Agustín Jarquín Anaya*
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Un diálogo necesario y oportuno
Agustín Jarquín Anaya*
Se ha impuesto la sensatez y, gracias al empeño del Alcalde de Managua, Herty Lewites, se realizará por fin el polemizado diálogo entre el presidente Bolaños y el ex presidente Daniel Ortega. La presencia del cardenal Obando —por su experiencia y compromiso con el país— fortalecen las expectativas de arribar a buenos acuerdos.
Seguramente, al iniciarse las pláticas, la suspicacia y desconfianza entre ambos líderes todavía persistirá; pero si en ellos hay buen ánimo y son verdaderos los deseos de ambos —como parece ser— para que se mejore la calidad de vida de los nicaragüenses, tales suspicacias y desconfianza serán un incentivo para convenir acuerdos que nos hagan avanzar con más optimismo y esperanza en el difícil camino de derrotar la pobreza, fortalecer la democracia y crear un Estado de bienestar para el beneficio de todos los conciudadanos, sin excepción.
Al respecto existe una reciente experiencia positiva: ambos personajes dieron su pleno respaldo a los acuerdos parlamentarios que permitieron un productivo trabajo en la Asamblea Nacional durante la Legislatura del 2003, el presidente Bolaños convino la propuesta para el Programa de Lucha Contra la Pobreza que constituye la actual agenda gubernamental, y el ex presidente Ortega lideró los acuerdos para crear las bases de la nueva institucionalidad democrática (Esquipulas II) y también las iniciativas para la institucionalización, profesionalización y despartidización del Ejército y de la Policía.
Sin duda, el actual diálogo Bolaños-Ortega es oportuno. Aunque no hay que esperar que resulte en la solución de todos nuestros problemas, por lo que representan ambos líderes, el momento es apropiado para crear un ambiente de más estabilidad, disminuir la percepción del “riesgo país” y que juntos definan prioridades para el mejor aprovechamiento de la millonaria “sobre recaudación” del PGR-2004, —que al final del año será un poco más de mil cien millones de córdobas—, para comenzar a abonar a la deuda del Estado con el INSS, incrementar la inversión productiva, y mejorar los programas sociales y de seguridad que tanto urgen los nicaragüenses.
Este diálogo también puede contribuir a crear un buen ambiente para el gran diálogo nacional que el presidente Bolaños debiera convocar al concluir las elecciones del 7 de noviembre, con el fin de consensuar el Plan Nacional de Desarrollo, superar la inequidad e injusticia social en la distribución del ingreso y de la inversión pública, y definir las reformas institucionales para mejorar la seguridad jurídica, superar la desconfianza ciudadana en las instituciones públicas y dar efectivo poder al ciudadano para que realmente sea protagonista en la construcción de un futuro de prosperidad.
Saludamos esta iniciativa y con la mayoría de los nicaragüenses que deseamos resultados productivos, pido al Señor ilumine a ambos líderes para que arriben a acuerdos productivos.
* El autor es diputado por el FSLN a la Asamblea Nacional