembros se produzcan situaciones que afecten el desarrollo del proceso político institucional, o, lo que es lo mismo, “cuando se produzca una alteración del orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático”.
Sin embargo, la comunidad internacional no debería esperar hasta que ya el mal esté hecho y haya que pagar costos mucho más elevados para actuar en defensa del orden democrático de Nicaragua y en contra de la conspiración libero-sandinista. Por ejemplo, considerando que el dinero es lo que más interesa a estos aventureros, la comunidad internacional podría advertir que se suspenderían todos los programas de ayuda que están en curso de ejecución, y que no habría voluntad de aprobar ningún otro programa de cooperación con Nicaragua, en el caso de que Alemán y Ortega derrocaran al presidente Bolaños y mientras durara una situación de ilegitimidad gubernamental en el país.
Por su parte, el Gobierno de la República y personalmente el presidente Enrique Bolaños tienen que apelar al respaldo activo del pueblo nicaragüense, que mayoritariamente se ha declarado opuesto a que los caciques sigan dominando el escenario de la política nacional y dañando a Nicaragua. A su vez, organismos de gran autoridad cívica como el Instituto Nicaragüense de Desarrollo (Inde), el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), la Cámara Nicaragüense-Americana de Comercio (Amchan), los sindicatos democráticos, las ONG independientes, los partidos y alianzas políticas democráticas, en fin todas las fuerzas vivas de la nación, deben movilizarse en defensa de la institucionalidad democrática y la paz.
La población libre de Nicaragua tiene que defender la democracia y debe hacerlo mediante todas las acciones que sean necesarias y posibles.