Marlon José Navarrete Espinosa
El proceso de enseñanza-aprendizaje es un binomio que garantiza la asimilación del conocimiento. A través de éste se ha realizado la transmisión educativa de una persona a otra, de una generación a otra. En esta relación se fortalece la interacción humana y espiritual de los individuos involucrados: maestro y alumno. Ambos enriquecen sus vidas; el primero enseñando lo que sabe y el segundo aprendiendo lo que no sabía, para tener una herramienta de sobrevivencia en la vida y en el mundo. Nada bueno se logra si un maestro esconde su sabiduría.
Actualmente existen muchos factores que ponen en serio peligro la parte del binomio que es el aprendizaje y desafían a la pedagogía tradicional. Estos factores tienen influencias como son los atractivos visuales tales como revistas, la televisión, juegos mecánicos, vídeos, oír música al exceso de las fiestas. Así también tenemos factores internos como los problemas emocionales y psicológicos derivados de relaciones familiares conflictivas, ambiente de violencia en la casa, el barrio, depresiones constantes por sentimiento de soledad y desamparo, enamoramiento, frustración en las metas planeadas y sueños imposibles de alcanzar.
Todos estos factores deterioran sensiblemente la capacidad de concentración de todo alumno, imprescindible para aprender. Éstos a su vez retan la habilidad de la educación moderna para combatirlos y erradicarlos. Por eso deben intervenir con mucha comprensión y paciencia otro binomio educativo determinante como son padres y profesores para lograr reducir los índices de bajo nivel de conocimientos en los estudiantes y no poner en peligro a la larga el desarrollo científico y tecnológico del futuro que le asegura al país su superación colectiva y como la nación autosuficiente, culta y educada.