Lecciones de un boxeador

Carlos Lucas Aráuz*

Roman, Times, serif»>
Lecciones de un boxeador


Carlos Lucas Aráuz*




La ruta de Ricardo Mayorga, en su vida personal y en su carrera profesional como boxeador, está sembrada de importantes enseñanzas, especialmente para los jóvenes nicaragüenses, que deben ser leídas y tomadas en cuenta para aprovecharlas positivamente.

Esas lecciones se refieren a la búsqueda de una meta: ¿Con qué cuentas? ¿Cómo lo usas? ¿Qué tan responsable eres con tus recursos?

Trabajar para desarrollar y obtener los recursos. Ricardo tenía dones y facultades para ser un buen boxeador y empezó bien, buscando los gimnasios aquí en Nicaragua y en Costa Rica. Sus facultades llamaron la atención de un promotor tico quien le tomó a su cargo, le armó peleas y logró concertar su primera pelea de campeonato en la que su talento de fuerte boxeador le llevó al triunfo y de allí a nuevas oportunidades.

Aprovechar las oportunidades. Tuvo así publicidad, promoción, posicionamiento rápido en la mente de los consumidores de boxeo (fama), se convirtió en foco de atención de la comunidad nicaragüense, especialmente de los jóvenes, sedientos de íconos y émulos en los que reflejarse. Grandes intereses del boxeo evaluaron su potencial financiero y el mismo promotor estadounidense, Don King, viajó a Nicaragua a conocer el entorno nacional y familiar que produjo a este nuevo generador de taquilla, con fines de recopilar información para su proyección de mercadeo.

El arte de administrar. Pero todos estos recursos hicieron perder la visión de conjunto de Ricardo Mayorga: incidente tras incidente, algunos hasta judiciales, fueron cambiando su imagen y reflejando en su comportamiento una tendencia a mal gastar sus recursos y oportunidades, una tendencia a negar esas opciones abiertas por sus facultades. Es la euforia del éxito, una especie de borrachera que genera el probar el poder del dinero, la fama, el protagonismo al mismo tiempo y en poco tiempo, la sensación de autosuficiencia, que genera de inmediato un ejército de vividores, oportunistas, aduladores, compinches, en su entorno, atraídos como moscas por el sabor del éxito del otro.

La responsabilidad en el manejo del éxito. Las ausencias del gimnasio, el desvelo, los problemas de comportamiento, la falta de disciplina y auto disciplina para la conservación y mejoramiento de sus facultades, la adulación, le hicieron perder su visión de responsabilidad en el manejo del éxito y le llevaron a una sobrestimación de sus facultades. Con ello, se potenció el menosprecio a la opinión pública, a sus adversarios, al público: “Con el cariño y amor de mi familia y amigos, basta y sobra” dijo sin ninguna delicadeza hacia la opinión pública.

El manejo en la crisis. Aún viendo los efectos desgastantes de su comportamiento en sus propios recursos y facultades, este boxeador no hizo los ajustes necesarios para reinventarse. Al contrario, siguió manejando su misma línea y enfoque aún cuando, por una serie de circunstancias, tuvo el lujo de tener una nueva e importante oportunidad, la pelea con un boxeador consagrado, en este caso, Tito de Trinidad.

Con varios factores en contra, acudió a esta cita, sin rectificar nada de sus concepciones y expresiones y al contrario, tratando de generar expectativas influenciadas por su estado excesivo de sobrestimación. Fumando, ofendiendo, alardeando de sus supuestas facultades frente a un importante rival, menospreciando al contrincante, trataba de compensar su falta de concentración para el encuentro pendiente. El resultado, esta vez fue fatal, porque sus facultades fueron severamente golpeadas (sus efectos se mirarán en el tiempo), se desvaloró en el mercado del boxeo, tiene que enfrentar en estas condiciones sus responsabilidades pendientes de dilucidar en los hechos en los que se ha visto envuelto. Casi ha vuelto al punto de partida, si es que quiere seguir todavía en su misma actividad, el boxeo.

Pensemos por un momento en nosotros, en nuestro entorno nicaragüense y tratemos de ver cuánto de este Ricardo Mayorga llevamos en nosotros mismos y cuántos Ricardo Mayorga tenemos a nuestro alrededor, con este perfil: borrachera de poder en el éxito, irresponsabilidad en el manejo del poder, atropellamiento a los demás, autosuficiencia, desperdicio de facultades, yoquepierdismo, incapacidad de rectificar, monotonía en el comportamiento y la visión, incapacidad de reinventarse, lo que conduce a un camino fatal, que es alejarnos del éxito, ese estado de tanta euforia, pero de tanta responsabilidad.

Y es una responsabilidad con uno mismo y con los demás. Al fin y al cabo, tal vez los nicaragüense debamos agradecer a este boxeador, a Ricardo Mayorga, tantas lecciones brindadas dentro y fuera del ring.

* El autor es profesor universitario

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí